Las movilizaciones expresan el malestar por el deterioro de las condiciones de vida, las dificultades en el acceso a la educación y el impacto del encarecimiento de los combustibles.
Las protestas contra el encarecimiento del costo de vida y las dificultades de acceso a la educación y la vivienda se intensificaron este miércoles en Europa, con movilizaciones en Grecia y Portugal, mientras que en Italia el Gobierno busca frenar la huelga de transportistas que provoca problemas de abastecimiento y escasez de combustible en el sur del país.
Huelga educativa en Grecia
Miles de estudiantes universitarios, escolares y maestros salieron a las calles de las principales ciudades de Grecia para denunciar la precariedad de la educación pública y los altos precios de los alquileres de la vivienda, así como de alimentos y productos básicos. Más de 10.000 personas, según la Policía, se manifestaron en el centro de Atenas, en el marco de la huelga de 24 horas convocada por el principal sindicato de docentes de primaria, DOE. Vigilada por más de 3.000 agentes policiales desplegados en todo el centro de la capital para prevenir disturbios, la manifestación ateniense transcurrió sin incidentes.
Los estudiantes mostraron su solidaridad con los universitarios de Francia que llevan días protestando de forma similiar. Un grupo de manifestantes levantó frente al Parlamento heleno un cartel gigante en la que se leía en francés “la belleza está en la calle” (La beaute est dans la rue), mientras que “Desde Grecia hasta Francia luchamos por una educación pública y gratuita” rezaban banderas que enarbolaban.
Los docentes reclaman un aumento salarial del 20 % y ayudas para el acceso a la vivienda a quienes reciben plaza en otras ciudades, especialmente en zonas turísticas con precios tensionados. Según recalca DOE en su convocatoria de huelga, casi la mitad de los docentes se ven obligados a vivir con sueldos que no superan los 1.000 euros.
Concentraciones en Portugal
En paralelo, más de un centenar de estudiantes portugueses se concentraron en Lisboa para protestar contra la intención del Gobierno de incrementar las tasas universitarias, que llevan congeladas desde 2020, denunciando que el encarecimiento del alojamiento, la alimentación y el transporte dificultan mucho la posibilidad de cursar estudios superiores.
“La educación no es un negocio” o “Si el pueblo no puede estudiar, el Estado está fallando” fueron algunos de los carteles que los estudiantes portaron ante el Campus XXI, un complejo de edificios que congrega varios organismos del Gobierno. Las conocidas como “propinas” son las tasas que pagan los estudiantes en Portugal por cursar estudios superiores. El Gobierno conservador del primer ministro, Luís Montenegro, quiere actualizar las tasas para el próximo curso 2027-2028, poniendo fin al congelamiento que tienen desde hace seis años. Actualmente, el importe máximo lleva congelado en 697 euros desde el curso 2020-2021.
La propuesta, que ha generado rechazo entre el sector estudiantil, está incluida en el proyecto de Presupuestos del Estado para 2027, que debe ser debatida en el Parlamento. El Ejecutivo busca que el límite máximo para grados y cursos técnicos superiores vuelva a actualizarse conforme a la inflación de 2026. Los estudiantes defienden mantener congeladas las propinas y evitar que estudiar resulte más caro, especialmente cuando el alojamiento, la alimentación y el transporte ya representan una parte importante del presupuesto estudiantil.
En este contexto, desde la protesta de los estudiantes también se lanzaron mensajes de apoyo a las concentraciones que se suceden a lo largo del país por la crisis de vivienda, que se han materializado en Lisboa y Oporto en acampadas que, de momento, han sido desalojadas por la Policía, aunque los convocantes han adelantado que buscan volver a plantar campamentos.
El presidente de Portugal, António José Seguro, convocó a los partidos políticos con representación parlamentaria a reuniones individuales para abordar la “cohesión social” en el país tras las recientes protestas y acampadas en varias ciudades portuguesas. En un breve comunicado, y sin dar más detalles, la oficina de la Presidencia precisó que los encuentros tendrán el lugar el próximo jueves 29 de octubre en el Palacio de Belém, sede presidencial.
Los camioneros en Italia
Mientras tanto, el Gobierno italiano anunció que identificará a los camioneros en huelga que cortan las rutas del sur del país para proceder a la retirada de los piquetes, mientras trata de frenar las protestas y anuncia 1.000 millones de euros en ayudas al sector. Así lo afirmó el ministro de Empresa y del “Made in Italy”, Adolfo Urso, durante una sesión de control en la Cámara de Diputados, en la que precisó que el Ministerio del Interior está llevando a cabo las identificaciones con vistas a retirar los piquetes. “Impedir el paso únicamente a los camiones, dejando transitar a los automóviles, configura en cualquier caso un bloqueo de carreteras con consecuencias penales que pueden incluir penas de prisión”, advirtió Urso.
El Ejecutivo anunció el martes la liberación de 480 millones de euros en ayudas pendientes para el transporte por ruta, correspondientes a solicitudes de subvención presentadas hasta agosto. Aun así, la mayoría de las plataformas de transportistas decidieron mantener las movilizaciones al menos hasta el 27 de octubre, fecha prevista para una nueva reunión con el Gobierno.
En el sexto día de movilizaciones, las rutas del sur del país siguieron registrando retenciones por la presencia de camiones estacionados en las banquinas y de piquetes, lo que dificulta el transporte de mercancías. Las protestas afectan especialmente a las regiones de Apulia, Campania y Calabria, donde cada día que pasa se agravan los problemas de abastecimiento en supermercados y otros establecimientos.
La escasez en los supermercados empeora progresivamente, sobre todo en productos perecederos como carne, pescado, frutas, verduras y leche, lo que ha derivado en estantes vacíos y en numerosas quejas de los consumidores en las redes sociales. Según la organización agraria Coldiretti, frutas, hortalizas, carne, pescado y leche permanecen atrapados en camiones inmovilizados, mientras las cámaras frigoríficas de las explotaciones agrícolas se acercan al límite de su capacidad.
