Los goles fueron convertidos por Ascacibar y Gregorio Rodríguez, ambos en el segundo tiempo.
La imagen que había ofrecido Boca la semana pasada frente a Lanús, dejó una impresión esperanzadora de lo que podía generar el equipo. La confirmación del joven Aranda también permitió proyectar el despegue futbolístico que necesitaba el plantel.
El clásico ante San Lorenzo era una buena oportunidad para ratificar lo que ofreció en el Sur. Boca, sin embargo, no logró tener el dominio territorial y del juego ante los de Boedo. El despliegue del adversario también atentó contra las posibilidades del local. El espectáculo se fue haciendo friccionado y trabado, y lo que no aparecían eran las acciones combinadas de ningún lado.
Aranda, precisamente, no se convirtió en el enlace que el equipo necesita, y su posición sobre la izquierda no lo favoreció. El otro que tampoco saca rédito de su ubicación es Ascacibar. El ex Estudiantes se desplaza sobre la derecha del mediocampo, y se lo nota demasiado incómodo.
Lo más destacado el primer tiempo ocurrió en el final: Bareiro primero estrelló una pelota en el travesaño, y luego Gastón Hernández hizo lo mismo pero en el arco contrario.
Boca salió un poco más decidido en el segundo tiempo, y en los primeros instantes se puso en ventaja a través de Ascacibar. El volante apareció por el centro, y desde la medialuna remató de zurda para ubicar la pelota al lado del palo.
El festejo del local duró apenas diez minutos, debido a que Gregorio Rodríguez marcó la igualdad apareciendo por la derecha, y definió con un toque cruzado ante la salida dubitativa de Marchesín.
