Pozo de Maza y numerosas comunidades atraviesan horas de profunda angustia. El viento volvió a alimentar sectores afectados por las llamas, mientras bomberos, policías, autoridades y vecinos luchan juntos para proteger viviendas, animales y familias. La Rinconada, Isla García, La Madrugada, El Chañaral y Los Cieneguitos se encuentran entre los lugares comprometidos. Hasta el momento no se registraron víctimas fatales.
El oeste formoseño conoce de adversidades.
Conoce la sequía. Conoce el agua cuando avanza sobre los caminos, los campos y las casas. Conoce también lo que significa empezar nuevamente cuando la naturaleza obliga a dejar atrás aquello que costó años construir.
Pero esta vez no es el agua.
Esta vez es el fuego.

Desde hace horas, familias criollas y comunidades originarias de la zona de Pozo de Maza observan cómo las llamas avanzan sobre una tierra castigada por la sequedad, mientras el viento transforma cada pequeña reactivación en una nueva amenaza.
Campos ennegrecidos. Animales muertos. Humo que dificulta respirar. Familias evacuadas. Personas que, aun viendo aproximarse las llamas, no quieren abandonar sus casas porque allí está todo lo que tienen.
Y en medio de ese escenario, otra imagen se repite: vecinos ayudando a vecinos.

El fuego volvió a avanzar con el viento norte
Durante la noche, el enorme esfuerzo realizado por Bomberos, efectivos policiales, autoridades y pobladores permitió contener distintos sectores del incendio.
Pero la tranquilidad duró poco.
Durante la mañana, el viento norte volvió a cobrar intensidad y comenzó a avivar sectores que permanecían calientes, generando nuevamente preocupación en las comunidades.
Entre los lugares que permanecen bajo especial atención se encuentran La Rinconada, Isla García y La Madrugada, además de sectores criollos como El Chañaral y Los Cieneguitos, donde la situación fue reportada como especialmente compleja.

La imagen cartográfica que acompaña esta cobertura permite dimensionar el problema: los puntos asociados al incendio se distribuyen sobre una extensa zona alrededor de Pozo de Maza, dejando en evidencia que no se trata de un foco aislado, sino de una emergencia que alcanza a diferentes comunidades y parajes del oeste provincial.
Relevamientos difundidos durante este lunes estiman que las zonas afectadas y con registros de calor superan las 9.000 hectáreas, mientras las condiciones de sequedad, temperaturas elevadas y viento mantienen el riesgo de nuevas reactivaciones.
En El Chañaral, el fuego también se llevó animales
Quizás una de las imágenes más difíciles de esta emergencia llega desde la zona criolla de El Chañaral.
Allí, las llamas alcanzaron campos y animales.
Las fotografías son duras: cuerpos calcinados entre la tierra quemada, animales que no consiguieron escapar y familias observando las pérdidas que dejó el incendio.
Para quien vive del campo, un animal no representa solamente una cifra económica.
Es alimento. Es trabajo. Es el esfuerzo diario de una familia. Es parte de aquello que permite continuar viviendo en lugares donde cada recurso cuesta conseguirlo.

“Salgan, se van a quemar”
Hay momentos en los que los cargos dejan de importar.
En medio de una emergencia no siempre quien ayuda lleva un uniforme ni forma parte de un equipo profesional de rescate.
Funcionarios, concejales y vecinos recorrieron sectores amenazados por el incendio tratando de convencer a pobladores para que abandonaran sus viviendas.
Porque algunas familias no querían irse.

¿Cómo convencer a alguien de que deje atrás su casa, sus animales, sus herramientas y aquello que construyó durante toda una vida?
Pero cuando el fuego está cerca ya no queda demasiado tiempo.
Entre llamados desesperados y recorridas por las comunidades, la advertencia era sencilla y terrible: había que salir antes de que fuera demasiado tarde.
Y muchos de quienes estuvieron allí no lo hicieron porque fuera parte de su profesión.
Lo hicieron porque había vecinos que necesitaban ayuda.
Evacuaciones, humo y solidaridad
En la comunidad Nagady, familias fueron evacuadas hacia Vaca Perdida, donde se realizaron gestiones para disponer de una escuela pública como espacio de resguardo.
El humo también se convirtió en una seria preocupación: en distintos sectores es tan denso que dificulta respirar y reduce considerablemente la visibilidad. Hasta el momento, no se informaron víctimas fatales.
Mientras tanto, la solidaridad vuelve a hacerse presente. Bomberos, policías, autoridades y vecinos trabajan juntos, mientras pobladores colaboran con agua, alimentos, vehículos y todo aquello que pueda ser útil.
Criollos y comunidades originarias atraviesan hoy una misma emergencia. El fuego no distingue: amenaza viviendas, animales, campos y monte.
Y una vez más, el oeste demuestra algo que conoce muy bien:
cuando un vecino necesita ayuda, siempre aparece otro vecino.
Hoy el oeste necesita que miremos hacia allí
Desde las ciudades, una fotografía puede durar unos segundos en una pantalla.
Se mira, se comparte y se continúa.
Pero detrás de cada una de estas imágenes hay personas.
Hay una familia que quizá esta noche no duerma en su casa.
Hay alguien buscando sus animales.
Hay un hombre intentando apagar fuego con las herramientas que tiene.
Hay una madre tratando de proteger a sus hijos del humo.
Hay bomberos agotados.
Hay policías, trabajadores, autoridades y vecinos que todavía siguen recorriendo caminos rurales.
Y hay hombres y mujeres que observan cómo una parte del paisaje donde crecieron se transforma en cenizas.
Por eso, desde El Diario del Oeste – La Voz del Pueblo, queremos contar esta emergencia no solamente desde las cifras.
Queremos contarla desde su gente.
Desde quienes decidieron quedarse para ayudar.
Desde quienes tuvieron que irse para salvar sus vidas.
Desde quienes perdieron animales.
Desde quienes abrieron una puerta para recibir a otra familia.
Desde quienes llevan agua.
Desde quienes manejan durante kilómetros para colaborar.
Y desde todos aquellos que hoy, en algún rincón del oeste formoseño, están luchando para que el fuego no se lleve un poco más.
El oeste está herido, pero no está solo.
Mientras las llamas sigan amenazando a nuestras comunidades, El Diario del Oeste continuará acompañando, informando y dando voz a quienes están atravesando esta emergencia.
Porque detrás de cada incendio hay una historia.
Y detrás de cada historia está nuestra gente.
El Diario del Oeste – La Voz del Pueblo.
