miércoles, febrero 4, 2026

La omisión nos ciega.

Cuando la omisión llega a nuestras vidas, no nos deja ver y nos impide conducirnos tal como somos o de expresar la verdadera esencia del ser humano.

Podemos definir OMISION como: el bien que podemos hacer y no hacemos. Y es tal vez uno de los más grandes errores que cometemos involuntariamente; porque si hago lo malo y digo que es bueno, ¿será correcto o incorrecto?

Será voluntariamente dejar de cometer alguna cosa por omisión, quizás de hacer algo mínimo como ver el papel tirado en el suelo que no recogemos porque fue otro quien lo tiro.

Justificamos nuestras indiferencia diciendo, “eso no tiene que ver conmigo” o “yo no tengo la culpa” y otras frases que adormecen nuestra conciencia ante aquello que pudiendo hacer, y no lo hicimos; como no enjugar las lágrimas de nuestro prójimo por no querer involucrarnos o al no compartir un pedazo de pan, por solo el hecho de que nadie nos regaló y lo obtuvimos con nuestro propio esfuerzo; la herida que no quisimos curar; la palabra de aliento que no dimos; la oración que no elevamos en el preciso momento o el perdón que no ofrecimos.

El tiempo que le negamos a alguien hablar, diciéndole los ocupados que estamos y lo mucho que hay que hacer, pero no nos damos cuenta que vivimos creyendo que con hacer lo que nos toca y no hacer mal a nadie, ya somos buenos y nos hemos ganado el cielo.

Al contrario si hacemos lo que no nos cuesta, somos igual que los demás. No nos engañemos a nosotros mismos, hoy te invito a que seamos hacedores de la palabra y no solo oidores de ella. Dejemos toda omisión y comencemos hacer lo correcto ante los ojos de Dios porque esta es su perfecta voluntad para con los hombres aquí en la tierra.