El equipo de Ancelotti recién encontró el triunfo en el último minuto de descuento, ante un equipo que se dedicó a defender. En octavos espera por Noruega o Costa de Marfil. El arriesgado festejo de los brasileños en Miami.
Enviado especial a Miami
¿Cómo se dirá “saque si quiere ganar” en japonés? ¿Qué se le habrá pasado a Tanaka por la cabeza para intentar ese pase atrás en el último minuto del descuento? ¿Ya se puede tomar en serio al Brasil de Ancelotti? ¿Ya se puede dejar de considerar a Japón como la eterna candidata a ser revelación? Vaya envión tomó la Verdeamarela este lunes con un triunfo agónico por 2 a 1 que la puso en octavos de final del Mundial 2026, a la espera del ganador de Noruega vs. Costa de Marfil por el mismo lado del cuadro que tiene a la Selección Argentina (sólo podrían encontrarse en semis).
Al pentacampeón se le venía faltando el respeto en los análisis desde bastante antes del inicio de la Copa, donde todavía mostró poquito pero tiene tanta historia que no permite desaires. El batacazo japonés fue uno de los resultados más repetidos a la hora de los vaticinios realizados por algún sistema computarizado simulador de miles de resultados o por la inteligencia artificial. El robotito no estuvo tan lejos, pero Brasil es Brasil.
Y aunque este no es “el” Brasil, a Japón se le fue la mano en su propuesta ultra defensiva. Se suponía que esta versión de los Samurai era más vistosa: venían de marcar goles en todos sus partidos de grupo (7 en total) e incluso le habían ganado en un amistoso del año pasado a los de Ancelotti. Pero desde el inicio no disimularon intenciones y luego de encontrarse con el 1-0 sólo profundizaron hasta terminar con sus once jugadores en el área. Un harakiri táctico.
El muy lindo gol de Kaishu Sano a los 29 minutos volvió a probar que el principal problema brasileño está en campo propio. El lateral derecho Danilo tomó una decisión terrible en lo que parecía una contra prometedora: pase flojo de papeles hacia el medio y el volante nipón no paró hasta el gol, dejando en el camino a un Casemiro que nunca tuvo la velocidad como virtud. El equipo de Ancelotti venía de dos vallas invictas, pero ante Haití y Escocia. Contra Marruecos (1-1) también pagó caro un yerro defensivo.
De todos modos, si Brasil tardó en encontrar el gol fue más que nada por algunas intervenciones milagrosas del arquero Suzuki. Nunca confundió las formas y aprovechó la invitación japonesa a pararse en su mitad de la cancha. Como ya habían mostrado contra Países Bajos, el juego aéreo era el principal problema de los asiáticos. Ni con ocho jugadores dentro del área y dos pisando la puerta pudieron encontrar a Casemiro, quien cabeceó solo para el 1-1 a los 58.
Al momento de pedir la cuenta en Houston y pasar al tiempo extra, Japón fue Japón y Brasil, Brasil. Tanaka recuperó bien pero intentó un pase atrás que nunca llegó, el paciente Bruno Guimaraes ubicó a Martinelli y este, a la red. Cada uno contra tres defensores japoneses muy atentos pero poco activos. Los Samuráis nunca ganaron un partido de eliminación directa. Brasil no termina afuera de los ocho mejores desde 1990.

Ojo, el desahogo de los brasileños fue grande, señal de que no les sobra nada. O al menos el de los cientos que vieron el partido en el Fan Fest de Miami. La mayoría se la pasó mirando el partido bastante lejos de la pantalla gigante, apretaditos adentro de una carpa equipada con 72 ventiladores. Cuando llegó el gol de Martinelli, la alegría fue tan grande que se arriesgaron a festejar bajo el insoportable sol de la ciudad en la que jugará Argentina el próximo viernes.

