Con goles de Oyarzábal de penal y Porro, el equipo de De la Fuente dio una lección de fútbol y apunta por su segunda estrella.
España llegó a la final de la Copa del Mundo pintándole la cara a Francia. Le ganó 2-0, lo mandó a jugar el sábado por el tercer puesto y mucho más que eso: lo superó sin atenuantes durante casi todo el partido en Dallas. Argentina o Inglaterra tendrán que jugar mucho y muy bien el próximo domingo en Nueva Jersey para hacerle partido a un equipo que afinó como una orquesta de fútbol.
Todo el juego directo y voraz que los franceses vinieron desplegando hasta ahora, quedó reducido a cero por la abrumadora superioridad que los españoles ejercieron con y sin la pelota. Cuando la tuvieron, se movieron y encontraron pases por todos lados, manejándola con una certeza enorme, casi sin perderla. Cuando no la tuvieron, nadie se quedó quieto con tal de cerrar espacios, recuperarla rápido e iniciar el circuito una y otra vez. Francia asistió impotente a todo eso.
Mikel Oyarzábal de penal a los 22 minutos del primer tiempo adelantó a España en la carrera, luego de que el lateral izquierdo Lucas Digne rechazara el cuerpo de Lamine Yamal en vez de la pelota que había cabeceado hacia arriba. Y a los 12 de la segunda etapa, Pedro Porro combinó con Dani Olmo y con el borde interno de su botín derecho, acomodó la pelota junto al palo izquierdo del arquero Maignan para sellar un 2-0 que pudo haber trepado a tres si no le hubieran anulado un golazo a Lamine Yamal por un fuera de juego de medio cuerpo.
Francia quiso achicar la distancia dándole la pelota a Kyllian Mbappé, el último que se rindió. Pero no lo logró. Los temibles Mbappé, Michael Olise, Ousmane Dembelé y Bradley Barcolá fueron implacablemente desactivados por la defensa española, que no les dio espacios para hacer lo que mejor les sale: correr. Olise y Barcolá incluso fueron reemplazados por Ryan Cherki y Désiré Doué sin obtener ningún resultado. El copioso ataque francés esta vez se redujo a dos remates de Mbappé: uno desde ángulo cerrado que el arquero Unai Simón mandó el córner y otro desde afuera del área que dio en Marc Cucurella y finalizó en otro tiro de esquina.
España tuvo lo que Francia acaso despreció a lo largo del Mundial: una media cancha armónica, capaz de recobrar la pelota con agresividad y de jugarla con seguridad. Todo orbitó alrededor de Rodri, de su ubicuidad, su movilidad, su toque de pelota y su manejo de los tiempos. Fabián Ruiz, Dani Olmo y Alex Baena fueron sus lugartenientes y a ninguno se le cayeron los anillos a la hora de bajar y quitar. Como para redondear un partido casi intachable, Pedro Porro y Cucurella volvieron a ser importantes, destapando la cancha por los costados y los centrales Cubarsí y Laporte manejaron admirablemente el paso al frente para dejar adelantados a los impacientes delanteros franceses.
De esta manera tan holgada, el equipo de Luis de la Fuente alcanza su tercera gran final consecutiva: Eurocopa 2024, Liga de las Nacional 24/25 y ahora la Copa del Mundo. Y en las tres dejó en el camino a Francia, que vino para salir campeón y ahora le quedó el premio consuelo de un tercer puesto que le resultará muy poco.
Después de una fase de grupos apenas discreta en la que ganaron un partido de tres y se llenaron de dudas, a la hora de los cruces mano a mano, los españoles se pusieron en marcha y, desde entonces, no pararon. A Portugal y a Bélgica le ganaron con lo justo, recién sobre el final. A Francia le dieron una verdadera lección de buen gusto futbolero.

