El “Millonario” venció al “Taladro” con dos goles de Pablo Solari y uno de Miguel Ángel Borja, en el marco de la vigésima fecha. Leandro Garate descontó para el equipo del sur.
River necesitaba derribar una pared invisible que, partido tras partido, parecía bloquear sus avances. Fueron 658 minutos sin anotar un gol de jugada, un muro que había llegado hasta el área rival. La sequía se rompió de forma contundente: un derechazo de Solari al ángulo abrió el marcador y los hinchas, tras un momento de sorpresa, celebraron como si redescubrieran el grito de gol.
El fútbol es así, un juego de rachas y secuencias. Un gol abre paso a otro, y contra Banfield en el Monumental, River rompió la suya. Solari anotó el primero al final del primer tiempo y repitió en el inicio del segundo, en una especie de disculpa hacia los hinchas que habían depositado en ellos su fe durante la Copa Libertadores, y que los recibieron con devoción el martes pasado.
River, aún sin brillar, se soltó y pareció disfrutar el partido, algo inusual este año. Gallardo aprovechó para mandar a la cancha al Pity Martínez y, de manera simbólica, también a Borja y Bareiro, buscando que ambos se redimieran. Sin embargo, en este 2024 nada ha sido fácil para River. Bareiro, quien no ha marcado desde su llegada a Núñez, falló y le sirvió a Banfield el descuento que puso suspenso al partido. Finalmente, Borja anotó el 3-1 sobre el final, un desahogo personal y colectivo para un equipo necesitado de goles en momentos clave.
River no fue brillante, pero este triunfo ante el equipo de Munúa se sintió como un exorcismo. Le ganó a Banfield y también a sus propios traumas: su falta de gol y su inseguridad. Incluso superó un arbitraje errático de Sebastián Martínez, sobrino de Federico Beligoy, quien se dejó llevar por las decisiones de los jugadores, los jueces de línea y el VAR.
Con Villagra mostrando destellos de calidad en la pelea por un puesto, Echeverri soltándose antes de su despedida, Colidio sacrificándose por el equipo, una defensa que, pese a la ausencia de Pezzella, inspira cierta confianza, y un Solari más efectivo como segunda punta que como extremo, River se reencontró con la victoria. Así rompió la pared y comenzó a dar vuelta la página en la Liga y en la tabla anual.
