El precio internacional del petróleo volvió a escalar con fuerza en los últimos días, en un contexto marcado por la tensión en Medio Oriente y la incertidumbre sobre el suministro global. El barril de Brent llegó a tocar los 120 dólares y luego se estabilizó en torno a los 108, niveles que no se observaban desde hace varios meses y que reavivan temores inflacionarios a nivel global.
Las declaraciones del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, redujeron las expectativas de una rápida normalización del flujo de crudo a través del estrecho de Ormuz, un punto clave para el comercio energético mundial. La posibilidad de interrupciones prolongadas en esa vía estratégica empujó al alza las cotizaciones y reforzó la volatilidad en los mercados.
El impacto no se limitó al precio del crudo. En Wall Street, los principales índices operaron en terreno negativo durante buena parte de la jornada, con caídas moderadas que reflejaron la preocupación por el efecto del encarecimiento energético sobre la inflación y la actividad. En contraste, las acciones vinculadas al sector energético mostraron subas, en línea con la mejora en las perspectivas de rentabilidad.
En ese marco, la petrolera YPF anunció que no trasladará el aumento internacional a los precios de los combustibles en el mercado local durante los próximos 45 días. La decisión comenzó a regir el 1° de abril y fue presentada como un mecanismo de “amortiguación” frente a la volatilidad externa.
Desde la compañía señalaron que la medida busca sostener el consumo en un contexto de debilidad de la demanda, especialmente en el interior del país. En concreto, YPF absorberá el impacto del encarecimiento del crudo en la formación de precios, aunque aclaró que otros factores, como la evolución del tipo de cambio o la carga impositiva, podrían eventualmente generar ajustes.
La decisión introduce un elemento de tensión en el esquema económico. Mientras el Gobierno sostiene un discurso orientado al libre mercado y a la desregulación de precios, en la práctica se adoptan medidas que buscan moderar el traslado de shocks externos a la economía doméstica. El congelamiento parcial de los combustibles funciona, en este sentido, como una herramienta para contener la inflación en el corto plazo, aunque se aparta de los lineamientos más ortodoxos.
En tanto, volviendo al mercado internacional, en Estados Unidos los mercados reaccionaron a la publicación de datos de empleo que mostraron una expansión mayor a la esperada en marzo, con la creación de 178.000 puestos de trabajo. La tasa de desempleo descendió levemente al 4,3 por ciento, lo que refuerza la percepción de una economía que aún mantiene cierto dinamismo.
Sin embargo, el informe también evidenció señales de volatilidad. Hubo revisiones a la baja en los datos previos y varios analistas advirtieron que el mercado laboral podría comenzar a reflejar en los próximos meses los efectos indirectos del conflicto internacional, en particular a través de las cadenas de suministro y el encarecimiento de la energía.
Tras conocerse estas cifras, los rendimientos de los bonos del Tesoro estadounidense registraron subas. La tasa a 10 años avanzó hasta el 4,34 por ciento, mientras que los tramos más cortos también mostraron incrementos. En paralelo, el mercado ajustó sus expectativas sobre la política monetaria de la Reserva Federal: se redujo la probabilidad de recortes de tasas en el corto plazo, en un escenario donde la inflación vuelve a ganar protagonismo.
