El plantel de Eduardo Coudet no logra convencer con su presente futbolístico, y la segunda derrota en su ciclo fue acompañada de otra actuación decepcionante.
El cuestionamiento que recibe River por estas horas está centrado en el nivel de juego colectivo, el cual no termina de ser convincente. Los números venían respaldando la campaña encabezada por Eduardo Coudet, en la cual el plantel apenas había perdido un solo encuentro de los 11 que tenía disputados, aunque lo ofrecido desde el campo de juego no relucía.
El propio Coudet se mostró enojado después del triunfo ante Aldosivi, a partir de los reclamos en ese aspecto. El único partido que no había sumado fue ante Boca, y seguramente eso también agigantaba la necesidad de ver otro estilo futbolístico.
El enfrentamiento ante Atlético Tucumán era una buena oportunidad para empezar a revertir esa situación. El entrenador decidió hacer algunas modificaciones en el conjunto titular, ya que esta semana volverá a presentarse en la Copa Sudamericana, con un viaje a Venezuela incluido.
River intentó adueñarse de la iniciativa del partido, y si bien tuvo el control de la pelota en la mitad de la cancha, no podía exigir con riesgo al arquero Ingolotti. La situación empeoró cuando los tucumanos se pusieron en ventaja a los 18 minutos: Nicola dejó en el camino a Pezzella sobre la izquierda, lanzó la pelota al área, Villa probó al arco pero le salió un pase a Tesuri, quien la empujó para convertir.
El público se empezó a impacientar cuando el equipo ya estaba en desventaja, y trató de hacer reaccionar a sus jugadores. Subiabre estuvo cerca de empatar pero Ingolotti respondió muy bien, y después Pezzella tiró la pelota por arriba cerca del área chica.
Atlético Tucumán estuvo cerca de aumentar la diferencia el final de la primera etapa, pero Beltrán salió a tiempo para tapar el remate de Leandro Díaz. La jugada provocó que los jugadores fueran despedidos con silbidos al descanso.
El malestar de Coudet si hizo notar en el reinicio de la segunda mitad, con la realización de tres cambios. El equipo salió con otro impulso y uno de los ingresados, el joven Lautaro Pereyra, probó al arco llegando por la izquierda y la pelota se fue al lado del palo. Páez, que también se sumó en esa parte, tuvo su oportunidad pero no pudo ante la presencia de Ingolotti.
El resultado no definía la situación de ninguno en la zona B, debido a que River ya tenía su lugar asegurado entre los ocho primeros, y Atlético estaba eliminado. Lo importante eran los puntos que estaban en juego, ya que los visitantes están urgidos para evitar el descenso a fin de año.
El colombiano Quintero apareció cerca de los 20 minutos, para tratar de encauzar el camino de River. Los presentes, a esa altura, mostraban su bronca por lo que recibían desde la cancha. Salas hizo estrellar la pelota en el travesaño con un cabezazo, luego de una habilitación de Acuña, a pesar de la confusión del local en sus avances ofensivos.
Lo que se reclamaba desde afuera era más entrega de los futbolistas para cambiar la situación, pero la respuesta de los protagonistas no era positiva. La búsqueda de River de cambiar su imagen futbolística no pudo llevarse adelante, y encima recibió un nuevo golpe en el estadio Monumental. La última vez que River dio vuelta un resultado fue el 6 de noviembre de 2024, cuando superó 3-2 a Instituto en Córdoba.
El adversario en los octavos de final saldrá entre San Lorenzo, Unión de Santa Fe y Defensa y Justicia, la semana próxima en condición de local. La incertidumbre, más allá del nombre del rival, transitará por los argumentos que tenga River para poder posicionarse como un aspirante serio a ganar el campeonato.
