Después del show en Jesús María, viajará a la Costa para participar de la Derecha Fest y hay rumores de que podría ir a la Fiesta de la Chaya, en La Rioja, junto a los Menem.
En los próximos meses, Javier Milei está decidido a dar con fuerza lo que él y su entorno consideran la “batalla cultural”. A eso dedicará, una vez más, su discurso en el foro internacional de Davos -tal como lo hizo en 2024 y 2025- y también, con ese objetivo en mente, el martes que viene estará en Mar del Plata para participar de una nueva edición de la Derecha Fest, el evento que organiza el militante de ultraderecha y presidente de la fundación Faro, Agustín Laje.
Además, corre el rumor de que el mandatario seguirá con sus participaciones en distintas fiestas regionales, como la de la Chaya, en La Rioja, para cantar y seguir dando shows ante un público masivo. Además de hacerlo en el Movistar Arena en octubre -un evento que le permitió motivar a su militancia luego de la derrota en la provincia de Buenos Aires-, también lo hizo la semana pasada, cuando cantó en el festival de Jesús María, en Córdoba, junto al Chaqueño Palavecino.
“Si fuese por nosotros haríamos un show todos los meses”, ironizan en tono jocoso desde el círculo íntimo del Presidente para graficar la utilidad que tiene para el oficialismo ese tipo de eventos. Con ellos, analizan, suman y mantienen adhesiones a su proyecto político.
En Casa Rosada evalúan que el Presidente siga participando de fiestas provinciales, tal como hizo en Córdoba. Uno de los rumores es que podría asistir a la fiesta del Chaya, que se realizará el 13, 14 y 15 de febrero en La Rioja. Un territorio hostil para el partido violeta, ya que allí gobierna Ricardo Quintela, uno de los principales gobernadores opositores.
Si bien por ahora lo de La Rioja es solo un rumor, los primos Martín y Lule Menem sí participarán del evento que organiza la gestión provincial. Es el territorio desde el que Carlos Menem catapultó su candidatura presidencial, y el territorio que ellos sueñan con arrebatarle al peronismo. En esa fiesta cantarán Abel Pintos, Soledad Pastoruti y Ulises Bueno. Todavía es una incógnita si Milei querrá dar su versión del repertorio de alguno de esos artistas.
Tanto en Davos como en la Derecha Fest, en tanto, Milei se centrará en cuestionar, una vez más, a la “ideología woke”. Lo mismo que hace Donald Trump en Estados Unidos. También habrá, por supuesto, críticas a quienes defienden los derechos de las mujeres, de las diversidades y el medioambiente. Según confiaron desde Balcarce 50, el mandatario está escribiendo “él solo” el discurso para ambos eventos.
Además, sobre el texto que leerá en Davos, cerca de Milei dicen que no va a utilizar la ocasión para hacer “un reclamo o posicionamiento geopolítico”, porque “allí están las élites del mundo empresarial y el foco estará más centrado en lo cultural e ideológico”, porque agregan: “Davos no es la ONU”.
El martes por la tarde Milei y su comitiva –compuesta por su hermana, por el canciller Pablo Quirno y los ministros de Economía Luis Caputo y Desregulación Federico Sturzenegger– ya habían aterrizado en Davos y se sacaron una foto todos juntos en la nieve. El Jefe de Estado posó con el mameluco de YPF, el mismo que dice que utiliza para jugar con sus perros en la Quinta de Olivos.
Si bien el mameluco con el que posó Milei es el original, desde la petrolera estatal venden en distintas estaciones de servicio de todo el país sus réplicas. Sucede que los fanáticos del Presidente también quieren tener el suyo.
Desde YPF aseguraron a este diario que, si bien el modelo que está a la venta en las estaciones de servicio es similar al que usa Milei (y también al que usan los playeros que cargan la nafta), el mameluco que ofrecen al público no tiene la protección ignífuga que sí tienen los originales. Lo hicieron así, dicen, para reducir el precio ya que quienes lo van a comprar no tienen gran poder adquisitivo. Es decir, son de las clases populares. Un triunfo que el gobierno se anota como parte de la “batalla cultural”.
En la Libertad Avanza consideran que la única manera de imponer su proyecto político y económico -que busca arrebatar derechos a los sectores medios y populares, destruir el medioambiente, entregar el patrimonio estatal y lograr una subordinación total al gobierno Estados Unidos- es mediante una modificación del “sentido común” de la sociedad y un cambio en los “valores”, “costumbres” y “creencias”. También mediante la creación de nuevos símbolos y de nuevas narrativas. En eso se encuentra trabajando hace años la derecha local y regional y ahora, en el gobierno, intensifican la tarea.
Laje, por ejemplo, admitió en varias de las entrevistas que dio en el último tiempo que el concepto de “Batalla Cultural”, fue robado al pensador Antonio Gramsci. “Es una noción de izquierdas, muy asociada al pensamiento de Antonio Gramsci. Son ellos quienes empiezan a hablar de este concepto, pero en los últimos diez años fueron las derechas las que se han apropiado del término porque esa idea surge en los que están perdiendo, en los que sienten que la cultura les es hostil y frena sus proyectos políticos”, expresó.
Luego, añadió “Cuando la derecha se vio culturalmente derrotada, muy tarde, se dio cuenta de que hay un problema cultural, más allá de lo económico y por eso hay que avanzar”.
Por ejemplo, para avanzar con la privatización de todas las empresas estatales, tal como admiten en Casa Rosada que quieren hacer, es necesario instalar en el sentido común que todo lo estatal “no sirve”. Es el mismo mecanismo que, lejos de ser novedoso, también impulsó el gobierno de Menem en los 90 antes de privatizar, por ejemplo, la Empresa Nacional de Telecomunicaciones de Argentina (Entel), entre otras.
Por otra parte, argumentan que donde hay una necesidad no hay un derecho, contradiciendo la frase de Eva Perón y, en los pasillos de la Casa Rosada aseguran en diálogo con este diario que “el Estado no otorga derechos y la Constitución tampoco”. Es lo que necesitan instalar en el ideario público para, por ejemplo, poder avanzar sin problemas con la reforma laboral que se tratará los próximos días en el Congreso y que terminará con los derechos más elementales que le corresponden a los trabajadores.
