El centrodelantero de 20 años volvió a entrar en la consideración de Gallardo ante la sequía de los atacantes titulares. Pero al jugar en un grande, corre de atrás como también les sucede a los pibes goleadores de Boca, Independiente, Racing y San Lorenzo.
Aunque viene de recibir cuatro goles contra Tigre y encima de local, el gran padecimiento de este River de Gallardo es acaso la falta de gol de sus delanteros. Colidio no grita desde julio, Driussi desde agosto y Salas lo hizo por última vez en octubre. En consecuencia, entre los hinchas millonarios se viene gestando un reclamo que toma cada vez más fuerza: “Poné a Ruberto”.
Ruberto es un nueve clásico. Grandote, referente de área, con buena movilidad para la posición y bastante diferente al prototipo de delantero que viene prefiriendo Gallardo desde el bajón de Borja del año pasado. Tuvo su salto a la fama en 2023 durante el Mundial Sub 17 del cual fue goleador (8 tantos en 7 partidos, incluido un triplete en la semifinal perdida por penales versus Alemania) y ahora, con 20 años, es casi que una “vieja” promesa. El Muñeco lo mandó a la cancha contra Tigre a los 15 del segundo tiempo, con el partido 0-3, y muchos comentaristas de redes sociales lo interpretaron como un gesto desafiante por parte del DT. “Lo quemó”, fue la metáfora más elegida. Ese fue su regreso a la Primera de River tras más de un año, entre lesiones y marginaciones.
La cosa es que Ruberto es un nueve formado en el club y esa característica parece ser mala palabra en los últimos años entre los clubes grandes. Para encontrar a un nueve de inferiores en River, Boca, Independiente, Racing o San Lorenzo hay que retrotraerse varias temporadas ya que desde hace rato que la posición es propiedad exclusiva de los refuerzos. Así, por un lado se satisface la demanda interminable de incorporaciones de parte de los hinchas. Y por el otro se le asegura al DT de turno cierta experiencia en un lugar de la cancha donde apostar por un pibe es sólo para valientes (o muy necesitados). Entre tanto, de surgir algún talento impostergable, será rápidamente vendido.
En River, el último nueve formado en la casa que logró asentarse como titular fue Lucas Beltrán (sin tener en cuenta a Driussi, por supuesto, que se fue y volvió años después). Y vaya que le dio réditos al club: fue vendido por 22 millones de dólares a mediados de 2023 luego de apenas un año saliendo desde el arranque. Le tocó competir con Borja, Braian Romero, Rondón… Y tras su partida llegó, por ejemplo, Adam Bareiro. En el medio también tuvo su oportunidad como titular Bautista Dadín (categoría 2006): jugó un partido desde el arranque en agosto del año pasado, brindó una asistencia y lo blindaron con una cláusula de 100 millones. Hoy está a préstamo en Independiente Rivadavia.
En Boca, el último juvenil que logró hacerse del puesto de nueve fue Luis Vázquez, pero con un detalle: lo compraron a Patronato cuando tenía apenas un partido en Primera. “La Vieja” llegó a 38 titularidades entre 2021 y 2023, y terminó perdiendo con su lugar con Darío Benedetto. Si Vázquez no vale, entonces para encontrar un nueve de inferiores casi 100% xeneize hay que irse hasta 2013: Nicolás Blandi. En el medio, pasó sin pena ni gloria un tal Matías Retegui, por ejemplo.
