Hubo un tiempo en que los equipos de Primera del fútbol argentino presentaban equipos plagados de suplentes y juveniles en la Copa Argentina para hacer frente a sus compromisos ante rivales de otras divisiones, allá cuando recién se restauraba el certamen, en el segundo semestre de 2011, entre críticas por el supuesto bajo valor de la competencia. Bueno, casi diez años después, ese ya no es el caso. Este miércoles por la noche, el River de Marcelo Gallardo, aquel que desde hace cuatro años que llega a semifinales de Libertadores como mínimo y que ganó dos de las últimas seis ediciones continentales, puso casi todo lo mejor que tenía para medirse con el hasta hace algunos días poco conocido Defensores de Pronunciamiento, elenco entrerriano que milita en el Torneo Federal A y que sumó un triunfo, dos empates y cuatro derrotas en el semestre pasado.
Claro que el resultado final no sorprende: 4 a 0. Lo que sí, en cambio, es la actitud con la que jugó River todo el encuentro. Estaba claro que los de Gallardo no querían arrancar la temporada con un batacazo en contra, por lo que no arriesgaron en ningún momento, desde la formación inicial con cinco defensores -muy adelantados, obviamente, por la disposición defensiva de su rival- y por el destino que le dieron a la posesión de la pelota, con excesivos centros desde las bandas.
Por momentos, la pelota volaba de un lado a otro sobre el área del “Depro”, que hacía lo que podía mientras Matías Suárez no tenía problemas en derrumbarse ante un mínimo contacto y apostar a algún pitido salvador. Fue finalmente una vía más leal la que habilitó a River a romper el cero a los 15 minutos, y con Suárez como protagonista. El 7 recibió del chileno Díaz, rebotó con Alvarez y fue a buscar la descarga mientras Borré se llevaba algunas marcas. Recibió, dominó y definió entre las piernas del arquero David Correa, quien tuvo luego varias atajadas notables.
Defensores dependía del error de River para toparse con la pelota, y cuando esto se daba, sus jugadores estaban muy separados como para avanzar colectivamente. “Jugatela, jugatela” era el rezo que salía desde el banco entrerriano una vez que la pelota llegaba a pies entrerrianos.
Pero como esto es fútbol, siempre hay lugar para los milagros. La hora señalada fue a los 30 minutos: centrazo del 10 Echagüe y terrible cabezazo del central Alvez que se metió por encima de nada menos que el arquero de la Selección, Armani. Era el 1 a 1, era histórico, para los jugadores, para los 3 mil habitantes de Pronunciamiento. Pero el línea levantó la bandera a pesar de que Pinola habilitaba a medio mundo y el árbitro lo anuló.
River no tardó en aprovechar la innecesaria gentileza y, cinco minutos después, otra serie de centros terminó con conexión Casco-Alvarez para el 2 a 0. En el segundo tiempo, fue nuevamente esa la metodología para el tercero, con un pase algo impreciso del ingresado Beltrán que Angileri convirtió en muy buen gol con un zurdazo de primera. Quedaba ver cómo aguantaban los entrerrianos y cómo Gallardo mandaba a cancha a algunos juveniles sedientos de exposición: uno de ellos, Girotti, puso el cuarto.
Con todo más que liquidado, la terna arbitral cometió otra decisión insólita en contra de los entrerrianos. Es que Germán Delfino había cobrado penal luego de un puñetazo de Armani que aparentemente impactó en Alvez. Pero tras varios minutos y exageradas quejas del propio arquero dio marcha atrás con su decisión y cobró córner. Un final indigno.
