El equipo local tenía todo listo para la fiesta, con la presentación de su nueva ropa. Y fue el que más propuso pero sobre todas las cosas, el que más se equivocó. Noche inolvidable (para mal) de Marcos Rojo. Los goles, Colidio y Driussi.
Racing sacó a la venta este domingo, horas antes del clásico, su nueva indumentaria Nike. 220 mil pesos la camiseta titular (la denominada “versión jugador”), un precio que dejó a la mayoría de sus hinchas en offside. Y eso que todavía no habían visto el pifie de Marcos Rojo que habilitó el primer gol de River. Un error que le salió carísimo al equipo de Gustavo Costas, ahora más complicado para llegar a playoffs. Por el Millonario, el 2-0 fue su quinto triunfo en fila en el torneo desde la llegada de Coudet. Para el Chacho, primeros los resultados, más tarde vendrá el buen juego.
Fue una noche de muchas exigencias para los locales, empezando por sus hinchas, llamados a la acción desde temprano con los regresos al Cilindro de varios ex en el lado de enfrente y, sobre todo, con el esperado recibimlento a Maravilla Martínez post penal errado vs. Independiente y citas bíblicas de por medio. Y la gente, muy rápida de reflejos, superó la para nada fácil prueba de alternar reacciones: silbido-aplauso-aplauso-aplauso-silbido fue la combinación dedicada a Acuña-Moreno-Coudet-Quintero-Salas. Para Maravilla, como se esperaba, sólo hubo amor.
Dentro de la cancha, la historia fue otra. Muy poco avispado anduvo Solari a los seis minutos, mano a mano con Beltrán (remató al bulto) tras una recuperación de Maravilla (y error de Moreno). Y ni hablar de Rojo, quien volvió a alimentar su fama de mancarse en las citas importantes. A la carrera con Colidio, quiso barrerse y despejar con su pierna menos hábil. El resultado, un pifie de escándalo y la gentileza para el 1-0 de River.
El gol respondió muy poco con lo sucedido en el primer tiempo. Tan flojo fue lo de River que Coudet se movió más que Costas, un especialista en transpirar del otro lado de la línea de cal. Al Millonario se lo vio superado en el mediocampo, incómodo por la presión muy activa de Racing y el Chacho intentó acomodar (desperter) a los suyos sin cesar. Pero ojo, hay que contemplar que Costas quizá haya ganado en la sumatoria final de pasos de su GPS desde que el árbitro Zunino empezó a tomar protagonismo desmedido con las famosas “chiquitas” que levantaron mucho la temperatura del estadio.
Lo que sí hizo muy bien River fue manejar el segundo tiempo, pero no a través de la pelota sino de los ánimos. Con jugadores e hinchas obsesionados con el arbitraje, la visita silbó bajito y sacrificó el cuerpo cuando fue necesario. Desde Beltrán haciendo tiempo hasta Martínez Quarta poniendo la cara para ligarse un piñón de Rojo. Expulsión vía VAR y noche completita del exBoca, quien vio desde el vestuario el 2-0 final de Driussi, gentileza de García Basso. Nuevamente, Racing se la hizo muy fácil a River.
