El equipo de Jorge Almirón suma 14 puntos y está bien posicionado en su zona. El rival se pierde en el fondo de la tabla y mira el descenso con mucha preocupación.
Con goles de Di María y Copetti, los dos en el segundo tiempo, ambos desde cerca, Rosario Central le metió una nueva mano de nocaut al tambaleante Newell’s Old Boys, que día a día mira con más preocupación la tabla del descenso. El equipo de Almirón justificó ampliamente la victoria en el período complementario, y pudo haber obtenido una mayor diferencia.
Newell’s Old Boys llegó a este partido con apenas dos puntos. Había perdido con Talleres, Boca, Defensa y Justicia, Banfield y Estudiantes de la Plata. Tenía cinco goles a favor y 14 en contra. No le había ido bien con la dupla Orsi-Gómez, y tampoco había arrancado bien la semana pasada con Frank Kudelka. Llegó al clásico de Rosario, en su propio estadio repleto, con la ilusión de cortar la cadena de infortunios, pero no pudo ser.
En el comienzo metió, raspó, peleó cada pelota dividida como la última, y hasta tuvo un par de chances clarísimas, las mejores de la etapa inicial. En una no pudieron concretar Nuñez y Ramírez con la defensa de los de enfrente desarmada; y en la otra el palo le negó el gol a Núñez que había metido un potente remate desde la puerta del área. Muy pareja había sido la etapa inicial. Central mostraba sólo ráfagas del juego que es capaz de desarrollar, pero no había podido hacer pesar la clase de Di María, quien jugó lesionado y no pateó ningún tiro libre, ni córner y jugó casi todas cortitas.
Las equivalencias se terminaron a los cinco minutos del segundo tiempo, cuando llegó el primer gol: Avila metió un cabezazo hacia atrás después de un centro de Sández, tras una pelota bien peleada por Fernández, y “Fideo” dijo que la mesa estaba servida: zurdazo cruzado y a cobrar.
El segundo gol lo hizo Copetti, en otra jugada de centro (esta vez Campaz) y peinada en el área a los 35 minutos para liquidar la cuestión. Aunque la realidad es que el equipo local se derrumbó después del primer gol. Mientras la gente cantaba “movete”, los movimientos de los jugadores eran cada vez más apurados, cada vez más imprecisos. Ordenado, tranquilo, el equipo de Jorge Almirón controló sin dificultades los embates atolondrados de su rival. Bien los del fondo, muy bien Ibarra, muy bien Campaz que entró a los 15 minutos de la segunda etapa en reemplazo de Di María.
