No hubo impuesto a la riqueza o combate a la evasión, pero sí incrementos a las pensiones.
El presupuesto de Rachel Reeves, ministra de finanzas del primer ministro Keir Starmer, calmó a los mercados, sosegó las críticas internas del laborismo eliminando el límite a la ayuda de familias pobres y un aumento del salario mínimo y generó críticas por derecha e izquierda. No hubo impuesto a la riqueza o combate a la evasión y exenciones impositivas de las multinacionales, pero sí incrementos a las pensiones de los más afluentes y el llamado tributo a las mansiones. Como el gobierno de Starmer hasta ahora, una de cal y otra de arena.
Con un agujero fiscal de 20 mil millones de libras y una deuda del 100% del PIB, con intereses mensuales de 9 mil millones y una deuda social urgente en los servicios públicos, no había mucho margen de maniobra para una prudente equilibrista como Reeves, preocupada por evitar que el mercado le hiciera saltar el costo de los bonos estatales o que el partido pusiera en marcha una rebelión interna frente a la mediocridad de estos primeros 16 meses de gobierno. La gran pregunta es si este juego de equilibrista presupuestario será a la larga una entrega anticipada de las llaves de 10 Downing Street al líder de la ultraderecha moderada (hay que adjetivarlo así), Nigel Farage o marcará una vuelta de página para un partido de gobierno que anda cuarto en las encuestas.
Reeves enfatizó en la Cámara de los Comunes que el presupuesto recortaría el costo de la vida para millones de personas a pesar de que habrá un incremento impositivo de unas 26 mil millones de libras al congelar el umbral a partir del que se pagan impuestos en los próximos tres años. Pronunciando palabras que parecen prohibidas en el gobierno de Javier Milei, la ministra aseguró que el gobierno construirá un Reino Unido “más justo” invirtiendo en grandes proyectos de infraestructura. “Cuando dije que cortaría el costo de la vida, es porque lo voy a hacer. Este presupuesto contiene inmediato alivio para muchas familias. Estamos sacando a 450 mil niños de la pobreza poniendo fin al límite de la ayuda financiera a las familias que tuvieran más de dos hijos ”, dijo Reeves.
El presupuesto sube alícuotas en un lado, las baja en el otro, intenta disimular los aumentos y resaltar los beneficios que se diseminan por un amplio abanico de consumos, incluyendo el de los coches eléctricos. El llamado impuesto a las mansiones consiste en unas 2500 libras anuales adicionales a las propiedades que valen más de dos millones de libras y 7.500 a las que superen los cinco millones. Habrá un recorte para los generosos beneficios fiscales que gozaban las jubilaciones más altas (una considerable porción en el Reino Unido) que recaudará unas 5 mil millones de libras. Y no hay recorte del gasto público para financiar el agujero de 20 mil millones.
Según la sub-editora económica de la BBC, Dharshini David, Reeves ha logrado evitar la tormenta financiera que habían amenazado los mercados y ha sosegado la revuelta interna. “Es decir, ha evitado el peligro inmediato. No queda claro si a la larga será viable políticamente y creíble financieramente. El impacto económico es incierto porque las medidas van a reducir los ingresos de acá a después de las elecciones de 2029. Y habrá una menor inversión en los servicios públicos a menos que en el camino el gobierno cambie el rumbo, lo que podría provocar una reacción negativa de los mercados. El presupuesto puede terminar siendo una simple curita que se despegará muy pronto y dejará la misma herida a la vista”, señaló David.
El debate interno y Farage
Calmar las aguas era necesario, pero no suficiente para mejorar la imagen de Sir Keir Starmer que, según algunas mediciones, es la peor de un primer ministro en lo que va del siglo, con un 19% de aprobación. Reeves parece haber calmado la tormenta financiera que sacó en unas pocas semanas del gobierno a la conservadora libertaria Liz Truss hace tan solo tres años. Pero difícilmente mejore la percepción que hay de Starmer superado desde hace un año por Nigel Farage en las encuestas y recientemente en cuarto lugar en algunos sondeos.
Una de las salidas en la nerviosa atmósfera que se respira en el laborismo es un cambio de líder que en el sistema británico es posible de hacer manteniendo el poder y la mayoría parlamentaria: basta que los diputados gubernamentales retiren su apoyo al líder que eligieron para primer ministro y se lo den a otro. Los dos que figuran en punta son el alcalde de Manchester Andy Burnham y el ministro de salud Wes Sterling que recientemente reconoció que hay “una fuerte desilusión y una creciente desesperación sobre la posibilidad de mejorar las cosas”.
Ambos representan variantes de izquierda laborista que no parecen preocupar a los mercados porque, según dicen, “son todos más o menos lo mismo” y que tampoco garantizan un cambio en el electorado, salvo que actúen con claridad, determinación y cierta dosis de suerte. A los mercados no les gustará el aumento impositivo a los más ricos, pero lo que más los preocupa es que las cuentas cierren y que haya proyecciones de crecimiento, de modo que una variante por este lado, sea Burnham o Streeting, tendría un margen de maniobra.
Un encuestador que ha ido contra la corriente mundial acertando en todos sus pronósticos en los últimos años, John Curtice, señala que el laborismo no tiene que disputarle votos por derecha a Farage sino por izquierda a los verdes y liberal demócratas que se están llevando a muchos de sus desilusionados votantes. “Un error que están cometiendo es el mismo que cometieron los conservadores: enfocarse en el tema de la inmigración. Es una agenda que nunca van a controlar. Los que están nutriendo las filas de Farrage son los votantes conservadores. No hay chances que ellos se pasen al laborismo. El laborismo debería enfocarse en mejorar los servicios públicos, el Servicio Nacional de Salud en particular. Si para 2029 mejoró la economía y las listas de espera bajaron sustancialmente el laborismo puede tener alguna chance”, señaló Curtice al The Independent.
Nigel Farage puede darles un mano. Si bien ha moderado su lenguaje para diferenciarse de Tommy Robinson, que cultiva una ultraderecha todavía más extrema, las políticas que está proponiendo sobre inmigración y su pasado pueden condenarlo. “Farage corre el peligro de excederse en sus propuestas como la que ha hecho de deportar a gente que ha vivido durante años en el Reino Unido”, dijo Curtice. A esta sobre-imitación de Donald Trump, se agrega otra característica del presidente norteamericano solo que en un sistema judicial y mediático menos benigno: el pasado que condena.
Un botón de muestra de los últimos días. Más de 20 ex compañeros de Farage en una escuela secundaria de élite, el Dullwich College, lo acusaron de usar lenguaje consistentemente anti semita e islamofóbico. Farrage primero fingió amnesia y después se disculpó por algo que sucedió hace muchos años en otro contexto social, pero en el electorado, que tiene corrientes silenciosas de moderada xenofobia, hay un rechazo a expresiones extremas de este tipo. Como posible primer ministro del Reino Unido, con el foco más puesto en su vida y persona, es de esperar que surjan muchos más ejemplos de este tipo. Entre otros está haber sido el alma matter del Brexit que hoy, a nueve años de votado y cinco de implementado, se calcula que produjo una pérdida de ingresos fiscales al Reino Unido de alrededor de 80 mil millones de libras, según miembros jurados del establishment, como el Banco Central de Inglaterra.
