domingo, mayo 24, 2026

Cuentas en rojo, noches sin dormir y creatividad obligada: marcas de ropa locales se unen para escaparle a la crisis

La iniciativa llega a su fin este lunes 25 de mayo con una feria de descuentos, música en vivo y comidas patrias. Las historias de los emprendedores que encontraron en lo comunitario un camino para seguir.

Lola Díaz gira sin parar el anillo que tiene en su mano izquierda. Tiene los dedos manchados con tinta y cuenta que, en sus 25 años de trayectoria como artista textil, nunca vivió una crisis como la que atraviesa el sector en Argentina. El parate generalizado del consumo, sumado a la apertura indiscriminada de las importaciones, le pasó por arriba. “Fue un tsunami”, describe. Hace dos años que las noches sin dormir dejaron de ser de creación en su taller y pasaron a ser momentos en los que su cabeza da vueltas y vueltas, pensando estrategias para mantener a flote su marca de ropa. Con la invitación a participar de “Cerramos”, un evento que busca visibilizar la situación que atraviesa la industria textil nacional, entendió que su realidad no era aislada y encontró en lo colectivo un espacio de desahogo. También de resistencia.

Los mismos problemas que desvelan a Lola son los que angustian a Marina Cistola y Sebastián Palacio, dos jóvenes emprendedores del rubro indumentaria que, principalmente en el último año, vieron cómo sus proyectos se derrumbaron como consecuencia de las políticas implementadas por el gobierno de Javier Milei. La situación crítica no es patrimonio exclusivo de sus marcas. También les pega a empresas con décadas de recorrido y con mayor espalda, como Ona Saez que -al notar que en redes sociales se multiplicaban los anuncios de cierres y el desánimo en el sector de la indumentaria nacional se había generalizado- lanzó una convocatoria para intentar torcerle el brazo a la realidad que azota a grandes y chicos por igual.

Lola Díaz, Sebastián Palacio y Marina Cistola apuestan a la unión para enfrentar la crisis Redes Sociales

Las empresas (textiles) se están quedando muy solas. No hay a quién recurrir, ni alguien que diga: ‘Vamos para algún lugar todos juntos o tomemos una decisión en conjunto’”, explica Pablo Ballay, coordinador comercial de La Factory Ona Saez, quien agrega que las necesidades de esa empresa les dio el pie de cómo enfocar y abrir la convocatoria a otras marcas en dificultades.

La crisis, lo individual y lo colectivo: “Somos muchos”

Mercadería clavada en los estantes. Alquileres y servicios por las nubes. Números en rojo. ¿El resultado? Desazón y parálisis. Palabras más, palabras menos, ese es el escenario que describen Sebastián, Marina y Lola que enfrentan con sus marcas Orange Fox, Kim M. Velvet y Lola Díaz, respectivamente. Aunque cada uno lo hacía por separado, creyendo que no vendían porque estaban “haciendo algo mal”.

A principios de abril, esa situación que creían particular explotó en forma de hashtag en redes sociales. #Cerramos se volvió tendencia por la abrumadora cantidad de posteos y reels en los que muchas marcas de ropa nacionales -chicas, medianas y grandes- anunciaban que bajaban sus persianas y remataban sus prendas casi al costo, para hacer algo de caja antes del punto final.

“Nosotros estábamos en reunión, pusimos el hashtag y vimos en TikTok y en Instagram una catarata de locales que se despedían. Ahí dijimos: ‘Hay que hacer algo con esto’”, recuerda Pablo. Así surgió la convocatoria #Cerramos, de Ona Saez, abierta a diseñadores, emprendedores, marcas de moda y accesorios “en proceso de cierre de sus proyectos”. Desde el 1° de mayo, los emprendedores pueden exhibir y vender sus productos en el espacio La Factory by Ona Saez de Martínez.

#Cerramos: la crisis textil que une a emprendedores y marcas frente al derrumbe del consumo Redes Sociales

Marina, Sebastián, Lola y Sol Bransbourgh -de Sol Joyas- son algunos de los emprendedores que participan de esta iniciativa. “#Cerramos lo que hizo fue abrir el grifo para que todos nos manifestemos y no pensemos que estábamos haciendo las cosas mal. Yo llevo un proceso de decadencia de un año, cada vez más picada abajo”, señala Díaz. Para ella, que se blanqueara que la situación del sector de indumentaria nacional era asfixiante, fue un alivio. “Pará, somos muchos”, recuerda que pensó al ver el llamado a los emprendedores. El resto asiente. La convocatoria los ayudó a dimensionar la magnitud de la crisis. Fue un momento agridulce, dicen, algo así como “qué bueno, pero qué triste”.

Después de más de un año de hacer malabares para intentar sostener sus emprendimientos, todos ellos encontraron en este espacio colectivo un lugar donde hacer catarsis, pensar en conjunto y retomar impulso. “Estar encerrado en tu problema te hace creer que tus prendas no gustan. Llegué a pensar que no vendía porque era una porquería”, confiesa Marina, quien gracias a esta vidriera colectiva se dio cuenta de que su ropa “sí gusta” y pudo volver a imaginar un futuro para su marca.

La necesidad de juntarse, agrega Pablo, tenía como objetivo romper un poco con el desánimo. Contagiar, y contagiarse, de las ideas de los demás “que se active algo en la cabeza de todos”, dice. “Si de a uno no se puede, capaz de a muchos dé un poco menos de miedo, queríamos despertar este sentimiento comunitario”, cierra.

Ni el coronavirus destruyó tanto: la crisis de Milei en el sector textil

Para tomar dimensión de la crisis que atraviesa el sector, Lola Díaz compara los números actuales con los de la pandemia de coronavirus, cuando las calles estaban prácticamente vacías y el consumo del rubro se había volcado a la virtualidad. Aun en ese contexto de restricciones, recuerda, existía un plan B.

No era una cuestión de plata, era una cuestión de artículos”, asegura. Por ejemplo, con gran cantidad de rubros adaptados al teletrabajo, por aquellos días había crecido exponencialmente la demanda de ropa de “entre casa” y pudo vender “joggins con onda” o producir los tapabocas que exigían las medidas sanitarias. En la misma línea, Pablo apunta que “la gente estaba tan aburrida en la casa que estaba desesperada por comprar”. El consumo sobrevivió al parate.

Pero en la era Milei las ventas en el rubro textil acumulan dos años de caída, según el último relevamiento publicado por la Cámara de la Indumentaria (CIAI), con un deterioro más pronunciado en el último año y medio. Además, se cortaron las cadenas de pago y muchos emprendimientos se vieron obligados a achicar su staff para evitar un cierre definitivo.

Ahora, el problema es que no hay plata.

Emprendedores de moda reinventan sus marcas para evitar el cierre en medio de la caída del consumo Redes Sociales

“El consumo está desaparecido, y cuando hay, no es un momento grato”, recapitula Pablo respecto de los hábitos de las familias. Para él, tratar con los clientes pasó de ser un momento “espectacular” a uno “muy sensible”. Principalmente, cuando llega el momento de pagar. En la caja, “tenés que ser muy claro con los precios y ofrecer descuentos”, completa. Gastar “ya no es un hecho placentero”, sino uno que se medita, duda y hasta genera culpa, reflexiona.

Un dato que refleja este escenario es que, según la experiencia de Pablo, los clientes tienden a pagar en efectivo “porque tienen las tarjetas estalladas”. En sintonía con esta observación, en mayo de este año la morosidad de las familias con los bancos llegó al 11,2%, el nivel más alto desde 2004, según datos del Banco Central.

Para hacerle frente a este escenario, desde Ona Saez apuestan por ofrecer una “experiencia” más completa. Que comprar un pantalón también pueda ser una oportunidad de compartir con otros, escuchar música o probar una comida nueva, como vienen haciendo en #Cerramos.

“No me voy a hacer minera a los 65 años”

Una de las palabras que más repiten estos emprendedores textiles es “futuro”, por momentos con esperanza y por otros con preocupación. Ante un presente que se muestra oscuro, explican que hacen magia para seguir adelante y sacar la cabeza de abajo del agua. Para ello, tuvieron que reconvertirse: reorientaron sus negocios, achicaron márgenes de ganancia al mínimo, recortaron presupuestos y aprendieron nuevas habilidades.

Lola recuerda que tenía una persona que se encargaba de crear contenido para sus redes sociales y que ya no puede pagar por ese servicio. Esa tarea ahora es responsabilidad de uno de sus hijos, documentalista, que en este momento tiene poco trabajo y “se está cagando de hambre”. Tampoco puede costear la publicidad en redes sociales, por lo que cada vez los clientes -y las ventas- son menos.

Lola Díaz describe como un “tsunami” el impacto de la crisis en su marca de indumentaria Redes Sociales

Para mantenerse activa, organizó unos “talleres de laboratorio textil” donde muestra cómo es su proceso creativo y enseña a replicarlo. Además, sumó otra propuesta comercial: “Vení, traé tu prenda y te la customizo”. No se queda quieta, pero aún así “no alcanza”, resume. No es la primera crisis que atraviesa, pero esta le resulta terminal. ¿Qué otra cosa podría hacer si eso sucede? No lo sabe. “No hay plata en ningún sector, capaz que en la minería, pero no me voy a hacer minera a los 65 años”, afirma.

Marina también se reconvirtió. Antes diseñaba y producía sus prendas, pero “desde enero del año pasado todo fue en declive” y ahora hace una curaduría de otros diseñadores. Se le volvió “insostenible pagar el alquiler” del local donde tiene su showroom, afrontar los gastos cotidianos y reinvertir en mercadería. “Ahora tengo muy poquitas prendas y mantengo con mucho esfuerzo la estructura, pero al mínimo”, comenta. Sabe que se está “comiendo” su emprendimiento, pero no puede salir del modo supervivencia.

Además, tuvo que ocuparse de sus redes sociales -que antes delegaba en otra persona- y del marketing. ”De golpe tenés que aprender de algoritmos, a decir algo en tres segundos para captar la atención y que tenga gancho, pero al mismo tiempo tenés que ir a buscar la ropa, facturar, ir al contador…”, enumera.

Aunque Pablo Ona Saez viene de una estructura más grande, no es ajeno a lo que pasa en las pymes o emprendimientos chicos. “Ahora hay una sola persona haciendo un montón de tareas, que por momentos la sobrepasan”, señala. Y entiende que para los proyectos más chicos se vuelve aún más complejo. “Es difícil enfocarte cuando no tenés recursos. Cuando tenés que hacer mil trabajos para poder tener tu marca”, dice.

Unión y creatividad argentina para sortear el abismo

Un paquete cae encima de otro paquete hasta formar un pequeño montículo. La voz en off de una mujer cuenta con entusiasmo que ese pedido parte rumbo a una provincia patagónica. Con dedicación, completa cada paquete con stickers de su marca. En redes sociales, muchos emprendimientos eligen mostrar de esta manera sus ventas. Pero más que una realidad, parece una manifestación.

A mí no me va así, no estoy preparando 10 pedidos y hace una semana que no vendo nada”, marca en contraste Marina. Hasta que llegó la convocatoria a participar de #Cerramos, Lola tenía un pensamiento similar. “Muchos fingen demencia en redes con videos de ‘vamos a hacer los envíos’ y te hacen sentir que estás haciendo algo mal”, grafica. Hasta que vio el flyer de #Cerramos. “Fue tan potente que nos animó a decir que nos está yendo mal”, comenta.

Marina Cistola relata cómo sobrevive a la crisis económica del gobierno de Javier Milei Redes Sociales

Con los circuitos comerciales desarmados y los alquileres de locales a precios prohibitivos, las opciones para que los emprendedores mantengan sus proyectos se acotan. “Alquilar un local es mucha inversión y competir con marcas que tienen capacidad de armar una estructura en días no es nada fácil. El riesgo es fundirte”, completa Pablo.

Además de pelear contra la amenaza de cierre, Lola batalla con el estrés que le genera la incertidumbre económica. “No se duerme más toda la noche, te despertás pensando en qué hacer mañana. Se te ocurre una idea y enseguida viene el para qué”, comenta y remarca que ya superó otras crisis, como la época del trueque, pero lo que más la desvela hoy es “no ver un horizonte”, dice mientras se le quiebra la voz. Por momentos, se queda sin respuesta para esa pregunta y teme que su proyecto llegue al fin.

Para construir esa promesa de futuro, desde Ona Saez decidieron extender la propuesta de #Cerramos a la virtualidad, para que el espacio de resistencia también tenga presencia en plataformas online, con el fin de sumar esfuerzos. “Creemos que funcionó y creemos que es muy necesario”, destaca Pablo y valora el factor comunitario de la construcción de esa salida. “A nosotros nos activaron todas las ideas a raíz de esto”, completa.

“A mí me parece genial que existan otros puntos de venta y canales de difusión, da la posibilidad para volver a hacer girar la rueda de a poco, aunque esté costando. Estamos con un terreno muy inclinado, pero que de a poco puede volver a funcionar”, afirma Sebastián con tono esperanzado. “Es una luz en el fondo del túnel”, agrega.

Entre banderas argentinas, pastelitos, locro y música en vivo, este lunes 25 de mayo los emprendedores volverán a encontrarse en La Factory de Martínez para celebrar el Día Patrio y construir juntos esa promesa de futuro, porque “nadie se salva solo”, remarca Marina, un lema que “da fuerza e impulso”. Todos coinciden en que todavía queda un camino por recorrer y seguir intentando salvar a la industria nacional. “No conocemos otra, somos argentinos”, cierran.

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