El ministro elogió la supuesta austeridad del Presidente. También justificó inversiones extranjeras con acceso a tierras argentinas para “producir y exportar”.
Federico Sturzenegger salió a sobreactuar lealtad. En el intento de blindar a Javier Milei, lo describió como un presidente “casi franciscano”, con un supuesto “desapego por lo material” y ajeno a cualquier tentación terrenal. Después quiso hacer lo mismo con Manuel Adorni y eligió una defensa política extraña, apoyada más en la confianza presidencial que en explicaciones concretas. En el medio, justificó la llegada de capitales extranjeros con control sobre tierras argentinas y repitió el credo libertario de siempre: menos Estado, menos corrupción.
El ministro de Desregulación habló largo en una entrevista radial y mezcló elogios personales, defensa política y promesas económicas. También sostuvo que la mejor manera de combatir la corrupción es “achicar el Estado”, justo cuando el Gobierno enfrenta cuestionamientos por patrimonio y contrataciones.
Milei, “casi franciscano”
La defensa empezó por Milei. Sturzenegger lo describió como una persona austera y con “desapego por lo material”, en un intento por reforzar la imagen de honestidad del Presidente en medio de cuestionamientos al Gobierno.
“Javier es probablemente la persona más… ¿cómo te lo puedo decir?… más espartana”, arrancó. Pero enseguida fue más lejos: “Casi franciscano te diría”.
El ministro insistió en esa idea de desapego material como prueba de honestidad. “Conozco pocas personas con tanto desapego a los temas materiales como tiene el Presidente”, aseguró. Y completó: “Tiene su pasión por hacer a la Argentina un país próspero y rico nuevamente”.
Adorni bajo el paraguas presidencial
Después llegó Manuel Adorni. Consultado por las investigaciones judiciales y el “ruido mediático” alrededor del funcionario, Sturzenegger evitó entrar en el tema de fondo y apostó al blindaje político.
“Mirá, Manuel es un gran jefe de Gabinete. Tiene derecho a que la Justicia se expida y clarifique las cosas”, sostuvo.
Cuando le señalaron que lo cuestionado no es su gestión sino las sospechas judiciales, insistió con el respaldo. “A veces se habla muy poco del rol de Manuel como jefe de Gabinete. Es un gran jefe”, repitió.
La defensa volvió a pasar por Milei. “El Presidente le tiene muchísima confianza”, dijo. Y remató: “El Presidente sabe perfectamente de su honestidad, con lo cual yo también pienso lo mismo”.
Ante la repregunta sobre las sospechas judiciales contra el exvocero, Sturzenegger eligió un camino inesperado. En vez de responder sobre el caso, mezcló la discusión con una defensa ideológica del Gobierno, el ajuste y el achique del Estado.
“La mejor manera de reducir la corrupción en una sociedad es reducir el tamaño del Estado”, afirmó. Y agregó: “Cada trámite es una oportunidad de un acto de corrupción”.
El ministro sostuvo además que “mientras más cosas haga el sector privado, menos oportunidad va a haber de cosas que no correspondan en el sector público”.
La explicación siguió por el libreto libertario. Defendió el ajuste como una forma de “sacar curros” y “kioscos” del Estado, y apuntó contra las organizaciones sociales. Sobre la AUH, aseguró que antes “intermediarios se comían parte” de los recursos y habló de un supuesto “ministerio paralelo” integrado por “punteros políticos”.
La defensa llamó la atención porque llegó justo cuando intentaba respaldar a Adorni frente a cuestionamientos por patrimonio y transparencia. Además, el discurso sobre corrupción convive con polémicas dentro del propio oficialismo. Entre ellas, el contrato por más de $114 millones que Cancillería firmó con la Asociación Argentina de Cultura Inglesa (AACI), donde trabaja su esposa, María Josefina Rouillet, para cursos de inglés. El caso requirió la intervención de la Oficina Anticorrupción bajo protocolo de integridad.
Aun así, Sturzenegger insistió con el mensaje oficial: “No hay gobierno que en muchísimos años haya hecho más por la transparencia que lo que está haciendo Javier Milei”.
La tierra prometida, pero con capital extranjero
Sobre el final, Sturzenegger abrió otro frente y defendió flexibilizar el acceso de inversores extranjeros a tierras argentinas.
“Queremos que venga gente a invertir, que plante, que produzca, que genere exportaciones y contrate miles de personas”, sostuvo.
Negó que se trate de una “entrega” territorial, aunque admitió que esos capitales buscarán controlar parte de las tierras donde inviertan. “Ellos dicen: ‘Yo no hago una inversión de 2 mil millones si no controlo la propia forestación que me alimenta’”, justificó.
También prometió una transformación productiva gracias al capital privado. Su ejemplo fue Río Negro: “Vas a ir dentro de diez años y te vas a sorprender porque vas a ver maizales y maizales”.

