Envió a Presti, el ministo de Defensa, a participar de una Conferencia Anticárteles de gobiernos de derecha que se hizo en el Comando Sur. La ley argentina prevé que la lucha contra el narco es competencia del Ministerio de Seguridad.
En el marco del alineamiento automático de la Casa Rosada con la Casa Blanca, el ministro de Defensa, Carlos Presti, firmó -sin tener competencia alguna- una declaración conjunta con 20 países sobre la seguridad y el combate al narcotráfico. “La ley argentina es clara en cuanto a que todo lo que tiene que ver con el delito, entre ellos el narcotráfico, es materia del Ministerio de Seguridad, no de Defensa. De manera que Presti está en un lugar que no corresponde”, sentenció el exministro de Defensa, Agustín Rossi. De la reunión -realizada en la sede del Comando Sur en Miami- fueron excluidos Brasil, México y Colombia, con gobiernos progresistas, de manera que quedó claro el objetivo de alinear a las administraciones de derecha. El encuentro es la previa de la reunión de doce mandatarios, también de derecha, de la que participará Javier Milei este sábado. La cumbre va a ser encabezada por Donald Trump y se hará en el resort, El Doral, de su propiedad, también en Miami. Para que quede claro el espíritu de estas alianzas, el secretario de Defensa norteamericano, Peter Hegseth, dijo que “Estados Unidos está dispuesto a afrontar las batallas solo, incluso pasar a la ofensiva, pero preferimos hacerlo con los países aliados. Tenemos un origen común: somos occidentales, somos cristianos”. En el trasfondo de estos encuentros está incentivar la participación de militares en seguridad interior y, en especial, limitar la presencia de China en el continente.
El título del encuentro en el que participa Presti es Conferencia Anticárteles, por lo que queda claro que se refiere al delito organizado, no a una cuestión de Defensa. Las sucesivas administraciones de Washington vienen impulsando la participación de militares en la lucha contra el narcotráfico, asimilándolo al terrorismo. Narcoterrorismo es el término que utilizan para justificar la utilización de militares y para hundir y matar, sin juicio alguno, a los que transitan zonas del Caribe. Hegseth, un experiodista devenido en halcón de Trump, tuvo hasta una frase provocadora: “Por primera vez estamos a la ofensiva contra los narcos. Ya no tenemos lanchas para hundir”. En todas estas frases y análisis omite mencionar que el problema de fondo son los millones de consumidores de Estados Unidos y ahora la siniestra moda del fentanilo. Pese a esa situación, nunca se habla ni de los narcos norteamericanos ni de las armas norteamericanas que son la base de la violencia de los cárteles.
En cualquier caso toda la estrategia del uso de militares para la lucha contra el narcotráfico ya produjo desastres en Colombia y México, donde los uniformados no sólo se sumaron a los cárteles sino que en algunos casos terminaron siendo los líderes. Además, está claro que Estados Unidos utiliza el argumento para influir en cada uno de los países y avanzar sobre los recursos naturales.
Por caso, el canciller Pablo Quirno firmó en febrero un acuerdo por el cual se le dan ventajas a los Estados Unidos respecto del litio y otros minerales críticos argentinos.
La ley 23.554 es muy clara y establece que la función de las Fuerzas Armadas es “enfrentar las agresiones de origen externo”, es decir las agresiones de otros países. La ley 24.059 señala que la seguridad interna corresponde a las fuerzas policiales y de seguridad. Eso significa que la lucha contra el narcotráfico es competencia del Ministerio de Seguridad, no el de Defensa. Además, las cosas son aún más cristalinas en los decretos de reglamentación de las leyes: la prohibición de participación de los militares en seguridad interna es categórica.
Como es obvio, Presti sabía que estaba en terreno pantanoso y, por lo tanto, cuando le tocó intervenir, habló de que “la Argentina tiene un compromiso con la seguridad y la estabilidad de nuestro hemisferio. Los Estados del continente enfrentamos amenazas de naturaleza similar, quizás con distinta intensidad, pero afectan a nuestros ciudadanos, nuestros bienes, nuestros recursos y nuestras infraestructuras críticas. La Argentina ocupa un lugar clave en el extremo sur de nuestro continente”. Como se ve, una declaración general, abstracta.
Sin embargo, Presti terminó firmando una declaración referida al narcotráfico, aunque imprecisa. Se reafirman los vínculos de cooperación para enfrentar al narcoterrorismo y se menciona, para esquivar cuestionamientos hasta judiciales, que se respetarán las soberanías de los distintos países y sus leyes respectivas.
Más allá de la reunión en el Comando Sur y la letra de lo firmado, la política de Javier Milei es de sumisión a Washington e incluso personalmente, a Donald Trump. Hay una sintonía ideológica y también la reciprocidad frente al hecho de que el presidente norteamericano, con un oscuro swap, salvó a Milei de la derrota en octubre pasado. Trump se lo recuerda cada vez que se ven y lo trata como una especie de súbdito.
En función de la sintonía, el presidente argentino viajará a Miami este viernes y, a partir del sábado, estará con otros 11 presidentes latinoamericanos de derecha en un encuentro con Trump. Los más conocidos son Daniel Noboa, de Ecuador; José Antonio Kast, el presidente electo de Chile; el mandatario de Paraguay, Santiago Peña, y Nayib Bukele de El Salvador. Escudo de las Américas es el nombre que se le puso a la cumbre, le sumaron consignas como “libertad, seguridad y prosperidad en la región” y hasta hay una humorada con la sigla MALGA, Make America Latina Great Again, una especie de pariente de MAGA, Make America Great Again.
Por supuesto que habrá un respaldo a la acción militar de Estados Unidos e Israel contra Irán y será tácito que debe haber limitaciones a la presencia de China en el continente. Como es obvio, igual que en la cumbre de Defensa, también estarán excluidos Brasil, México, Colombia, Guatemala y, sobre todo, Venezuela, Cuba y Nicaragua.
Está claro que los 12 presidentes aceptaron gustosos la invitación a El Doral, pero casi todos saben que no es el mejor momento para exhibirse con Trump. En los distintos países, la mayoría se opone a la guerra lanzada por el presidente norteamericano y es sabido también que Trump está muy mal posicionado en las encuestas dentro de su propio país. Es más, todo indica que el mandatario trata de tapar con las políticas internacionales el fuerte desprestigio y la oposición que enfrenta dentro de Estados Unidos.
