Netanyahu celebró la resolución que prevé una fuerza internacional para desarmar a las milicias y “desradicalizar” el territorio. Hamas y las principales facciones palestinas advirtieron que la misión favorece a Israel y vulnera el derecho a la autodeterminación
El gobierno israelí respaldó este martes el plan de paz para la Franja de Gaza del presidente estadounidense, Donald Trump, después de que el Consejo de Seguridad de la ONU aprobara una resolución basada en la propuesta, que prevé el despliegue de una fuerza internacional en el enclave. El texto, aprobado con 13 votos a favor y las abstenciones de China y Rusia, establece un mecanismo transitorio destinado a asegurar la desmilitarización de la Franja, que generó desconfianza entre la población palestina, que señaló que esta resolución no responde a sus derechos y demandas y “favorece a la ocupación israelí”.
El primer ministro Benjamin Netanyahu celebró el voto y afirmó que el plan “conducirá a la paz” porque insiste en la “desmilitarización total, el desarme y la desradicalización” del territorio palestino. En un mensaje difundido por la oficina del mandatario en la red X, felicitó a Trump por la aprobación de la resolución y subrayó que la futura fuerza internacional supervisará el proceso de desarme de las milicias, además de resguardar a la población y asistir en la formación de los nuevos cuerpos de seguridad palestinos.
Según Netanyahu, el esquema permitirá avanzar hacia la “segunda fase” del alto el fuego, vigente desde el 10 de octubre, y “poner fin al dominio de Hamas sobre Gaza”. En la misma declaración, el primer ministro sostuvo que el plan abrirá la puerta a una mayor integración de Israel con sus vecinos árabes y a la ampliación de los Acuerdos de Abraham. “Israel tiende su mano en paz y prosperidad a todos sus vecinos”, afirmó.
La postura de Hamas fue un rechazo frontal. El movimiento islamista advirtió que la resolución “no responde a las demandas políticas y humanitarias” del pueblo palestino y cuestionó el despliegue de la fuerza internacional, cuya misión incluye el desarme de los grupos armados. Para la organización, asignar esas tareas a la nueva fuerza “elimina su neutralidad” y convierte a la misión en un actor alineado con Israel.
Pelota dividida
El grupo propalestino sostuvo que cualquier discusión sobre el desarme debe ser “un asunto nacional interno” vinculado al fin de la ocupación y al establecimiento de un Estado palestino, por lo que la implementación de una fuerza trasnacional sería contraproducente.
Las principales facciones armadas palestinas, entre ellas las Brigadas Al Qasam, las Brigadas Al Quds y las Brigadas de los Mártires de Al Aqsa,se expresaron en la misma línea. En un comunicado conjunto, rechazaron la resolución por considerarla “un instrumento de tutela internacional” que atentaría contra el derecho a la autodeterminación y calificaron a la fuerza internacional propuesta como “una forma de ocupación extranjera”. Las facciones exigieron que cualquier misión internacional esté bajo jurisdicción exclusiva de la ONU y coordinada con instituciones palestinas, sin involucrar a Israel.
La reacción en la Autoridad Nacional Palestina (ANP) fue distinta, incluso favorable al voto de la ONU. En un comunicado difundido por la agencia Wafa, la Presidencia palestina celebró la adopción del texto y pidió su implementación “inmediata sobre el terreno” para garantizar el retorno a la normalidad en Gaza. La ANP destacó que la resolución reafirma “el derecho del pueblo palestino a la autodeterminación y al establecimiento de su Estado independiente” y expresó su disposición a asumir responsabilidades en la Franja “en el marco de la unidad del territorio y las instituciones palestinas”.
En Gaza, algunos residentes recibieron la resolución con cautela. Tras dos años de guerra, desplazamientos masivos y destrucción generalizada del territorio, la población expresó escepticismo respecto de su implementación, pero también una expectativa mínima de alivio humanitario. “Lo importante es que termine la guerra”, dijo Saeb Al Hassanat, desplazado en una escuela del centro de Gaza, quien advirtió, sin embargo, que “sin fuerte presión estadounidense Israel no acatará ninguna decisión”.
Actores externos
La resolución establece el despliegue de una Fuerza de Seguridad Internacional (ISF) con mandato hasta diciembre de 2027. Según el texto, la ISF funcionará como una fuerza encargada de hacer cumplir la ley, no como misión de mantenimiento de la paz, y deberá asegurar las fronteras de Gaza con Israel y Egipto, proteger a la población civil, garantizar los corredores humanitarios, destruir la infraestructura militar y entrenar a una nueva policía palestina.
Estados Unidos defendió el proyecto aprobado. El embajador ante la ONU, Mike Waltz, señaló ante el Consejo de Seguridad que la resolución niega a Hamas la posibilidad de reconstituirse y proporciona un mecanismo para garantizar asistencia humanitaria y estabilidad. Además, subrayó que el plan contempla una vía hacia la autodeterminación palestina una vez que la ANP complete su programa de reformas. El propio Trump celebró la aprobación del texto en un mensaje en sus redes sociales y aseguró que el voto conducirá a “una mayor paz en todo el mundo”, a la vez que destacó lo fundamental del rol de la “Junta de Paz” que él mismo presidirá, en la coordinación de las tareas de la ISF.
Pero el escepticismo también irrumpió en la votación del consejo. China explicó su abstención al considerar que el proyecto estadounidense es “vago” en cuestiones clave de la posguerra, relativas a la gobernanza palestina y a la solución de dos Estados. La portavoz de la Cancillería, Mao Ning, sostuvo que la resolución no refleja con suficiente claridad los principios que Pekín defiende en el conflicto, y podría no conducir a una resolución pacífica del conflicto.
