Promueve una beca de una institución privada fundada por su mentor, mientras la educación pública se desmorona
El presidente Javier Milei vuelve a estar en el ojo de la tormenta, esta vez por prestar su imagen a la “Beca Presidencia de la Nación”, lanzada por la Escuela Superior de Economía y Administración de Empresas (Eseade), una universidad privada creada por Alberto Benegas Lynch, uno de los máximos referentes del liberalismo argentino y mentor del mandatario.
La beca, que cubre el 100% de los aranceles, está dirigida a estudiantes interesados en carreras que defienden los principios de la escuela austríaca, el libre mercado y la propiedad privada. Sin embargo, la controversia radica en que Milei, en vez de fortalecer la educación pública, avala con su figura una campaña que beneficia a una institución privada con la que tiene lazos personales y políticos profundos.
¿Educación o propaganda encubierta?
La campaña publicitaria incluye afiches en toda la Ciudad de Buenos Aires con la imagen del presidente, la banda presidencial y un código QR que redirige a la universidad. Aunque Eseade insiste en que la beca es financiada con fondos privados, la presencia de Milei en la promoción genera dudas: ¿se está usando la investidura presidencial para apuntalar un proyecto educativo que solo está al alcance de quienes comulgan con su ideología?
Resulta difícil creer que no haya un intento de instrumentalizar el poder del Estado con fines partidarios, sobre todo considerando que Milei recibió en 2022 un Doctorado Honoris Causa de la misma institución. La relación con Benegas Lynch, sumada a la visibilidad que otorga la figura presidencial, deja entrever un posible uso de recursos públicos para promocionar un espacio de formación excluyente, en un contexto donde las universidades nacionales enfrentan recortes brutales.
Desprecio por la educación pública
Mientras Milei apoya con entusiasmo una beca para una universidad privada de nicho, las universidades nacionales atraviesan una de las peores crisis de financiamiento en décadas. Los docentes y estudiantes de todo el país denuncian que las partidas presupuestarias son insuficientes, que los edificios se caen a pedazos y que los salarios docentes no alcanzan para cubrir la canasta básica.
La decisión del presidente de prestar su imagen a una institución que solo beneficia a quienes puedan adaptarse a su pensamiento ultraliberal es una muestra más del desinterés por garantizar una educación de calidad y accesible para todos los argentinos. En lugar de impulsar medidas para fortalecer el sistema educativo público, parece estar más preocupado por perpetuar su discurso y consolidar su influencia ideológica en las nuevas generaciones.
Una presidencia al servicio del marketing personal
Este episodio refleja, una vez más, la confusión deliberada entre lo público y lo privado que caracteriza a la gestión de Milei. Su gobierno, lejos de buscar la equidad y el bienestar general, parece estar diseñado para beneficiar a su círculo más cercano, utilizando la figura presidencial como un activo publicitario.
Mientras tanto, millones de estudiantes ven peligrar su derecho a estudiar, las escuelas y universidades luchan por subsistir y la educación argentina retrocede a pasos agigantados. Todo mientras el presidente promociona becas para una universidad privada que funciona como fábrica de fanáticos de su modelo de ajuste y miseria.
¿Hasta cuándo seguirá Milei usando la presidencia para alimentar su culto personal, mientras abandona al pueblo argentino a su suerte?
