Los costos “de arrastre” en distintos eslabones de la economía presionan el alza de precios. Los productos primarios de origen nacional fueron los que más subieron.
La inflación mayorista volvió a acelerarse en diciembre y encendió algunas señales de alerta hacia adelante. Según informó el Indec, el Índice de Precios Internos al por Mayor (IPIM) registró un aumento del 2,4 por ciento en el último mes del año, impulsado principalmente por las subas en el petróleo y sus derivados. El dato mostró una tendencia al alza de 0,8 puntos porcentuales respecto de noviembre y confirmó que los costos “de arrastre” siguen presentes en distintos eslabones de la economía.
Dentro de la medición, los productos primarios de origen nacional fueron los que más empujaron el índice, con una suba del 2,5 por ciento, luego de haber mostrado una caída en el mes previo. En ese segmento se destacó el aumento del 3,4 por ciento en el petróleo, un insumo clave que impacta de forma transversal en costos logísticos, energéticos e industriales. A su vez, los productos manufacturados nacionales aumentaron 2,6 por ciento, con un salto del 6,3 por ciento en los refinados de petróleo y una suba relevante en alimentos y bebidas, que treparon 3,2 por ciento.
Los productos importados también mostraron una reversión de tendencia: subieron 1,7 por ciento en diciembre, luego de haber registrado una baja en noviembre. A diferencia del Índice de Precios al Consumidor (IPC), el IPIM tiene mayor peso de bienes transables, por lo que resulta más sensible a las variaciones del tipo de cambio oficial. En ese sentido, entre mediados de noviembre y mediados de diciembre —período que toma el IPIM— el dólar mayorista subió 3,4 por ciento punta a punta, aunque el promedio del período mostró una leve baja frente a los 30 días anteriores.
Más allá del dato mensual, el balance anual ofrece otra lectura. En 2025, la inflación mayorista acumuló 26,2 por ciento, menos de la mitad del registro de 2024. La desaceleración interanual refleja el impacto del ajuste económico y la caída de la demanda, aunque también deja en evidencia que la dinámica de precios sigue siendo inestable y sensible a shocks sectoriales, especialmente en energía y alimentos.
En paralelo, los costos de la construcción continuaron mostrando aumentos, en un contexto donde materiales, mano de obra y gastos generales siguen ajustándose por encima del promedio. Si bien el sector viene de un fuerte parate en términos de actividad, la estructura de costos no terminó de acomodarse y limita una recuperación rápida del rubro.
De cara a enero, los primeros datos de inflación muestran señales mixtas. El IPC de diciembre cerró en 2,8 por ciento, el valor más alto desde abril, y marcó el octavo mes consecutivo sin bajas, aunque el acumulado anual de 31,5 por ciento fue el menor en ocho años. El foco vuelve a estar en los alimentos.
Según la consultora LCG, entre el 7 y el 14 de enero los precios de Alimentos y Bebidas subieron 0,5 por ciento, con un fuerte peso de las verduras, que explicaron el 36 por ciento del incremento semanal, impulsadas por subas del 2,1 por ciento. También se registraron aumentos en aceites, mientras que bebidas y lácteos mostraron bajas. Por su parte, Eco Go midió una suba semanal algo mayor, del 0,8 por ciento, y coincidió en señalar a las verduras frescas, aceites, papas y carnes como los principales factores de presión.
Estos datos contrastan con lo ocurrido en diciembre, cuando los alimentos aumentaron 3,1 por ciento, traccionados especialmente por la carne en el contexto de las fiestas. De mantenerse la tendencia, la inflación de enero podría ubicarse por encima del 2 por ciento, aunque con una desaceleración en el ritmo de aumento.
2026 comenzó con la inflación en un sendero más bajo que años anteriores. La evolución de los precios mayoristas, los costos de la construcción y, sobre todo, de los alimentos seguirá siendo clave para determinar si la desaceleración logra consolidarse o si vuelven a aparecer tensiones que impacten en el bolsillo de los hogares.
