Los Faraones ganaron un solo partido en lo que va del Mundial (3-1 a Nueva Zelanda), pero todavía no perdieron. Sin despuntar hasta el momento, su fortaleza parecería pasar por otro lado.
Empató tres de sus cuatro partidos, recibió goles en cada uno de ellos, ninguno de sus dos delanteros estrella viene despuntando, pero algo tiene este Egipto. Un equipo histórico para sus parámetros (nunca había ganado en fase de eliminación directa) que con el correr del Mundial fue sumando lo que hace tiempo se llamaba “mística” y ahora los más jóvenes denominan “aura”. Tanto dentro de la cancha como fuera, en parte gracias al poder de las redes sociales, muy presente en este Mundial. Si no, que les pregunten a los noruegos, los preferidos del público local gracias a su coreografía de remo colectivo.
El próximo rival de la Selección llegó este domingo a Atlanta luego de un periplo por Dallas que tuvo de todo. Un día antes del partido contra Australia, la delegación egipcia protagonizó un altercado con la policía local que, exageración mediante, casi termina a los tiros. Los jugadores se sacaban fotos con algunos niños en la puerta del hotel, en pleno centro, cuando las fuerzas de seguridad irrumpieron en la escena, arrancaron a los empujones con algunos miembros del cuerpo técnico y uno de los oficiales hasta amagó a sacar su pistola. Un escándalo que rápidamente se apoderó de las redes sociales y eso que Texas es uno de los estados más famosos en esto de andar armado por la vía pública. Punto simbólico para Los Faraones, aunque luego tuvieron que realizar una reunión protocolar con la policía de Dallas y decir, en otras palabras, que estaba “todo bien”.
Tras una entrada en calor “a lo Texas”, el empate 1 a 1 contra Australia en los 120 minutos le deparó a Egipto una prueba extra: el ingreso del arquero suplente oceánico para los penales, una maniobra generalmente más ligada a lo mental que a lo estrictamente futbolístico. Le había salido bien a Australia en el repechaje hacia 2022 contra Perú, pero esta vez el que ingresó fue Matthew Ryan (el que pierde con De Paul en el gol de Julián en octavos de Qatar). Los egipcios pispearon las tendencias atajadoras de Matthew Ryan a través de una notebook en un santiamén y al ratito, Mo Salah picó el primero, el australiano no atajó ninguno de los cuatro y clasificación para los Faraones.
Como si fuera poco, el DT festejó el triunfo ondeando una bandera palestina en plena cancha. “Mi corazón y mi alma están con ellos”, declaró luego, dedicándole la victoria al pueblo palestino. Hossam Hassan no es un entrenador más: previo a la aparición de Salah, fue el máximo ídolo de su país y sigue siendo el goleador histórico, todavía por encima del crack por 69 tantos contra 68. Así que atentos, Egipto no es sólo Salah (un gol), Marmoush (Manchester City; todavía sin anotar) o los muchos cracks del Al Ahly, el “Real Madrid africano”… Tiene algo más y si se trata efectivamente de mística, a tener cuidado.

