lunes, marzo 2, 2026

El reconocimiento argentino al “cónsul de los desaparecidos” que salvó más de 300 vidas

El acto estuvo conducido por Claudio Marín, secretario general de FOETRA, quien recordó la militancia, la solidaridad y el accionar clandestino que rodeó la resistencia contra la dictadura también dentro del movimiento sindical.

A casi medio siglo del terror que implantó en Argentina la última dictadura cívico militar eclesiástica, la memoria vuelve a encontrar un punto de encuentro en quienes, desde distintos lugares del mundo, arriesgaron todo para salvar vidas. Ayer, en la sede porteña de FOETRA, el Patronato INCA —la delegación local de la Confederación General Italiana del Trabajo— homenajeó a Enrico Calamai, el exvicecónsul italiano en Buenos Aires, conocido como “el cónsul de los desaparecidos”, figura clave de una red que logró poner a resguardo a más de 300 personas perseguidas por el terrorismo de Estado.

El acto estuvo conducido por Claudio Marín, secretario general de FOETRA, quien recordó la militancia, la solidaridad y el accionar clandestino que rodeó la resistencia contra la dictadura también dentro del movimiento sindical. Calamai, conectado por videoconferencia desde Roma, Italia, recibió el título de socio honorario del Patronato INCA de parte de Alfredo Llana, el presidente de la sede argentina de la agrupación.

Se trata de un reconocimiento “al valor cívico de quienes, representando al Estado italiano en el extranjero, decidieron no ignorar una de las peores tragedias del siglo XX”, puso en palabras la organización.

“En tiempos en los que conceptos como dignidad y empatía, cooperación y trabajo parecen fuera de moda, recordar conductas y hazañas como las de Enrico me parecen fundamentales”, destacó Llana.

El encuentro permitió reunir al propio Calamai con algunos de les sobrevivientes a quienes rescató del genocidio argentino. Además, estuvo presente el Premio Nóbel de la Paz Adolfo Pérez Esquivel. La Madre de Plaza de Mayo Taty Almeida y la presidenta de Abuelas de Plaza de Mayo, Estela de Carlotto, enviaron mensajes celebratorios.

“Quiero celebrar a este hombre extraordinario, que tanto hizo por los activistas perseguidos por la brutal dictadura que asoló nuestro país”, dedicó Carlotto, quien destacó a Calamai como una persona que “merece este homenaje”. “Sin sus actos valientes y humanos, muchas de las historias de nuestros compañeros que vivieron en el exilio jamás habrían existido. La ayuda internacional fue crucial en esos primeros años de la brutal dictadura. Nosotras, las Abuelas de Plaza de Mayo, viajamos mucho, compartiendo nuestra historia, nuestra investigación, y fueron personas como Enrico las primeras en escucharnos”, remarcó.

Presente en el acto estuvo Miguel Santucho, integrante de Abuelas y hermano de Daniel Santucho, nieto restituido. Taty Almeida, de Madres de Plaza de Mayo Línea Fundadora, también mandó un saludo cálido para “nuestro muy querido compañero Enrico”, lamentando no poder asistir por tener otra actividad simultánea en la ex ESMA.

El cónsul de los desaparecidos

Enrico Calamai llegó a Buenos Aires por primera vez en 1972, tras estudiar Economía e iniciar en su país la carrera diplomática, pisó Buenos Aires como vicecónsul. Según reconstruyó Elena Llorente en esta nota, un año después fue enviado a Santiago de Chile, tras el golpe de Estado de Augusto Pinochet. Allí logró trasladar a Italia a 412 perseguidos que se habían refugiado en la embajada italiana. Regresó a Argentina en pleno golpe de Estado local y allí, junto con un sindicalista –Filippo Di Benedetto– y un periodista –Giangiacomo Foà–, ambos italianos, construyeron una red secreta que articuló contactos, gestionó documentación y organizó escapes. El objetivo: salvar a quienes ya estaban marcados por la maquinaria represiva.

Las acciones fueron variadas y arriesgadas: otorgar pasaportes o certificados que permitieran a los perseguidos salir del país; alojar clandestinamente a personas dentro del propio Consulado durante semanas o meses; realizar traslados en autos diplomáticos para atravesar controles militares; e incluso interceder directamente por detenidos en cárceles legales e ilegales. Fueron más de 300 las personas rescatadas de las garras del terrorismo de Estado.

“Yo milité durante toda la clandestinidad y no sabía que Calamani había logrado sacar a tantos compañeros”, se sinceró Claudio Marín, de FOETRA, en diálogo con Página/12 tras el homenaje. “Resulta entendible no haberlo sabido mientras sucedía, pero no saberlo después da cuenta de una humildad notable por parte de él y de los que lo rodean”, amplió.

Dos sobrevivientes que recibieron ayuda de Calamai para salir del cautiverio y emigrar a Italia y el hijo de otro que pudo construir una vida en ese país tras el genocidio argentino participaron del homenaje y pudieron agradecerle al diplomático por la ayuda.

Entre lágrimas, el octogenario Francisco Nigro miró a la pantalla desde donde, del otro lado del Atlántico, participaba Calamai, y le dijo “Vos me salvaste”. Nigro, delegado sindical, estaba preso en Devoto en plena dictadura, cuando Calamai lo fue a ver. “Soy Enrico Calamai, vice cónsul de Italia. Le vengo a avisar que desde hoy queda en libertad con la condición de viajar a Italia inmediatamente”, le dijo el diplomático tras un apretón de manos.

“Era natural estar algo enamorada de Calamai, que con sus ojos verdes había aparecido de la nada y me había arrancado de la muerte” , resumió durante el homenaje Wanda Fragale, sobreviviente que pasó por “Capucha”, en la ESMA. Santiago Camarda, otro de los expositores en el homenaje, le agradeció la vida a Enrico. “Si mi papá no hubiera sido rescatado, yo no existiría”, destacó el hombre que nació en Italia años después de que su papá, Claudia Camarda, militante de la JP, dejara para siempre Argentina. Antes de que pisara Italia, Calami lo mantuvo escondido en el consulado por tres meses.

A Calamai lo desplazaron de su cargo en marzo de 1977. “Fue un grandísimo dolor para mí, una experiencia lacerante el haberme ido sabiendo que aquella puerta que habíamos abierto la querían cerrar a pesar de que seguía sucediendo todo en Argentina. Fue una herida que me llevé para toda la vida”, destacó durante el homenaje, al que agradeció “de corazón”.

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