En un rincón olvidado del oeste formoseño, Ingeniero Juárez, la realidad de las calles intransitables, la falta de iluminación pública y una administración municipal que parece priorizar el crecimiento personal de sus dirigentes antes que el bienestar colectivo, golpea día a día a sus habitantes. En esta entrevista, Ricardo Luna, vecino y dirigente local, nos cuenta su perspectiva sobre el abandono y la corrupción que asfixian a su comunidad.

“Vivimos rodeados de pozos y oscuridad”
Ricardo Luna no oculta su frustración. “La iluminación de las calles es un desastre. Hace años que estamos en completa oscuridad. Hay barrios como Laguna y Mechero donde un foco lleva dos años y medio sin cambiarse. Los choques son frecuentes, y los vecinos vivimos en constante peligro, especialmente de noche”, comenta.
La situación de las calles tampoco es mejor. Según Luna, las vías están tan deterioradas que parecen más caminos rurales que calles urbanas. “No hay cunetas, y cuando llueve, el agua forma ríos en medio de la calle. Ya rompí dos amortiguadores de mi moto por andar en este desastre”, relata con indignación.

La corrupción, un enemigo cotidiano
El dirigente no duda en señalar a los responsables: “Los fondos municipales no se ven reflejados en el pueblo. Mientras las calles están llenas de basura y maleza, vemos cómo crecen las riquezas de los funcionarios. Hace poco, el secretario general Ramón Dominguez estrenó una camioneta 0 km, y a los días la chocó. Pero acá, cambiar un foco lleva años”.
Ricardo hace hincapié en el contraste entre los recursos disponibles y su mala administración: “El municipio tiene máquinas nuevas, un camión y tractores, pero no las utilizan para solucionar los problemas. Solo las tienen paradas o trabajando en lugares seleccionados por conveniencia política”.
Un futuro en fuga: el dolor de una hija que no quiere volver

Uno de los momentos más emotivos de la entrevista ocurre cuando Ricardo menciona a su hija de 12 años. “Ella conoció la ciudad de Formosa por primera vez y quedó impactada. Me dijo que no quiere volver a vivir en Ingeniero Juárez porque aquí todo está mal. Eso me duele profundamente. Los niños son el futuro, pero ¿cómo motivarlos a quedarse si no hay esperanza aquí?”, reflexiona.
“Se acabó el miedo”
A pesar de todo, Luna mantiene firme su voluntad de luchar por un cambio. “Esto ya no se puede soportar. Si no toman cartas en el asunto, voy a recurrir a la vía legal. No estoy dispuesto a seguir viendo cómo destruyen nuestro pueblo mientras ellos se enriquecen”, declara.
En su mensaje final, hace un llamado al gobierno provincial: “Si el municipio no puede hacer su trabajo, que la provincia intervenga. Los vecinos necesitamos calles transitables, iluminación y limpieza. No estamos pidiendo lujos, solo lo mínimo para vivir dignamente”.
