sábado, marzo 21, 2026

Australia, el antisemitismo y la hipocresía de Netanyahu

¿Cómo fue posible que una base que controla EE.UU. no previniera el acto antisemita?; ¿por qué Israel se entromete en la política interna australiana?, son interrogantes tras la matanza.

El ataque antisemita de Bondi Beach, la playa más popular de Sidney, dejó una serie de preguntas sin respuesta además de su lamentable saldo: 15 personas asesinadas y varios heridos en estado crítico por un padre y su hijo que utilizaron varios rifles de asalto. La primera es cómo fue posible que Pine Gap, una base de espionaje que controla Estados Unidos en el desierto australiano, interceptora de millones de comunicaciones, resultara inútil para prevenir la matanza de judíos en su fiesta de Hanukkah. La segunda es con qué autoridad Benjamin Netanyahu, un criminal de guerra juzgado además por corrupción, se entrometió en la política interna del país donde ocurrió el atentado y responsabilizó a su gobierno laborista de incentivarlo porque reconoció al estado palestino. La tercera es por qué se discute ahora en Australia la posibilidad de aplicar mano dura a manifestaciones contra el genocidio en Gaza después de que el 3 de agosto pasado se produjera en el puente de Sidney la marcha pacífica más grande del mundo contra la política del régimen de Israel.

Desde 1996 que no ocurría en Australia un ataque como el del 14 de diciembre pasado. Martin Bryant, un enfermo psiquiátrico de bajo coeficiente intelectual, asesinó aquella vez a 35 personas en la isla de Tasmania. El hecho se recuerda como la masacre de Port Arthur. El criminal fue condenado a 35 cadenas perpetuas y continúa detenido. Por ese episodio, el gobierno nacional endureció el régimen de portación de armas de fuego, aunque sus seis estados (equivalentes a nuestras provincias) son los que habilitan la posesión y uno de los asesinos de Bondi Beach, Sajid Akram, tenía seis permisos para mantener rifles en su poder.

Pese a esa contradicción, Australia consiguió retirar 650 mil armas del mercado que mantenían particulares. La política dio resultado durante casi tres décadas, pero el ataque reciente en la playa de Sidney reavivó una polémica que parecía desactivada. La extrema derecha australiana había intentado sin éxito suavizar las medidas tomando como referencia la segunda enmienda de la constitución de EE.UU.

La referente de este espacio, Pauline Hanson, senadora por el partido Una Nación que en estos días se mostró consternada por los asesinatos, hacía lobby hace unos años para que aflojara el control de armas. Incluso quedó expuesto su propósito cuando Al Jazeera hizo una investigación con cámara oculta donde Hanson decía que haría falta una masacre en Tasmania para cambiar las leyes de armas en Australia.

La frase se la dijo a un periodista encubierto que se hizo pasar por un lobista de los vendedores de armamento. El trabajo periodístico de la cadena que resultó premiado, Cómo comprar una masacre, comprobó que la ultraderecha australiana había intentado conseguir una donación de 20 millones de dólares de la Asociación Nacional del Rifle (ANR) estadounidense.

Envilecido el debate por la intromisión de Netanyahu en los asuntos internos de Australia, políticos locales recogieron el guante. El primer ministro de Nueva Gales del Sur, Chris Minns, representante del ala derecha en el partido Laborista, comparó el ataque de Bondi Beach con el del 7 de octubre de 2023 en Israel por comandos de Hamas. También sugirió que deberían prohibirse las protestas porque se corre el riesgo de “aumentar la discordia en la comunidad… una situación combustible”.

El primer ministro israelí escribió en sus redes el día del ataque que el gobierno de Anthony Albanese no había hecho “nada para detener la propagación del antisemitismo en Australia. Dejaron que la enfermedad se propagara y el resultado fueron los horribles ataques contra los judíos que vimos hoy”. Acusó a la máxima autoridad del país que tiene a Pine Gap en su territorio, la base que le proveyó información muy precisa para bombardear objetivos en Gaza. Este domingo Albanese fue abucheado durante un acto con miles de asistentes en homenaje a los 15 fallecidos.

La teoría de la conspiración que deslizó la senadora Hanson en aquel documental de Al Jazeera podría explicarse más en el papel que cumple Pine Gap, denunciada por el ex contratista de la CIA, Edward Snowden, en 2013.

En ese centro neurálgico de espionaje y contraespionaje, EE.UU. intercepta comunicaciones, facilita información sensible para operar drones con fines bélicos y opera en beneficio de sus intereses y los de sus aliados. Israel es uno de los países que según la página Australia Desclasificada se ha valido de información satelital clave para arrasar con la infraestructura de Gaza.

Citado en ese sitio de investigación periodística, un ex empleado de la base estadounidense, David Rosenberg, declaró que “las instalaciones de Pine Gap están monitoreando la Franja de Gaza y las áreas circundantes con todos sus recursos y reuniendo inteligencia que se considera útil para Israel”. La fuente fue descripta en el artículo como un ex jefe de equipo especializado en “el análisis de señales de armas. Trabajó durante 18 años, hasta 2008. Es un veterano de 23 años de la Agencia de Seguridad Nacional (NSA)”.

Pine Gap es una extensa base militar que tenía 45 antenas parabólicas y radomos hasta 2023. La gestionan en sociedad Estados Unidos y Australia, e integra la red de vigilancia global Five Eyes a la que además pertenecen Gran Bretaña, Nueva Zelanda y Canadá. La alianza se formalizó después de la Segunda Guerra Mundial mediante el acuerdo UKUSA de 1946. Y se sumó al sistema de vigilancia Echelon en la década de 1960 para monitorear las comunicaciones de la Unión Soviética y sus aliados. Su existencia ha generado pedidos de cierre de expresiones políticas como el partido Verde.

Australia desclasificada define a Pine Gap “como la segunda base de vigilancia más importante de los Estados Unidos a nivel mundial”. Está ubicada a medio camino entre Adelaida al sur y Darwin al norte, rodeada por el desierto de Simpson. Un amplio territorio de dunas rojizas donde extrañas imágenes en la roca erosionada por el viento le dan a la zona una apariencia lunar. La mayoría de los empleados contratados en el lugar son de Estados Unidos y hay una minoría de australianos.

Aun con toda esa infraestructura, Pine Gap no pudo evitar que se produjera el atentado antisemita de Bondi Beach, pero sí procuró la información satelital necesaria para que Israel destruyera Gaza en su campaña de exterminio del pueblo palestino. Una tarea que Netanyahu y su gabinete no finalizaron y que sigue costando vidas de gazatíes, pese a que se declararon levantadas las hostilidades.

En Australia, mientras tanto, el país empezó a venerar a su nuevo héroe llamado Ahmed al-Ahmed, un sirio musulmán de 43 años, que evitó la prolongación de la masacre en Hanukkah arrojándose desarmado sobre Sajid Akram, que disparaba junto a su hijo contra la multitud en Bondi Beach. Logró quitarle su rifle y lo apoyó sobre un arbol. Pero dos disparos le impactaron en una mano y en el hombro. Hoy está internado camino a una larga recuperación. Antes de ir hacia el asesino le dijo a su primo “voy a morir, avisale a mi familia que bajé para salvar vidas”. Sobrevivió y acaba de recibir donaciones por casi 2 millones de euros producto de una campaña internacional.

Ahmed al-Ahmed, padre de dos hijos y frutero, no podría haber ingresado a Estados Unidos ni salvar vidas en un ataque antisemita. Desde el 16 de diciembre, dos días después de la masacre en Sidney, Siria es uno de los 19 países cuyos ciudadanos tienen prohibida la entrada por orden de Donald Trump.

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