domingo, septiembre 6, 2026

Con Malvinas como pretexto, Milei reflota un viejo proyecto para congraciarse con EEUU

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Expertos advierten que, de aprobarse la nueva estructura, podría usarse para la represión de la conflictividad social alrededor de recursos que el Gobierno defina como estratégicos.

Javier Milei aprovechó su reciente vocación por defender la soberanía sobre las Malvinas para impulsar sus intereses de antaño. El consejo de seguridad nacional anunciado en cadena nacional por el Presidente está lejos de ser una respuesta ensayada por la administración de La Libertad Avanza (LLA) ante un supuesto cambio de coyuntura frente a la cuestión de las islas:es un proyecto que hace años estaba en el tintero y que busca copiar el modelo que adoptó Estados Unidos en la posguerra. Expertos consultados advierten que las facultades que Milei pedirá al Congreso podrían usarse para la represión interna.

La cadena nacional del jueves por la noche no habría tenido lugar sin el enojo que despertó en Donald Trump la reticencia del Reino Unido a apoyar su ataque sobre Irán. Palabras más, palabras menos, así lo admitió el propio Presidente cuando ponderó la decisión de Trump de revisar su posición con respecto a Malvinas.

En ese marco, Milei aprovechó para hacer una serie de anuncios que pueden tener impacto más allá de la agenda vinculada a Malvinas. Entre ellos, el envío de un proyecto de ley de defensa de la soberanía, que tendrá como una de sus patas la creación de un consejo de seguridad nacional.

El proyecto de ley, por el momento, no se conoce. Lo único que se conoce son algunos lineamientos que el propio Milei enunció. Será un organismo que definirá la política de seguridad nacional de aplicación obligatoria y transversal a todo el Estado; estará integrado por Cancillería, Defensa, Inteligencia y Economía, y establecerá un marco para la protección de la infraestructura crítica y para la protección aeroespacial y marítima. Tendrá facultades especiales para responder con herramientas económicas y diplomáticas frente a actores estatales y no estatales que amenacen la seguridad nacional.

No es la primera vez que en la administración de LLA se habla de la creación de un consejo de seguridad nacional. En marzo del año pasadoTN publicó que se estaba trabajando en esa iniciativa y señaló a María Ibarzábal Murphy –secretaria de Legal y Técnica– como la autora del proyecto. El dato es relevante porque muestra que no hubo cambios sustanciales, sino un sentido de oportunidad para avanzar hacia transformaciones que se muestran como copias de las estructuras de los Estados Unidos.

El tema llegó a discutirse en el Gabinete y, en medio de la interna que por entonces libraban Patricia Bullrich y Santiago Caputo por el control de la seguridad y la inteligencia, ella dio el primer batacazo. Fue entonces cuando decidió que su cartera pasara a denominarse Ministerio de Seguridad Nacional. La modificación se hizo a través del decreto 58 de febrero de 2025. Por alguna razón, el tema quedó latente y volvió a reactivarse después de que la cuestión Malvinas entrara definitivamente en la agenda pública, tras que un grupo de jugadores de la Selección hiciera flamear una bandera que decía que las Malvinas son argentinas tras derrotar a Inglaterra en el Mundial.

El modelo a seguir es el de Estados Unidos. En 1947, la National Security Act (Ley de Seguridad Nacional) implicó la creación de la Agencia Central de Inteligencia (CIA), la unificación de las fuerzas militares con tres departamentos ejecutivos distintos y la conformación del Consejo Nacional de Seguridad (NSC).

La misión primordial del NSC es la de asesorar al Presidente. En plena posguerra –y mientras Estados Unidos emergía como gendarme del mundo–, se creó un cuerpo que integrara las políticas doméstica, internacional y militar relacionadas con la seguridad nacional.

El funcionamiento del NSC suele variar de administración a administración. Si hay un jefe del Departamento de Estado –diplomacia– lo suficientemente fuerte, se lleva todo. Pero está integrado, en general, por el Presidente, el vicepresidente, el secretario de Estado, el secretario de Defensa –hoy rebautizado de Guerra–, Energía y el Tesoro.

Hay algunos casilleros que jamás podrían llenarse en Argentina. Por ejemplo, el de darle un rol a Victoria Villarruel en una estructura que asesore a quien fue su compañero de fórmula en 2023. Fuentes que conocen el funcionamiento del Gobierno ven la propuesta como irrealizable y se preguntan quién podría ocupar el cargo de consejero –que funciona como coordinador del cuerpo–.

“Todo esto se explica por la decisión de seguir el modelo de los Estados Unidos y cumplir con las órdenes de Trump”, sostiene Sabina Frederic, exministra de Seguridad durante el gobierno del Frente de Todos.

La antropóloga explica que el consejo que el Gobierno quiere crear se solapa con dos estructuras que ya existen. La Ley de Defensa Nacional (23.554) creó el Consejo de Defensa Nacional, que asesora y asiste al Presidente en la determinación de los conflictos e hipótesis de conflicto, así como en la adopción de estrategias. Por otro lado, la Ley de Seguridad Interior (24.059) creó el consejo de seguridad interior con el objetivo de asesorar a quien ocupe el Ministerio de Seguridad. La legislación que forma parte de un consenso democrático para ponerles límites a los militares, a los espías y a los integrantes de las fuerzas de seguridad es un andamiaje que Milei fue corroyendo como el topo que se autopercibe.

El diputado nacional Agustín Rossi expone, por su parte, que con el consejo de seguridad nacional subsiste la preocupación por la inteligencia interior. “Si quisieran dedicarse al tema Malvinas, deberían incorporar un área de ciencia y tecnología, que es lo que ha venido desfinanciando desde siempre el Gobierno”, dice.

En el modelo estadounidense, la CIA no es parte del NSC. En la versión vernácula, lo será –si se aprueba la ley que Milei prometió enviar al Congreso–. La SIDE se exhibió muy activa en los últimos días y recibió su recompensa: por Decreto de Necesidad y Urgencia (DNU), Milei aumentó su partida en más de 30 mil millones de pesos. En pleno Mundial, había recibido otros 49 mil millones de pesos.

Para la diputada Myriam Bregman, el aumento de partidas se explica por la futura creación del consejo de seguridad nacional. Allí, la SIDE juega un rol central en el alineamiento con los Estados Unidos: conformó con el Buró Federal de Investigaciones (FBI) el Centro Nacional Antiterrorismo (CNA) y envió a su número dos, José Lago Rodríguez, a la cumbre antiizquierda que Marco Rubio organizó bajo la excusa de un supuesto resurgimiento del terrorismo político.

Si la de Marco Rubio aparece como una coalición de inteligencia, Milei ya se embarcó en otra militar, como la del Escudo de las Américas, bajo el pretexto de la lucha contra el narcoterrorismo. “La batalla cultural se va militarizando”, dice un viejo conocedor del mundo de la inteligencia.

De todos los anuncios que Milei hizo el jueves, el que puede tener más impacto hacia el interior del país es la conformación del consejo de seguridad nacional, advierte Claudio Pandolfi, docente de la carrera de Seguridad Ciudadana de la Universidad Nacional de Lanús (UNLa). ¿Por qué? Porque habilitaría a declarar como recursos estratégicos nacionales al petróleo y los recursos naturales. “Me preocupa qué pasará con la conflictividad social alrededor de estos recursos. El incremento de fondos a la SIDE no está relacionado con la identificación de empresas que operan en Malvinas: es para el desarrollo de seguridad interior con la excusa de la seguridad nacional. El peligro es que toda actividad que cuestione lo que el gobierno considere como tema relevante de la seguridad nacional pase a ser una actividad terrorista”, puntualiza.

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