El nivel de juego no fue sobresaliente, pero le alcanzó para exhibir superioridad sobre los bolivianos. El certamen continuará después del Mundial.
La derrota en la final del Torneo Apertura era un agregado extra que tendría la despedida de River del semestre ante Blooming de Bolivia, por la sexta fecha del Grupo H de la Copa Sudamericana. El equipo se reencontraba con su público luego de esa frustración, y la reacción de estos sería el factor preponderante de la noche en el estadio Monumental.
Los silbidos fueron para muchos jugadores que integraron la formación titular cuando fueron nombrados por los altoparlantes, inclusive para uno de los jóvenes (Subiabre), pero el que sorprendió fue uno en particular: Eduardo Coudet. El entrenador que llegó hace dos meses recibió el rechazo de la gente, a partir de lo que sucedió en Córdoba.
Los cuestionamientos hacia él radican en algunas decisiones tácticas que aplicó ante los cordobeses. La cantidad menor de simpatizantes fue clara en la cancha, que suele estar colmada en su capacidad cuando se presenta el equipo.
La clasificación en el certamen continental no corría riesgo, y lo peor que podía suceder era perder el primer puesto ante Carabobo de Venezuela, y tener que jugar el repechaje con un tercero de la Copa Libertadores. El panorama parecía despejarse rápidamente, cuando a los 11 minutos el local tuvo un penal a su favor. El encargado de rematar fue Salas, pero la pelota dio en la base del palo y salió por el otro lado.
El propio Salas tuvo la chance de recuperarse de inmediato, cuando conectó la pelota con la cabeza después de un envío desde la derecha, pero el arquero Almada voló para sacarla al córner. Los bolivianos no lograron hilvanar una acción de peligro en toda la primera etapa. La otra demostración de descontento de los presentes se dio al finalizar precisamente esa parte del partido: los jugadores se fueron al vestuario escuchando muchas reprobaciones.
River salió con más decisión a jugar el segundo tiempo, y se lanzó hacia el arco de Almada para buscar el desequilibrio. El jugador visitante respondía bien en sus intervenciones, y por él se sostenía la igualdad. La insistencia del local se concretó finalmente a los 13 minutos, cuando Salas definió con categoría después de recibir la habilitación de Martínez Quarta. La pelota se desvió en un defensor antes de ingresar.
La tranquilidad llegó cuando Vera convirtió el segundo gol a través de un penal, que el árbitro cobró por una falta sobre Freitas y luego de confirmarlo en el VAR. El chico Silva, con un gran derechazo, le dio forma de goleada al resultado. La victoria trasladó un poco de alegría hacia el exterior: los hinchas terminaron despidiendo a los jugadores con algunos aplausos, como para aplacar la bronca del principio.
River esperará el sorteo para conocer a su rival en los octavos de final, que se desarrollarán luego de la finalización de la Copa del Mundo. El primer partido está estipulado para la semana siguiente al encuentro decisivo en Nueva York.

