domingo, agosto 16, 2026

Lula lanzó su campaña en el estadio donde se popularizó como líder sindical

“La emoción que siento hoy aquí es única, es más fuerte que la que sentí en este mismo estadio en 1979”, confesó el candidato a la reelección.

Desde Brasilia

Donde todo comenzó. El estadio Vila Euclídes, en el cordón industrial de San Pablo, fue el escenario donde Luiz Inácio Lula da Silva lanzó este domingo la campaña hacia las elecciones del 4 de octubre. En ese mismo campo de juego, hace casi medio siglo, Lula, en aquella época líder sindical, estuvo al frente de huelgas decisivas para poner contra las cuerdas a la dictadura.

“La emoción que siento hoy aquí es única, es más fuerte que la que sentí en este mismo estadio en 1979”, confesó. La sociedad necesita saber, siguió el candidato del Partido de los Trabajadores (PT), cuáles fueron los orígenes de aquel movimiento reprimido por las Fuerzas Armadas y la prisión de dirigentes, incluyendo al entonces metalúrgico Lula.

De no haber ocurrido aquella asamblea de 1979 en la que habló subido a la mesa de un bar y sin micrófono, difícilmente hubiera ocurrido todo lo posterior: fortalecimiento del movimiento sindical, unidad de los trabajadores del estratégico núcleo fabril paulista y la posterior fundación de PT en 1980, ya con el apoyo de diversos sectores políticos, la Iglesia católica, intelectuales y militantes que habían cumplido un papel trascendente durante la resistencia.

En ese momento Lula nombró a José Dirceu y José Genoino, dos dirigentes históricos de la agrupación.

Lula con ventaja

Las imágenes aéreas sobre el acto de Lula en el estadio paulista y Flávio Bolsonaro, en la playa de Copacabana, muestran más público en el evento petista.

Según estimó el diario Folha de San Pablo, hubo entre 20 mil y 30 mil personas en la cancha paulista, mientras un relevamiento de la Universidad de San Pablo indicó 8,9 mil personas en la concentración bolsonarista.

Ese arranque favorable al presidente, que busca su cuarto mandato, se condice con su ubicación en las encuestas.

La última, publicada el viernes a la noche por la agencia Quaest, mostró a Lula con el 38 % de intenciones de voto para la primera vuelta del 4 de octubre contra el 31 % de Bolsonaro. Esos números confirman el liderazgo del mandatario consolidado desde mayo, cuando su adversario e hijo de Jair Bolsonaro fue involucrado con un banquero corrupto, Daniel Vorcaro. En una conversación cuyo audio fue divulgado por los medios, Bolsonaro solicitó millones de dólares a Vorcaro.

La ventaja de Lula se acorta cuando se realizan mediciones sobre un eventual segundo turno, que tendrá lugar el 25 de octubre si ningún candidato supera el 50 % en la primera ronda. Allí Lula suma el 43 % y Bolsonaro el 40 %.

Sin embargo, algunos especialistas en demoscopía, que no son la mayoría, ven a Lula con expectativa de crecimiento conforme avanza la campaña.

Mientras observan a un Bolsonaro balbuceante, rodeado de problemas, e incluso amenazado por la eventual divulgación de más audios o imágenes con Vorcaro. Para esos analistas, no se puede descartar de plano que el exmetalúrgico y tres veces presidente sea electo en primer turno.

Funk y gospel

Titulado “Donde todo comenzó”, la concentración en el estadio donde se realizó aquella histórica, y fundacional, asamblea de 1979 tuvo espacio para la cultura de los barrios periféricos y las favelas, donde el funk es la expresión más popular entre los jóvenes y forma de resistencia.

Antes de que Lula suba al escenario, ocuparon la tarima alfombrada de rojo un grupo de adolescentes y jóvenes, en su mayoría negros, que cantó y bailó al ritmo de una versión electoral de “Rap do Silva”, clásico del funk carioca de MC Bob Rum, adaptado para contar la trayectoria del candidato.

Lula y el PT están trabajando para conquistar a los electores de entre 16 y 24 años de edad, que representan cerca del 15 % del colegio electoral nacional, formado por 158 millones de votantes.

Este domingo también hubo un guiño al electorado evangélico mayoritariamente evangélico. La primera dama, la socióloga Rosângela Janja da Silva, participó junto al pastor y cantante gospel Kleber Lucas de la presentación de un jingle de inspiración religiosa, que será usado durante la campaña.

Militante del PT y con importante trabajo a favor de los derechos de género, Janja no es evangélica, pero ha establecido comunicación con sectores de esa corriente.

Lula se refirió al tema. Reiteró un planteo que había hecho al lanzar su candidatura, la semana pasada, cuando afirmó que no basta con pedir a las mujeres que se protejan o denuncien, sino que son los hombres quienes tienen que modificar su comportamiento. Los que necesitan “aprender a respetar” a las mujeres y formuló un llamado directo a ellas: nunca “bajen la cabeza”. El electorado femenino supera en 9 millones de registros al total de hombres aptos para sufragar.

Gasto público

Lula afirmó que su eventual cuarto mandato, si venciera al heredero de Jair Bolsonaro dentro de menos de dos meses, será para “hacer de este país una gran nación”, motorizando proyectos capaces de acelerar el desarrollo económico y social.

Habló de la industrialización de los minerales críticos, de los cuales hay abundantes reservas, posiblemente las segundas o terceras a nivel mundial. “No queremos exportar minerales brutos para después importar productos acabados. Queremos extraerlos acá, transformarlos acá, industrializarlos acá, para generar empleo y riqueza”.

Para eso dará continuidad el programa “Nueva Industria Brasil”, que en los últimos años realizó “inversiones de casi 800 mil millones de reales”, equivalentes a unos 150 mil millones de dólares.

Al mismo tiempo, se comprometió a hacer de la educación una prioridad, profundizando las políticas actuales financiadas con recursos del Estado, a los cuales, según Lula, no se los debe dimensionar como gasto, sino como inversión.

Sostuvo que es más provechoso destinar fondos a las universidades que a las cárceles, y explicó que el costo anual de un estudiante universitario es más bajo que el requerido para financiar a un preso durante ese mismo período.

Los argumentos planteados por Lula, con un sombrero tipo Panamá y camisa blanca bajo el sol paulista, son antagónicos a los expuestos este domingo por Flávio Bolsonaro, en la igualmente soleada playa de Copacabana, zona sur de Río, ante un público muy escaso. Posiblemente el más bajo reunido por el bolsonarismo en los últimos años.

El senador de extrema derecha se comprometió a aplicar un “tijeretazo” en los gastos del gobiernorepitiendo el mismo argumento presentado el mes pasado junto a Javier Milei en San Pablo, cuando el argentino se jactaba de su motosierra.

Enfundado en la camiseta amarilla de la selección, indumentaria convertida en el uniforme de las concentraciones derechistas, esbozó un modelo de austeridad, salvo en sectores como la defensa y la seguridad. Este último concentrado en guerrear con las organizaciones delictivas Comando Vermelho y Primer Comando de la Capital, a las que rotuló como “terroristas” en correspondencia con lo planteado por Washington.

La tesis del hijo del actualmente preso Jair Bolsonaro, condenado por golpismo, no puede ser más antagónica con el planteo de Lula.

El presidente ha repetido una y otra vez que rechaza la tipificación de las organizaciones criminales de su país como terroristas y que darles esa rotulación es un atajo para eventuales ataques armados a Brasil.

Brasil no los tolerará, como tampoco aceptará ninguna forma de interferencia norteamericana en las elecciones, dijo el gobernante la semana pasada, cuando volvió a manifestar su repulsa contra el secretario de Estado Marco Rubio, al cual asocia a las maniobras desestabilizadoras del clan Bolsonaro, cuya cara visible es el candidato Flávio, pero su estratega sigue siendo Jair, desde su detención en Brasilia.

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