La definición llegó al final del primer tiempo, con un penal ejecutado por el capitán Leandro Paredes. El partido no ofreció buen juego y mostró mucha paridad.
El enfrentamiento más importante del fútbol argentino provoca atracción no sólo en el ámbito local, sino en muchas partes del mundo. Los protagonistas son los encargados después de que el espectáculo sea considerado de nivel, a partir de lo que generan futbolísticamente en el campo de juego.
El Torneo Apertura determinó que River y Boca se crucen en la penúltima fecha, con el agregado que hay una jornada que quedó pendiente por resolución de la Asociación del Fútbol Argentino (AFA). El calendario es un factor importante, debido a que en los números no era determinante para la definición: River ya se encontraba clasificado antes de jugar, y Boca tiene muy pocas opciones de quedar afuera de los ocho primeros.
El resultado, en ese aspecto, no iba a desencadenar preocupación sobre el futuro en el certamen, y todo quedaba supeditado al valor emocional que significa vencer al adversario principal.
El nivel de juego de ambos durante la primera etapa fue regular durante la mayor parte, y fueron pocos los argumentos que tuvieron para desnivelar. Boca contó con el despliegue de Delgado para recuperar la pelota, y la capacidad técnica de Paredes para habilitar con precisión a los delanteros. River exhibió las escapadas de Acuña por la izquierda, para luego lanzar la pelota al centro en busca de un compañero.
La incertidumbre envolvió al local cuando Driussi tuvo que dejar la cancha a los 17 minutos por una lesión. El delantero venía cumpliendo un gran rendimiento en el nuevo ciclo de Eduardo Coudet. El que tuvo que ingresar fue Maximiliano Salas, quien venía siendo resistido en lo que va del semestre.
El ex Racing fue precisamente el que provocó la jugada más peligrosa del local, recién a los 43 minutos, con un remate de media vuelta en el que la pelota se fue cerca del palo derecho de Brey. El final de la etapa fue vertiginoso: Merentiel tuvo su chance y le erró al arco, y en el descuento el uruguayo desbordó por izquierda y su lanzamiento desembocó en un penal por mano de Rivero.
Paredes fue el que ejecutó la infracción y puso en ventaja al visitante. Lo que sorprendió que los dos futbolistas más creativos, Páez y Aranda, no tenían incidencia en el desarrollo. Brey, por su parte, se fue al descanso sin haber sido exigido, lo que dejaba en claro las carencias de River en ofensiva.
El desarrollo se modificó en la segunda mitad, ya que River se vio obligado a profundizar su juego a partir de la desventaja. La consecuencia de ello fue la aparición de espacios para el visitante, cuando recuperaba la pelota e intentaba avanzar por la vía del contrataque.
Boca dejaba pasar el tiempo cada vez que tenía que poner la pelota en juego, y eso fue generando exaltación en la gente. Coudet decidió el ingreso del chico Freitas para tener más tenencia de pelota, y con el mediocampista logró que el visitante se retrase unos metros. El peligro que implica jugar cerca de su arco, hizo que el partido se trasladara en las cercanías de esa área.
