El ministro de Economía admitió que le “preocupa” la velocidad del rebote de la actividad.
El ministro de Economía, Luis Caputo, admitió que le “preocupa” la velocidad del rebote de la actividad y reconoció que el índice de precios de marzo podría ubicarse por encima del mes anterior.
“Por ahí el EMAE de febrero da para abajo, por ahí la inflación del mes pasado, por la nafta y educación, da más alta, no importa. No nos va a desviar del rumbo”, señaló el funcionario durante su exposición en la Bolsa de Comercio de Rosario. La definición implica un reconocimiento explícito de que la economía real no termina de consolidar una recuperación sostenida, en un contexto donde el consumo sigue débil y los indicadores muestran señales de enfriamiento.
Caputo fue más allá y planteó su inquietud sobre el ritmo del crecimiento. “Me preocupa la velocidad de la recuperación. Tenemos potencial para estar creciendo al 9 o 10 por ciento”, afirmó. La declaración contrasta con el discurso oficial que venía destacando una reactivación en marcha y pone en evidencia las dificultades para trasladar la estabilización macroeconómica a la dinámica cotidiana de la economía.
También sostuvo que las resistencias al modelo aumentan a medida que mejora la situación económica. “Hay una porción de la sociedad que estaba cómoda con el modelo anterior”, planteó, en línea con el argumento oficial que atribuye las críticas a intereses afectados por el cambio de rumbo.
Uno de los ejes centrales de su exposición fue el debate sobre el tipo de cambio. Caputo rechazó de manera tajante los planteos de devaluación para ganar competitividad y apuntó contra economistas y dirigentes que impulsan esa alternativa. “Encuentro patético a los que dicen eso. Le toman el pelo a la gente”, afirmó, y elevó el tono al asegurar que quienes proponen una devaluación “no saben o lo hacen porque les pagan”. En ese marco, el ministro sumó un exabrupto: “Cuando piensan que la solución es devaluar me dan ganas de cagarlos a patadas en el culo”.
El trasfondo de esa discusión es un esquema cambiario que, hasta el momento, logró mantener cierta estabilidad. Según el propio ministro, sin intervención oficial el dólar se ubicaría en torno a 1.100 pesos, lo que sugiere un tipo de cambio contenido por la acción del sector público. En paralelo, el Banco Central viene acumulando compras por más de 4.000 millones de dólares en el año, aunque parte de esas divisas se destinaron al pago de vencimientos externos.
En materia fiscal, Caputo reiteró su intención de avanzar hacia una reducción de las retenciones al agro, aunque reconoció los límites que impone el equilibrio de las cuentas públicas. “Me encantaría bajarlas a cero mañana, pero en el corto plazo generaría déficit”, señaló.
Sobre la inflación, el ministro planteó que la dinámica reciente no altera la tendencia de fondo. Recordó que la recesión comenzó en 2022 y que el piso de la actividad se alcanzó en 2024, para luego dar paso a una desaceleración de los precios. Sin embargo, el reconocimiento de que marzo podría mostrar una suba interrumpe la narrativa de baja sostenida y refleja el impacto de aumentos puntuales en rubros como combustibles y educación.
En ese sentido, Caputo insistió en que la evaluación del proceso debe basarse en los datos oficiales y no en percepciones. Sostuvo que la macroeconomía es el resultado agregado de las realidades microeconómicas y que, si los indicadores generales mejoran, eso debería reflejarse en promedio en los distintos sectores. No obstante, también admitió que dentro de una misma actividad existen desempeños dispares.
Esa heterogeneidad se observa, por ejemplo, en la industria, donde conviven empresas que logran sostener su actividad con otras que enfrentan caídas o directamente cesan operaciones. El propio ministro mencionó el caso de una firma del sector neumático y lo atribuyó a una decisión empresarial, desligando al contexto macroeconómico.
El balance de la exposición dejó en evidencia una tensión central del programa económico: mientras el Gobierno busca mostrar logros en materia de estabilidad y orden fiscal, la recuperación de la actividad aparece más lenta de lo esperado y la inflación aún muestra resistencias.
