En un partido de película contra un rival épico, los campeones se impusieron en tiempo extra con un gol de Cuti Romero que la FIFA dio como en contra. Arrancó el Mundial nomás.
Enviado especial a Miami
Qué manera de sufrir, Argentina. Las lágrimas llegaron un poco antes de tiempo en este Mundial. Venía tranquila la cosa, pero de esto se trata ese invento grandioso llamado Copa del Mundo. No fue fácil contra Australia, tampoco con Países Bajos, un poquito sí contra Croacia, mucho menos con Francia. Hasta con México estuvo complicado. Es la más gloriosa de las citas deportivas y si algo se aprende en ella es a sufrir, como desde hace rato viene predicando Lionel Scaloni. Cabo Verde se encargó de honrar a los caídos de 2022 y presentó una prueba dificilísima, casi límite.
Estuvo mal Messi. Hay que decirlo. En un estadio repleto de argentinos, justo se viene a mandar semejante obra maestra frente a la tribuna con mayor cantidad de camisetas caboverdianas, algo así como cien. Compromiso de Lisandro Martínez igualmente, a quien se le ocurrió ubicar al 10 en el área, casi una citación al gol.
Estuvo bien Vozinha, la anticipada figura de los Tiburones Azules, en hacerle honor a las predicciones. Con un 100 por ciento de camisetas argentinas detrás, le ahogó un mano a mano al crack y dos tiros libres, uno por arriba y otro para abajo, cuando la historia ya estaba empatada. Siempre con rebotes, dejando alguna que otra duda de si la quiso agarrar o despejar. Pero continuando la jugada con algún que otro jueguito en todo caso. Personajazo.
Estuvo espectacular Lisandro. Justo cuando el capitán necesitaba un compañero -guiño, guiño- que diera la cara, apareció el central para aprovechar una pelota perdida de córner y meterla en el ángulo.
Estuvo indescriptible el número 13 de Cabo Verde, Sidny Cabral, próximamente con más seguidores en redes sociales que el propio Vozinha. Un gol de antología, inolvidable. Un festejo insólito, casi gracioso, propio de un hombre en shock por lo que acababa de hacer. Pequeña observación sobre Sidny: apenas arrancado el juego, se animó a tirar un firulete contra Rodrigo De Paul y este le aplicó una sabia patada. De ahí en más, perdió en todos los mano a mano y hasta se le fue una pelota por abajo de los tapones, solo contra nadie. Al momento del 2-2, De Paul ya no estaba.
Estuvo heroico el Cuti Romero, el gran caudillo de este equipo, al poner la cabeza (y recibir una mano caboverdiana) para terminar con tanta locura y evitar el batacazo más grande de todos los tiempos. Hubiese sido más que merecido para el épico elenco caboverdiano, pero de ninguna manera lo podía permitir una Selección Argentina inmensa, dispuesta a lograr algo acaso más difícil, el bicampeonato.
Duró poco la trampa eterna del partido con obligación de ganar, ante un rival supuestamente menor. Esa que no deja lugar para el reconocimiento del mérito pero mucho espacio para los análisis de lo que todavía falta. Contrario a lo esperado, el elenco africano arrancó muy confiado con el manejo del balón. Lo tuvo poquito, claro está. Pero nada de pum para arriba. Se animó a arriesgar con los pases en campo propio y le comió un poco de piernas a los nuestros, tentados por la oportunidad. Hasta Vozinha hizo pasar de largo en dos ocasiones a Lautaro Martínez. A la tercera que lo intentó, contra un Messi adivinador de intenciones, la tuvo que reventar. Tampoco la pavada.
El menospreciado Cabo Verde fue un rival con todas las letras y habrá que ver de continuar mucho más esta historia fantástica que viene escribiendo la Selección, quién le hace semejante fuerza. Quién le ahoga tantos gritos a Messi, quién hace tan figura al Dibu.
Visto a la mínima distancia, el 3-2 en tiempo extra en Miami fue un susto de los lindos. Casi una lección, si es que se puede educar a este equipazo todavía. La fase de grupos fue más accesible de lo habitual y esta es una historia larga, incluso más que las de siempre. Se viene Egipto en Atlanta por los octavos de final y nada está escrito de antemano. Lo que sí es sabido es que este equipo tan emotivo dará la cara, como siempre.

