La filosofía de La Scaloneta se asemeja mucho a la de la Generación Dorada: competitividad por sobre todas las cosas, justo en un cuadro repleto de aspirantes a sorpresa. El equipo llega este miércoles a Miami.
Enviado especial a Miami
Después del primer batacazo de cada Mundial, los relatos de la épica y la mística se apoderan de la escena. Ya no existen imposibles. Si Paraguay eliminó a Alemania, si R.D. Congo le empató a Portugal, si Ecuador pudo con Alemania (qué torneo de los germanos), ¿cuál es el límite? Con orden defensivo, un poco de suerte arriba y mucha garra, el más débil puede soñar a lo grande. Mientras tanto, a la Selección Argentina se le abrió el cuadro de segunda fase como pocas veces y de seguir avanzando, enfrentaría a un top 10 del ranking FIFA o campeón del mundo recién en semifinales. Es decir, hasta entonces, todos rivales aspirantes a batacazo. Justo cuando es más favorita que nunca, con una filosofía muy diferente a la de la épica por sobre todas las cosas.
La hora de los guerreros
“Esta noche invitaba a la épica… Como dije en la charla, quiero ver a 26 guerreros entrenado, abrazados al cantar el himno. Y quiero que esos guerreros se retiren de la cancha siendo leyendas (…) Entonces para mí es el poder de transformación que tiene una selección cuando está dispuesta a ofrecer su corazón”, dijo y enamoró Gustavo Alfaro en la conferencia de prensa posterior al histórico triunfo guaraní. Muchas veces tomado para la chacota por sus metáforas y romanticismo, el Profesor no decepcionó al relatar los pormenores de la victoria y sin dudas servirá de ejemplo para los que van de punto en esta segunda fase -léase Cabo Verde-.
La filosofía de Scaloni
Aunque en su aparición televisiva más recordada tuvo que ponerse casco y espada de espartano, el discurso de Scaloni está muy lejos del de la épica y “los huevos” que tanto marcaron y marcan al deporte argentino. Respeto al rival, preparación, “competir”, “saber sufrir” son sus latiguillos preferidos. “Cada vez que vas a jugar un partido sentís algo ahí adentro, sea un amistoso, sea un partido que no tiene validez para una clasificación, sea una final o sea lo que sea; siempre sentimos algo adentro de la panza. Eso es así. Siempre hablamos con el cuerpo técnico de que no hay, no hay partido tranquilo. Pero porque lo ponemos nosotros, lo pone uno mismo. Lo sentimos así. Y el día que no sea así, será un problema. Creo que eso lo llevamos todos adentro”, definió tras el triunfo sobre Jordania y no llamaría la atención que el concepto se repita en la conferencia de prensa de este jueves.
Una filosofía muy similar a la de la Generación Dorada de básquet, un grupo de amigos que alcanzó lo máximo y jugando muy bien. “Nosotros nos enloquecimos por nuestro afán de ganarlo con coraje y todo eso. Eso pasa habitualmente en nuestro país, pensamos que todo se gana con huevo. No, se gana jugando bien, después tenés que agregarle huevos y coraje”, dijo alguna vez tras una dolorosa derrota Manu Ginóbili, presente en el estadio de Dallas durante los triunfos sobre Austria y Jordania
Claro que una cosa es el discurso y otra la práctica. Bien sabido es que este equipo tiene jugadores de motivación instantánea, como Rodrigo De Paul o Cuti Romero, capaces de provocar roce con cualquier rival, no importa el equipo, para entrar en partido. Ni hablar de Lionel Messi, desde hace años un jugador sin contexto: hace de a tres en el fútbol estadounidense y también en los Mundiales. Con cracks así, la competitividad está asegurada.

