Los goles fueron de Palavecino para el campeón y Ruben para el local
Central siempre estuvo cerca; estuvo cerca de ganarle a River; estuvo cerca de romper la racha invicta de Gallardo y compañía; estuvo cerca de convertir a su rival en una sombra; estuvo cerca de redondear una tarde perfecta, pero no.
De pronto apareció Palavecino y metió un hermoso zapatazo, y al rato metió otro zapatazo desde el borde del área y lo que era 2-0 se convirtió en 2-2, y lo que era un recital de música triunfal en las tribunas se convirtió en silencio.
La montaña rusa emocional sobre la que terminaron montados todos fue consecuencia de dominios alternados, de muy buenos pasajes de los dueños de casa, de gran reacción de los campeones y de una notable competencia de golazos.
El mejor debe haber sido el primero de Central. El equipo del “Kily” González defendía con mucho criterio, manejaba mejor la pelota, metía mucha presión en el medio, ensuciaba la salida de River y oxigenaba el toque propio. Entonces llegó el detalle que faltaba.
Vecchio volcado sobre la izquierda le metió un caño a Simón y la tocó hacia el área chica, donde esperaba Marco Ruben para ponerse a tono con la jugada de su compañero. Taco de espaldas. Gol, golazo, que además de todo dejó al hombre como el máximo goleador del club. Central tiene un promedio de edad de 24 años, pero resulta que el de 33 años y que parece medio lento, hace una gran jugada y el de 35 completa la obra. Cosa grande.
