martes, julio 14, 2026

Nuestro fútbol y otra historia para contar

Se reedita un partido que muchos no vivimos pero atesoramos con la voz de quienes nos lo contaron. La Scaloneta y la posibilidad de seguir tejiendo relatos.

Crecimos al abrigo de esa historia. Nuestro propio relato épico. Diego Maradona desparramando ingleses sobre el césped del estadio Azteca que acompañaba con nuestro sol camuflado bajo la forma de una sombra; la voz de Víctor Hugo Morales (un uruguayo devenido argentino, porque así somos, de hacernos hermanos) poniéndole letra y música a la hazaña; un gol tejido con realismo mágico capaz de opacar a otro de la misma materia hecho solo cuatro minutos antes, cuando el héroe argentino voló con su mano hasta el cielo para después bajar con su zurda a la tierra.

Esta Argentina inmensa que somos tiene atravesadas en sus vísceras al fútbol que estos días muchos han desdeñado. Vive en sus calles, en sus playas, en sus valles y sus montañas, en sus clubes y en sus estadios, en sus oficinas y en sus casas. El fútbol, en este país, también nos hace quienes somos. Por eso muchxs crecimos oyendo aquella proeza de México ‘86, las que no habíamos nacido cuando fue Malvinas, los que no existían cuando Maradona regó de felicidad aquel día eterno. No los vivimos en presencia, no nos cortaron la respiración mientras sucedían, no los gritamos con la furia de aquel instante, pero son tan nuestros que podemos contárselos a quien sea con la rigurosidad del cuento que hemos oído mil y una veces siendo niñxs.

Pude vivir los choques que vinieron después, en Francia ‘98 y también en Corea-Japón 2002 (que me dejó el recuerdo más triste, ya reprimido y borroso, del último partido de un Mundial que vi en la escuela). El de este miércoles, sin embargo, hace latir distinto al corazón. Quizá porque ya conocimos el sabor de ser campeones del mundo, los de mi generación, que hasta Qatar saboreábamos esa gloria desde un entrañable collage hecho de palabras. Quizá porque esta vez el capitán de la Selección es, como aquella vez sobre el césped del Azteca, el mejor futbolista del mundo. Quizá porque en este Mundial ya alcanzamos la edad que tuvieron aquel día nuestros viejos, esos que nos contaron la historia de nuestro fútbol, a los que oímos con la voz quebrada y les descubrimos un destello único en los ojos cuando nos narraban la osadía maradoniana de aquel 22 de junio de 1986. Debemos apreciar las veces en las que la vida nos hace latir el corazón diferente: las cosquillas del amor, la belleza de un hecho artístico, el abrazo mágico de aquel que ya no está y nos sorprende con un guiño inesperado. El fútbol se cuenta, para nosotrxs argentinxs, entre esas dimensiones capaces de regalarnos siempre otra oportunidad. No sabemos cómo será este Argentina-Inglaterra que se siente distinto, que nos recuerda a aquel del mito y nos une a los que nos contaron las historias que más queremos. Nos conmueve tanto, que lo que sí sabemos es que será inolvidable. Una nueva historia para contar.

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