El fujimorismo toma el control del Ejecutivo luego de cuatro años de manejar la política peruana desde el Congreso con la mayoría parlamentaria que formó con sus aliados de derecha.
Desde Lima
Volvió el fujimorismo al gobierno. Este martes, Keiko Fujimori juramentó como presidenta a los 51 años, después de tres intentos fallidos de restaurar un régimen fujimorista. Regresa a Palacio de Gobierno veintiséis años después que debió abandonarlo abruptamente luego que cayó la dictadura de su padre, Alberto Fujimori, de la que era la primera dama, y el dictador huyó del país acosado por denuncias de corrupción y violaciones a los derechos humanos. El fujimorismo toma el control del Ejecutivo luego de cuatro años de manejar la política peruana desde el Congreso con la mayoría parlamentaria que formó con sus aliados de derecha y ultraderecha, desde donde puso en marcha una política autoritaria ultraconservadora.
Luego de juramentar el cargo, Keiko Fujimori iba a comenzar su primer discurso como presidenta cuando legisladores de la oposición levantaron fotos con los rostros de las víctimas de los crímenes del Estado demandando justicia. Se retiraron del hemiciclo antes que Fujimori comience a hablar. “Justicia para las víctimas”, se les escuchó decir antes de salir. Los congresistas fueron del Congreso a la céntrica Plaza San Martín, a varias cuadras de distancia, para encontrarse con los familiares de las víctimas, que se manifestaban en contra de la llegada al gobierno de la hija del dictador Fujimori y exigiendo justicia. Unos cuarenta diputados y senadores llegaron a la plaza.
Protesta
“Llegamos a la plaza cuando la policía los iba a reprimir para sacarlos del lugar, pudimos parar eso”, le señaló a Página/12 la diputada Indira Huilca, del partido de centro izquierda Ahora Nación. En el hemiciclo ella levantó la foto de su padre, el sindicalista Pedro Huilca, asesinado en 1991 por la dictadura de Fujimori, crimen que sigue impune. La protesta de los familiares de las víctimas del Estado terminó frente a Palacio de Justicia.
“Nuestra protesta y retiro del Congreso para encontrarnos con los familiares de las víctimas fue una manera de representar en este día la exigencia de justicia para las víctimas de las masacres. Ha sido una reivindicación a las víctimas de los años 80 y 90 y de las masacres recientes, una protesta para recordar a las personas que están exigiendo justicia”, le declaró la diputada Huilca a este diario. El excandidato presidencial Roberto Sánchez estuvo en la protesta de los familiares de las víctimas del Estado.
Discurso
El primer discurso como presidenta de la hija del fallecido dictador comenzó con una crítica a los gobiernos democráticos que siguieron a la dictadura fujimorista, y siguió con un ambicioso listado de ofertas de obras y compromisos que entran en abierta contradicción con la historia y el comportamiento reciente del fujimorismo. Fue un mensaje sin autocrítica, ni por el negro pasado fujimorista, ni por las recientes acciones de su partido que han golpeado la democracia, afectado derechos y desestabilizado el país. No mencionó el nombre de su padre, cuya dictadura ha reivindicado en repetidas ocasiones.
Keiko Fujimori comenzó asegurando que su gobierno “no durará ni un día más” de los cinco años para los que ha sido elegido. Su padre, a quien ella ha dicho querer emular, también fue elegido para cinco años y después dio un golpe de Estrado, se hizo reelegir y pretendió quedarse indefinidamente en el poder. Se quejó que recibe un país en grave crisis, “marcado por el abandono”, con “un Estado a la deriva” y “debilitado por la improvisación”, pero obvió decir que desde su mayoría parlamentaria su partido ha tenido un rol central en la gestión del gobierno en los últimos cuatro años y un papel clave en la crisis de inestabilidad política de la última década.
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Como una medida inmediata anunció que los militares saldrán a las calles para controlar el orden. “Las Fuerzas Armadas asumirán temporalmente el liderazgo de las operaciones de seguridad y del control interno, en estrecha coordinación con la Policía Nacional, hasta establecer plenamente la autoridad del Estado”, señaló la presidenta que ha anunciado un gobierno de mano dura. Le ofreció un “respaldo político” a las fuerzas de seguridad para que “cumplan con firmeza su misión”. Una reciente ley dada por el fujimorismo en el Congreso que pasa los delitos de militares y policías al fuero castrense, revela que entienden lo de respaldo político como una garantía de impunidad.
La flamante presidenta también anunció un aumento del 15% del salario mínimo, que alcanzaria unos 38O dólares. “Para mejorar los ingresos de los trabajadores, elevaremos la remuneración mínima vital a 1.300 soles. Este incremento estará acompañado de un bono compensatorio por única vez para las micro y prequeñas empresas.”
Fujimori además prometió un gobierno republicano. “Frente al Perú y la comunidad internacional aquí presente, quiero ratificar nuestro firme compromiso con el absoluto respeto a la independencia de poderes, a las libertades individuales, en particular a la libertad de expresión y de prensa”, dijo Fujimori, afirmación que colisiona con su conducta política. En el Congreso el fujimorismo ha operado para capturar el sistema de justicia y ha perseguido con procesos sin sustento a jueces, fiscales y periodistas que no se han sometido a su poder.
Alegato
La jefa del fujimorismo y ahora presidenta del país hizo un alegato contra la corrupción, que fue encendido, pero sonó vacío, falso, como una burla a la memoria de los peruanos que saben de la larga historia del fujimorismo estrechamente vinculada a la corrupción y de las acciones recientes en el Congreso de la mayoría fujimorista que ha dado leyes de impunidad para la corrupción política, una corrupción que toca directamente a Keiko y sus más cercanos colaboradores.
Keiko Fujimori llamó a una reconciliación nacional, incluso terminó su mensaje con un “viva la reconciliación”, pero no tuvo una sola palabra para las víctimas de la represión del Estado, ni una autocrítica sobre las violaciones a los derechos humanos de la dictadura de su padre y del reciente gobierno de Dina Boluarte que su partido respaldó. Repitió varias veces lo de reconciliación, pero no mencionó la palabra justicia. En los últimos años, su mayoría parlamentaria ha promulgada leyes de impunidad para violadores de los derechos humanos.
Familiares de las víctimas le han respondido que “sin justicia no hay reconciliación”. En el Te Deum el arzobispo de Lima, Carlos Castillo, rechazó los llamados a una reconciliación sin acciones que la sustenten, dijo que en una reconciliación tiene que haber justicia.
“Parece que ella piensa que reconciliarse significa hacer borrón y cuenta nueva, pasar la página, pero la reconciliación real tiene que ver sobre todo con deudas pendientes en la justicia con las víctimas de la violencia del Estado, y de eso no ha dicho nada. Era previsible que no dijera nada, porque eso significaría asumir responsabilidades y claramente ella no lo hace. Es muy poco creíble hablar de reconciliación sin una autocrítica del rol del fujimorismo”, le dijo a este diario la diputada Indira Huilca.
Al terminar su mensaje, Keiko Fujimori caminó del Congreso a Palacio de Gobierno, unas pocas cuadras. Rodeada de policías y agentes de seguridad del Estado, en el camino recibió el aplauso de simpatizantes fujimoristas organizados para estar en el lugar. Nadie más pudo ingresar a esa zona del centro de la capital. A varias cuadras de distancia, familiares de las víctimas de la dictadura fujimorista y de otros periodos represivos, protestaban contra el nuevo gobierno de la hija del dictador.
Antes de ir al Congreso para juramentar como presidenta, Keiko Fujimori tuvo encuentros bilaterales en la Cancillería con los jefes de Estado que llegaron para su toma de mando, entre ellos Javier Milei, con quien la presidenta peruana ha expresado con entusiasmo su afinidad política. Su asunción como presidenta reunió a los mandatarios de derecha de la región. Además de Milei, en la ceremonia en el Congreso estuvieron en primeria fila los presidentes Rodrigo Paz de Bolivia, José Antonio Kast de Chile, Daniel Noboa de Ecuador, Nasry Asfura de Honduras, Santiago Peña de Paraguay, José Raúl Mulino de Panamá y Yamandú Orsi de Uruguay, el único presidente ajeno a la derecha regional que viajó a Lima para acompañar a Fujimori en su juramentación como presidenta. También estuvo el rey de España, Felipe VI.

