Hoy quiero compartir con vos y reflexionar sobre ponerse en el lugar de los demás, tener empatía. Me llama la atención esta cualidad como trato personal. Esta existe con el trato al cliente, empatía infantil o en cada etapa de nuestras vidas.
Estando en Rosario y disfrutando allí, mientras hablábamos con las personas que estaban pescando, este fragmento y creo que me llamó la atención porque la mayoría lo hemos pasado. Tuvimos Covid-19. Mis vecinos, ni siquiera uno se acercó a vernos, si nos faltó comida o sin necesitábamos remedios, pero sí estuvimos en boca de todos y muchos chismearon, y dijeron cualquier cosa menos preocuparse por nosotros, o sea que hubo una falta de empatía en no ponerse en el lugar del otro.
Actuamos totalmente indiferentes al problema, que todos nosotros pasaríamos por esta situación a la larga o corta, con actitud positiva o negativa, que tendríamos que ayudarnos unos a los otros. Así como dice en la biblia, de manera de que si un miembro padece, todos los miembros se duelen con él, y si un miembro recibe honra todos los miembros con él se gozan. Claro, ¿cómo podemos actuar de esta manera si ni leemos las sagradas escrituras? Si nos dolemos, cuando nos toca a nosotros pasar una circunstancia difícil podemos ayudarnos, orar por el otro, pero… ¿qué pasa con mi propio prójimo?
No solo personalmente si no a nivel población, nuestra nación necesita ejercitar esta cualidad de tener empatía con los demás, no tener preferencias con algunos u olvidándose de los marginados o los que padecen hambre. Por esta razón, la diferencia se apodera de nuestro núcleo mundial. En todo el mundo existen hombre y mujeres amadores de sí mismos. Pero finalmente ser todos de un mismo sentir no devolviendo mal por mal, sino todo lo contrario, bendiciendo uno a otro sin mirar a quién y cómo, sino que practiquemos la empatía con todos.
