Todo lo bueno que hizo el Lobo se derrumbó a la hora de partido por un yerro de Giampaoli, y después del gol de Palacios no hubo nada que hacer para los locales. La final, el sábado contra Racing.
Suele decirse que los clásicos son partidos aparte, que en esos noventa minutos puede pasar cualquier cosa, que son once contra once… Pero qué pesada puede llegar a ser la historia. Apenas se equivocó Giampaoli y Estudiantes se puso 1-0, Gimnasia se apagó. Como si no hubiera nada que hacer ante lo que parecía ser un claro designio del destino, esta vez en forma de un muy mal cálculo del central para dejar solo al colombiano Cetré, quien desbordó y mandó el centro para el gol de Palacios apenas pasada la hora de partido.
Hasta entonces había sido mejor Gimnasia en El Bosque. Con un Merlini muy activo, las subidas de Silva Torrejón, la amenaza constante de Panaro, e incluso una buena actuación de Giampaoli en el fondo. El Lobo fue el único que se animó a hilvanar jugadas colectivas y tener la pelota -con sus limitaciones, por supuesto- mientras que el Pincha no disimuló su plan de buscar a Cetré y que el colombiano haga lo suyo con su velocidad. Lo hizo desde el minuto uno hasta el 62, cuando finalmente le funcionó el plan, gentileza rival de por medio.
Mientras tanto y un poquito también después, Estudiantes se sostuvo en la tremenda actuación del uruguayo Fernando Muslera. Una bestia a la hora de cortar centros, dueño de una atajada espectacular sobre el final de la primera parte ante un remate de Panaro que se desvió en el camino y, exageración mediante, el mejor atacante de Estudiantes. Es que con sus saques rápidos y precisos le generó más de un susto al equipo local. Por el contrario, su opuesto en la cancha, el nueve Lucas Alario, una apuesta total de Eduardo Domínguez al meterlo de titular (no lo era desde septiembre) tuvo una tarde para el olvido.
Lo de “arquero-atacante” no hubiera sido para nada exagerado en el caso de Nelson Insfrán, quien en los últimos minutos fue un jugador de campo más, llegando con pelota dominada hasta mitad de cancha y decidiendo bien, cualidad que no sobró en el Lobo después del gol (el pibe Jeremías Merlo, devorado por el clima espeso del estadio, dio prueba de ello). El arquero también fue a buscar algún centro milagroso al área de enfrente, pero no se le dio (aunque se lo merecía), como tampoco tuvo redención Giampaoli, quien tiró afuera el último remate del partido.
Así las cosas, en para muchos “el clásico platense más importante de la historia”, una vez más prevaleció el favoritismo de Estudiantes (el historial quedó con 69 triunfos pinchas, 51 triperos y 71 empates). La diferencia fue apenas un error de cálculo, suficiente para darle su tercer 1-0 seguido a Estudiantes y llevarlo a la final del próximo sábado en Santiago del Estero. Allí podrá darle cierre a la épica construida en estos playoffs, batalla dirigencial ante la AFA mediante. Del otro lado estará el Racing de Gustavo Costas, Maravilla Martínez, el enmascarado Sosa y tantos otros que de épicas saben bastante.
