En un país golpeado por la inflación, el desempleo y los escándalos políticos, Javier Milei eligió subirse al escenario del Movistar Arena para presentar su nuevo libro, “La Construcción del Milagro”. Lo que debía ser un acto intelectual terminó siendo un espectáculo insólito: el Presidente cantando con su banda, rodeado de luces, humo y fervor militante, mientras su gobierno atraviesa uno de los momentos más críticos desde su asunción.
Con un operativo policial digno de una cumbre internacional, el evento fue una suerte de homenaje a sí mismo. Milei apareció en escena acompañado por “La Banda Presidencial”, improvisando covers de rock con ayuda de un teleprónter y agradeciendo a su “triángulo de hierro”: Karina Milei y Santiago Caputo, sus principales figuras de confianza.
El acto, más cercano a un recital que a una presentación literaria, buscó recrear la mística libertaria de la campaña 2023, pero el contexto político y social actual lo transformó en un espectáculo desconectado de la realidad. Incluso en medios cercanos al oficialismo, como el programa de Jonathan Viale, se deslizaron críticas por el “festejo fuera de lugar” en medio del caos.
Mientras Milei cantaba, su gobierno se hundía en nuevos escándalos: la renuncia de José Luis Espert tras ser vinculado a una red de narcotráfico, el golpe político por las denuncias de coimas que salpican a Karina Milei, y una sucesión de derrotas en el Congreso por la caída de decretos clave. Todo esto, apenas días después del revés electoral histórico en Buenos Aires y del creciente malestar social frente a los ajustes impulsados por el Ejecutivo.
En este marco, la “construcción del milagro” que el Presidente pretende vender parece cada vez más una ficción, sostenida por la fe ciega de su círculo íntimo y el marketing político. Lejos de los libros de economía o los debates sobre libertad, Milei eligió el camino del show, la autopromoción y el culto personal, mientras el país enfrenta sus propias ruinas.
El libertarismo atraviesa su hora más baja, y el Presidente —más cercano a una estrella de rock que a un jefe de Estado— parece decidido a seguir cantando sobre el Titanic.
