Las negociaciones de EE.UU. con Delcy Rodríguez y el desaire a Corina Machado obligó a la Argentina a modificar su discurso.
El incomprensible regreso anticipado de Javier Milei desde Oslo –mientras María Corina Machado viajaba a escondidas para agradecer el Nobel de la Paz que en su nombre acababa de recibir su hija– no fue el único suceso en el que Argentina quedó off side respecto a los deseos y estrategia de Donald Trump. A contramano del pedido argentino, el estadounidense excluyó a Machado de la gestión venezolana y prefirió negociar con la vicepresidenta de Nicolás Maduro, Delcy Rodríguez, con quien acordó una transición sin plazo. Luego, la Argentina para mantener su alineamiento con la Casa Blanca tuvo que acomodar su discurso y le soltó la mano a Machado aunque algunos funcionarios mantienen todavía vínculos con ella. El mismo día en que la Comunidad Europea votó a favor del acuerdo con el Mercosur, el presidente Lula da Silva decidió dejar de custodiar la embajada argentina en Caracas obligando a Buenos Aires a buscar de apuro un reemplazo probablemente en Italia (ver aparte). Como era de esperar, Lula y Milei quedan en polos enfrentados. La sorpresa es que mientras Argentina no tiene embajador y redobla declaraciones altisonantes contra el chavismo, Donald Trump envía a sus negociadores para volver a tener representación diplomática y profundiza el vínculo en lugar de alejarse. Tampoco hay certeza sobre qué pasará con los tres detenidos argentinos, entre ellos el gendarme Nahuel Gallo.
Además, Milei apuró su posición y promovió la asunción de Edmundo González Urrutia y Corina Machado. En su línea, Patricia Bullrich vitoreó la intervención en un acto ante venezolanos residentes que tuvo lugar en el Obelisco y celebró en forma anticipada un rol protagónico que no les dará Trump ni a Urrutia ni a Machado. Bullrich hablaba según su histórico posicionamiento y tras la declaración de Cancillería y de la Oficina de Prensa del Presidente en un comunicado oficial emitido el 3 de enero, día de la invasión: “Con la caída de Maduro, el presidente Milei expresa su apoyo para que las autoridades legítimamente electas por el pueblo venezolano en las elecciones celebradas en 2024, y en especial el presidente electo Edmundo González Urrutia, puedan finalmente ejercer su mandato constitucional conforme a la voluntad popular, expresadas en las urnas, destacando también el liderazgo de Machado, Premio Nobel de la Paz, en la defensa de la democracia y la libertad en Venezuela”.
Argentina también quedó fuera de línea al poner en la lista de narcoterroristas al Cartel de los Soles y más aún cuando Carlos Cherniak, embajador ante la OEA, aseguró que Nicolás Maduro era el jefe de esa agrupación cuya existencia negó la Justicia de Estados Unidos al cambiar la carátula en su contra. El otro yerro fue la negación de Milei sobre la toma de poder americana para hacerse del petróleo de Venezuela. Sin disimlo Estados Unidos dispone qué empresas pueden ingresar y cuáles no, anunció que comercializará el crudo del que será único receptor y se quedará con la exclusividad del intercambio económico a partir de los ingresos por esas ventas.
En ese marco decanta una obvia presunción para la que el Gobierno no da respuesta: ¿el silencio posterior y el apoyo a la asunción de la presidencia por parte de Delcy Rodríguez fue una orden explícita de la gestión Trump, un pedido o sugerencia o directamente un alineamiento automático tras las declaraciones del presidente de Estados Unidos? Sorprendentemente –o no– la mirada de Trump sobre Rodríguez se ha vuelto por ahora favorable. Diplomáticos de carrera, de los excluidos en el Palacio San Martín, aseguran que es una posición simplemente automática que no se analiza ni discute, simplemente se ejecuta.
El martes el canciller argentino Pablo Quirno habló con Marcos Rubio, el poderoso secretario de Estado norteamericano. La versión oficial señaló el agradecimiento al apoyo argentino como única razón de la comunicación. De inmediato Buenos Aires acomodó el discurso y le soltó la mano a Corina Machado mientras Quirno se ocupaba personalmente de desmentir que Milei hubiera pedido a su par francés Emmanuel Macron la conformación de un frente en apoyo a la asunción de González Urrutia.
La sucesión de episodios en tierra bolivariana y de las declaraciones oficiales no hacen más que confirmar la sinceridad de Milei respecto a su política exterior y al vínculo con Estados Unidos. De todos modos se mantiene el contacto entre algunos funcionarios y María Corina Machado aunque en público evitan expresarse a su favor. Argentina acompaña los vaivenes trumpistas y las recomendaciones que desde Washington emanan hacia Buenos Aires en formato de papers con información que en la mayoría de los casos es catalogada como confidencial.
En una entrevista grabada el 30 de diciembre –y difundida por la cadena CNN recién el viernes– el Presidente argentino había anticipado su apoyo a cualquier intervención de Estados Unidos sobre Venezuela. En esa misma charla reiteró su intención de liderar y construir en la región una alianza de derecha.
Esta última semana, en la que el Gobierno pagó el swap que le otorgó Estados Unidos y recibió a cambio nuevos elogios públicos del embajador Peter Lamelas, Argentina confirmó la firma del acuerdo comercial con quita de aranceles. El pendiente no permite dudas frente a las oscilaciones de Donald Trump.
“La señorita que ganó el Nobel” describió el presidente de Estados Unidos a Corina Machado después de considerar que no tiene ni el respeto ni el poder de conducción necesarios para comandar esta etapa que llamó de transición y que no tiene plazo de ejecución a la vista. Tal como dijo el mismo Trump prefirió pactar con los hermanos Rodríguez que quedaron a cargo de la Presidencia y del Parlamento mientras que Corina Machado hará un último intento por acercarse y en los próximos días viajará a Estados Unidos. “Podría involucrarse de alguna manera. Es muy bueno que quiera venir” respondió Trump sobre la dirigente que reclama haber sido electa vicepresidente en las elecciones que Nicolás Maduro se atribuyó dos años atrás cuando no mostró las actas del escrutinio.
En ese marco, cada vez que menciona a la venezolana, Trump admite su frustrado deseo de ganar el Nobel de la Paz. “Noruega… está muy avergonzada por lo que sucedió. Quieran a Trump o no lo quieran, yo detuve ocho guerras. No puedo pensar en nadie que en toda la historia haya merecido el Nobel más que yo. A Obama le dieron el Nobel y él no tenía ni idea por qué”. Corina Machado ofreció pasarle la distinción que de todos modos es instransferible.
En paralelo, Argentina hace los deberes que le piden. Este viernes saldó el swap con Estados Unidos, celebró el acuerdo de la Unión Europea con el Mercosur y el radical Alejandro Cacace –exdiputado nacional y actual secretario de Desregulación bajo el ala de Federico Sturzenegger– reconfirmó el anuncio de noviembre sobre la inminente firma del dilatado acuerdo comercial que incluiría aranceles cero para algunos productos.
Cuando Cacace afirma que “ya está listo” se infiere que fueron saldadas las diferencias del lado argentino como el pago de patentes a los laboratorios. Pero también, según supo PáginaI12, en las últimas horas se bajó la indicación a distintas áreas –Agricultura, Inase y Senasa– para que retomen el trabajo en pos de impulsar una nueva ley de semillas. La iniciativa, incluida en el capítulo “propiedad intelectual” del acuerdo comercial, fue una exigencia americana a gestiones anteriores –como la de Sergio Massa en Economía– que vuelve a tener luz verde.
Lo que volvió también es el lobby para frenar la resistencia de los productores a pagar regalías y al mismo tiempo las reuniones del oficialismo para anticiparse y evitar el reclamo del campo. La idea sería que la discusión arranque cuando el Congreso haya definido la reforma laboral y el paquete enviado por el Presidente para las sesiones Extraordinarias. Para evitar traspiés, los libertarios programan ahora de a una batalla a la vez.
