Con el 38 por ciento de la población argentina y una parte decisiva de su aparato productivo, el deterioro bonaerense desde 2023 aparece en casi todos los frentes. Un estudio del Cepa revela datos de empleo, morosidad, consumo, industria, tarifas y recursos fiscales a la baja.
Los números que reunió el Observatorio Económico de la Provincia de Buenos Aires del CEPA muestran una economía que no logra recuperar dinamismo. Desde la llegada de Javier Milei se perdieron 91.270 puestos de trabajo registrados en territorio bonaerense, cerraron 7.625 unidades productivas, hay casi 2,2 millones de deudores morosos y el consumo sigue por debajo de 2023. Al mismo tiempo, los servicios aumentaron mucho más que los salarios y los recursos disponibles para la Provincia y los municipios muestran una caída real.
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El documento sobre la provincia de Buenos Aires fue elaborado por su Observatorio Económico PBA. El propio informe explica que su objetivo es “monitorear la evolución de las principales variables económicas y sociales” mediante información estadística oficial y compararlas con el promedio nacional. La referencia temporal principal es noviembre de 2023, último mes completo antes del cambio de administración nacional.
La conclusión general del CEPA es contundente. La provincia “muestra un deterioro sostenido de sus variables económicas desde noviembre de 2023, con peores resultados en casi todos los indicadores que el promedio nacional”.
Uno de cada cuatro empleos perdidos estaba en Buenos Aires
El primer dato es laboral. Desde noviembre de 2023 hasta abril de 2026 se perdieron 341.396 puestos de trabajo registrados en unidades productivas de todo el país. De ese total, 91.270 correspondieron a la provincia de Buenos Aires.
Es decir, el 26,7 por ciento de todos los empleos registrados destruidos en la Argentina se perdieron en territorio bonaerense. En términos porcentuales, el empleo registrado cayó 3,2 por ciento en la provincia.
El CEPA no presenta ese movimiento como una simple sustitución de un tipo de empleo por otro. Advierte que “la pérdida de empleos registrados implica un deterioro en la calidad del empleo que lo reemplaza” y lo vincula con “la flexibilización y precarización laboral” y con la caída de actividad en los sectores que generan empleo.
También aparece un indicador especialmente sensible: el trabajo en casas particulares.
Entre noviembre de 2023 y abril de 2026 desaparecieron 8.114 puestos registrados de trabajadoras de casas particulares en Buenos Aires, una caída del 4,7 por ciento. Representan el 28,1 por ciento de todas las bajas registradas en el país en esa actividad.
La interpretación del CEPA es explícita: “los hogares de clase media ya no pueden sostener esa fuente de empleo”. Y agrega que el impacto tiene “un fuerte sesgo femenino”, porque se trata de una de las actividades más feminizadas del mercado laboral.
Los indicadores generales confirman el deterioro. En el primer trimestre de 2026, la tasa de empleo bonaerense fue del 43,4 por ciento, contra 44,8 por ciento en el promedio nacional. La desocupación llegó al 9,7 por ciento, frente al 7,8 por ciento nacional. Y la subocupación alcanzó el 12,1 por ciento, un punto por encima del promedio del país.
Casi 2,2 millones de bonaerenses en mora
El segundo fenómeno es el endeudamiento. La provincia concentra 7.732.613 deudores, equivalentes al 36,4 por ciento del total del país. De ellos, 2.195.427 están en situación de morosidad. Eso representa el 37,4 por ciento de todos los deudores morosos argentinos.
Según la metodología del informe, se considera moroso a quien no registra pagos durante 90 días.
La tasa de mora por cantidad de deudores llega al 28,4 por ciento en Buenos Aires, ligeramente por encima del 27,7 por ciento nacional. Pero cuando se mide el monto adeudado la diferencia se amplía: 11,9 por ciento en la provincia contra 9,7 por ciento en el conjunto del país.
El informe destaca que el problema recae sobre las personas mucho más que sobre las empresas. La mora de las personas alcanza el 28,5 por ciento por cantidad de deudores y el 17,8 por ciento si se mide por monto. En las empresas, en cambio, la mora por monto es de apenas 3,1 por ciento. La conclusión del CEPA es que “las personas explican casi la totalidad del problema de mora provincial”.
Los jóvenes son los más afectados. Entre quienes tienen entre 20 y 24 años, la morosidad llega al 37,7 por ciento. En los menores de 20 años ronda el 35 por ciento. A partir de los 40 años empieza a ubicarse por debajo del promedio.
También importa quién prestó el dinero. La mora entre los clientes de bancos es del 18,8 por ciento. Entre quienes se financiaron con fintech, tarjetas no bancarias, mutuales, cooperativas y otros prestamistas, trepa al 34,1 por ciento.
El precio de los servicios corrieron mucho más rápido que los salarios
La desaceleración de la inflación mensual no elimina otro problema central: qué precios aumentaron y cuánto representan sobre el ingreso familiar.
Entre diciembre de 2023 y junio de 2026, el nivel general de precios acumuló un aumento del 327 por ciento en el Gran Buenos Aires, siete puntos por encima del promedio nacional. Pero los servicios esenciales aumentaron todavía más: Transporte, 423 por ciento. Comunicación, 443 por ciento. Y Vivienda, que incluye gas, electricidad y agua, 555 por ciento.
El dato más gráfico aparece cuando se compara la canasta de servicios con el salario.
En diciembre de 2023, la canasta de agua, electricidad, gas y transporte representaba el 19 por ciento de un salario mínimo. En junio de 2026 pasó a representar el 80,2 por ciento. Sobre el salario promedio pasó de 5,1 a 13,6 por ciento.
El CEPA señala que mientras la remuneración promedio del sector privado registrado creció 286 por ciento desde diciembre de 2023, el colectivo aumentó 1.450 por ciento, el subte 1.926 por ciento, el tren 977 por ciento y la canasta de electricidad, gas y combustibles 919 por ciento.
El informe resume el efecto de esta política en una frase: el ajuste tarifario “golpeó con mucha mayor intensidad a los ingresos más bajos, ampliando la desigualdad en el acceso a servicios básicos”.
Hay además una observación metodológica relevante. El CEPA sostiene que la canasta utilizada actualmente por el INDEC para calcular el IPC refleja patrones de consumo de 2004. Si se utilizara la canasta más actualizada de 2017-2018, calcula el centro, la inflación acumulada desde diciembre de 2023 sería del 373 por ciento y no del 320 por ciento a nivel nacional.
Cerraron 7.625 empresas y cuatro de cada diez máquinas están paradas
El frente productivo completa el cuadro. La provincia de Buenos Aires concentra el 40 por ciento de los establecimientos productivos del país. Entre noviembre de 2023 y abril de 2026, la actividad industrial bonaerense acumuló una caída del 1,2 por ciento. El promedio de actividad entre diciembre de 2023 y abril de 2026 estuvo 6,1 por ciento debajo del nivel de noviembre de 2023.
En mayo de 2026 la utilización de la capacidad instalada industrial fue de apenas 58,4 por ciento a nivel nacional. En otras palabras, unas cuatro de cada diez máquinas estaban sin utilizar.
Algunos sectores se encontraban todavía peor. La metalmecánica, excluido el sector automotor, utilizaba sólo el 38,7 por ciento de su capacidad. Caucho y plástico, el 39,6 por ciento. Textiles, 42,2. Y la industria automotriz, 45,5 por ciento.
El CEPA resume su interpretación con una definición política: “en el gobierno de Milei la industria no forma parte de las políticas económicas”.
El número que mide la destrucción de tejido empresario es todavía más fuerte. Desde la asunción de Milei hasta abril de 2026 cerraron 28.262 unidades productivas en todo el país. De ellas, 7.625 estaban en la provincia de Buenos Aires.
La cantidad de empresas registradas bonaerenses pasó de 153.497 a 145.872. La pérdida fue del 5 por ciento. Buenos Aires explica el 27 por ciento de todos los cierres empresariales del país.
El informe advierte que “no son solo números”. La desaparición de una empresa significa perder inversiones, proveedores, capacidades productivas y puestos de trabajo que pueden demandar años para reconstruirse. Por eso la considera “uno de los daños más persistentes sobre el entramado económico”.
Menos consumo y menos recursos
La consecuencia aparece finalmente en las cajas de los supermercados y centros comerciales.
En mayo, las ventas reales de supermercados mejoraron respecto de abril. Pero en la comparación contra mayo de 2025 seguían cayendo 6,2 por ciento en toda la provincia, 7,7 por ciento en el Gran Buenos Aires y 2,6 por ciento en el interior bonaerense.
El rebote estuvo concentrado además en algunos rubros favorecidos por el Hot Sale, como electrónicos y artículos para el hogar. En cambio, según el CEPA, “la mayoría de los rubros vinculados al consumo cotidiano continúa mostrando caídas interanuales”.
En los centros de compras el deterioro es todavía más visible. En mayo de 2026 las ventas reales en el GBA cayeron 9,1 por ciento interanual. Y si se comparan los primeros cinco meses de 2026 con el mismo período de 2023, la contracción llega al 27,5 por ciento.
La síntesis del CEPA es que “tanto los supermercados como los centros comerciales muestran que el consumo continúa en una fase contractiva” y que la pérdida de poder adquisitivo sigue afectando la demanda interna y la actividad económica provincial.
A este cuadro se suma el frente fiscal. Durante el primer semestre de 2026, las transferencias por coparticipación nacional a Buenos Aires cayeron un 2,1 por ciento real respecto del mismo período de 2025. En junio, la caída interanual fue del 4 por ciento, aunque el propio CEPA aclara que parte de esa baja responde a un cambio en el calendario de vencimientos de Ganancias y Bienes Personales.
Al mismo tiempo, la recaudación tributaria propia de la Provincia muestra una tendencia declinante en términos reales. Ingresos Brutos explica el 76 por ciento de esos recursos, de modo que la caída de la actividad económica se transmite directamente a las cuentas provinciales.
El resumen ejecutivo registra además una contracción real interanual del 15 por ciento de la recaudación propia en mayo. El resultado combinado es una menor disponibilidad de recursos para la Provincia y para los municipios.
El cuadro que describe el CEPA es así circular. Se pierden empleos y empresas. Los salarios pierden terreno frente a los servicios. Aumenta el endeudamiento y la mora. Cae el consumo. Se debilita la producción. Y cuando se reduce la actividad también cae la recaudación necesaria para sostener salud, educación, infraestructura y políticas públicas.
No son indicadores aislados. Son distintas caras de un mismo proceso económico. Y, según el Observatorio del CEPA, la provincia de Buenos Aires lo está sufriendo con una intensidad superior al promedio nacional.

