Con críticas al actual gobierno y un fuerte contenido religioso, el senador dijo en un posteo en redes sociales que no se quedará “de brazos cruzados”. Enfrentaría en los comicios a Lula.
Con su hermano Eduardo en el exilio, Flávio Bolsonaro asumió el papel de portavoz de la familia en defensa del expresidente (EVARISTO SA, AFP -/AFP)
El senador Flávio Bolsonaro, hijo del expresidente Jair Bolsonaro, afirmó este viernes que no se va a quedar “de brazos cruzados” y “cumplirá la misión” de ser candidato a la presidencia de Brasil en octubre de 2026. De 44 años y considerado más moderado que su padre, Flávio recibió el apoyo del Partido Liberal para lanzarse a la carrera electoral, muy probablemente contra el actual presidente Luiz Inácio Lula da Silva. El anuncio formalizó la estrategia de la derecha para las próximas elecciones, en medio de la prisión y la inhabilitación política de Jair Bolsonaro.
“Dar continuidad a nuestro proyecto de nación”
A través de una publicación en sus redes sociales con tono de crítica al actual gobierno y un fuerte contenido religioso, Flávio Bolsonaro ratificó la decisión de su padre de señalarlo como sucesor para dar continuidad a su “proyecto de nación”. “Es con gran responsabilidad que confirmo la decisión del mayor líder político y moral de Brasil, Jair Messias Bolsonaro, de conferirme la misión de dar continuidad a nuestro proyecto de nación”, declaró el primogénito del exmandatario y líder de la extrema derecha brasileña.
En su mensaje, el senador enumeró una serie de problemas que, según él, aquejan al país bajo la actual administración del presidente Luiz Inácio Lula da Silva, y apuntó directamente a la corrupción y la falta de seguridad. “Nuestro país atraviesa momentos difíciles, en los que muchos se sienten abandonados, los jubilados son robados por el propio gobierno, los narcoterroristas dominan las ciudades y explotan a los trabajadores, las empresas estatales vuelven a ser saqueadas, no dejan de crearse o aumentarse nuevos impuestos, y nuestros hijos no tienen expectativas de futuro”, escribió.
Flávio Bolsonaro manifestó que no va a “quedar de brazos cruzados” viendo “cómo la esperanza de las familias se apaga” y cómo “sucumbe” la democracia brasileña. El discurso culminó con un mensaje de fe, característico de la retórica política conservadora brasileña, en el que enfatizó la importancia de su misión. “Creo en un Dios que no abandona a nuestra nación”, sentenció y dijo que confía en que Dios “irá al frente, abriendo puertas, derrumbando murallas y guiando cada paso de esta jornada”.
Líder de la derecha y extrema derecha brasileñas, el expresidente Jair Bolsonaro entró el mes pasado en prisión en Brasilia tras ser condenado a 27 años de cárcel por intentar un golpe de Estado en 2022 contra Lula, con quien perdió las elecciones. “Flávio me dijo que nuestro capitán (Jair Bolsonaro) confirmó su precandidatura. Si así lo habló Bolsonaro, ¡está todo dicho!”, escribió el presidente del Partido Liberal, Valdemar Costa Neto, en un comunicado.
Tras la noticia el índice Ibovespa de la Bolsa de San Pablo, el principal de América latina, registró una fuerte caída de hasta 4 por ciento. El mercado tenía la mirada puesta especialmente en Tarcísio de Freitas, el gobernador paulista, capital económica de Brasil, y considerado más cercano al establishment. Sin embargo De Freitas, fiel aliado de Bolsonaro, siempre ha negado que busque la presidencia.
Todo queda en familia
Lula, de 80 años, que ya gobernó Brasil entre 2003 y 2010, anunció en octubre en Yakarta su intención de volver a buscar por cuarta vez la presidencia, aunque después volvió a mencionarlo como una posibilidad. Con Jair Bolsonaro fuera de la carrera electoral, la derecha ha barajado otros nombres para su candidato, incluido el de la exprimera dama Michelle Bolsonaro, quien debería ahora aspirar a un puesto en el Senado.
Michelle cuestionó la estrategia de alianzas del Partido Liberal en Ceará de cara a las elecciones locales que también se celebran en la cita de 2026, para disgusto de los hijos de Bolsonaro, incluido un Flávio que después terminó reculando y pidiendo perdón a la esposa de su padre entre llantos y rezos.
El exmandatario, de 70 años, tiene otros cuatro hijos. Uno de ellos, Eduardo Bolsonaro, es un diputado radicado actualmente en Estados Unidos que libró una campaña en favor de su padre ante la administración de Donald Trump durante el juicio. Los otros dos hijos varones, Carlos y Renan, son concejales municipales.
Flávio es considerado un mayor articulador político, mientras que Eduardo y Carlos suelen adoptar un tono más agresivo en sus declaraciones políticas en las redes sociales. El senador suscitó sin embargo en octubre una polémica al sugerir que Estados Unidos bombardeara embarcaciones en Río de Janeiro para combatir el narcotráfico, como lo ha hecho en el Caribe y en el Pacífico. Después dijo que su mensaje había sido malinterpretado.
Como su padre, Flávio es promotor de un Estado mínimo, de un combate sin cuartel contra la delincuencia y de la liberación de la venta de armas, así como ve la hoz y el martillo en todos quienes se le oponen, a los que no duda en tildar de “comunistas”. En su rol de candidato, tendrá la misión de unir al arco de derechas, que va desde los conservadores más tradicionales que no aceptan el radicalismo bolsonarista, hasta la ultraderecha autoritaria que todavía tiene como gran líder a Jair Bolsonaro.
Además de su condena y de estar inhabilitado políticamente, Jair Bolsonaro sufre problemas de salud derivados de una puñalada que recibió en 2018 durante un acto electoral. Tras varias operaciones, acusó en los últimos meses frecuentes malestares, especialmente crisis de hipo y vómitos. Los abogados han pedido prisión domiciliaria “humanitaria” para él.
Al igual que su padre y sus tres hermanos dedicados a la política, Flávio Bolsonaro ha lidiado con problemas judiciales. Entre otros delitos fue investigado por lavado de dinero, asociación ilícita y malversación, pero los procesos fueron archivados por diversas razones. Entre las sospechas, contratar funcionarios “fantasmas” para sus despachos legislativos con el fin de quedarse con los sueldos y lavado de dinero a través de una tienda de chocolate que tenía en Río de Janeiro y le permitió comprar, siempre en efectivo, una veintena de departamentos en Río de Janeiro en unos pocos años.
