En diálogo, Juan Gabriel Tokatlian advirtió que la reorganización militar de Washington se apoya en una redefinición de las amenazas que amplía el universo de actores considerados como un riesgo para la seguridad regional.
El Ejército de Estados Unidos lanzó esta semana el Grupo de Trabajo Conjunto del Hemisferio Occidental, una alianza que busca “incrementar la efectividad operacional contra las amenazas que socavan la seguridad regional e impactan a EE.UU.” y sus aliados. En ella participarán los 18 países que integran la Coalición Contra los Cárteles de las Américas, entre ellos Argentina, Chile, Bolivia, Ecuador y Colombia, recientemente incorporada por pedido del presidente electo, Aberlardo de la Espriella. Según informó el Comando Sur del Ejército (Southcom), la iniciativa será una transición de la Operación Lanza del Sur.
En diálogo, el sociólogo y profesor del Departamento de Ciencia Política y Estudios Internacionales la Universidad Di Tella, Juan Gabriel Tokatlian, sostuvo que el fortalecimiento de la estructura militar estadounidense y la profundización de la cooperación con países latinoamericanos y caribeños responden a una estrategia orientada a ampliar las capacidades de Washington para respaldar futuros objetivos geopolíticos en la región. “Si Estados Unidos dice que quiere comprar Groenlandia, anexar Canadá, recuperar el canal de Panamá o quedarse con el petróleo de Venezuela, el lugar de lo militar y de los comandos va a ser decisivo”, afirmó.
Unidos por las amenazas
El general Francis Donovan, comandante de Southcom, declaró que el Grupo de Trabajo Conjunto del Hemisferio Occidental será el brazo ejecutor del Comando Sur “para enfrentar las amenazas en todo el hemisferio”.
El nuevo comando tendrá como objetivo integrar información de inteligencia, coordinar operaciones y fortalecer la cooperación entre las fuerzas militares de los países participantes, además de brindar asistencia ante emergencias y crisis humanitarias.
A través de la Operación Lanza del Sur, iniciada en septiembre de 2025 por la Administración Trump, Estados Unidos bombardeó más de 60 embarcaciones presuntamente vinculadas al narcotráfico y causó la muerte de al menos 221 personas en aguas del Caribe y del Pacífico. El Southcom no informó la identidad ni la nacionalidad de las víctimas, ni presentó pruebas que permitieran vincularlas con organizaciones criminales.
Este operativo también buscó aumentar la presión en torno al entonces gobernante venezolano, Nicolás Maduro, antes de su arresto en una intervención estadounidense en Caracas, de donde lo trasladaron a un centro de detención en Nueva York a principios de enero para afrontar cargos de narcoterrorismo.
El nuevo grupo de trabajo lo conformarán EE.UU. y los países que suscribieron la alianza del Escudo de las Américas en marzo en Miami: Argentina, Bolivia, Costa Rica, República Dominicana, Ecuador, El Salvador, Guyana, Honduras, Panamá, Paraguay y Trinidad y Tobago.
Después del evento, también se sumaron Bahamas, Belice, Chile, Guatemala, Jamaica, Perú y Colombia.
Los instrumentos del Pentágono
El lanzamiento del Grupo de Trabajo Conjunto del Hemisferio Occidental representa un nuevo paso en la profundización de la política de seguridad impulsada por la administración de Donald Trump en América Latina. Washington reforzó a partir de 2025 su presencia mediante alianzas regionales articuladas en torno a amenazas comunes, como el Escudo de las Américas y una reorganización de su estructura militar. En ese marco, durante el año pasado creó el Comando del Hemisferio Occidental del Ejército de Estados Unidos (West-Hemcom) para concentrar en un solo mando las operaciones en América del Norte, Central y del Sur, aunque todavía no se encuentra operativo.
Consultado acerca del papel del Comando Sur en la arquitectura de seguridad de la región, Tokatlian aseguró que constituye uno de los principales instrumentos del Pentágono para ejecutar su política hacia América Latina. “El Comando Sur siempre ha jugado un rol decisivo en la región. De las distintas comandancias que tiene Washington, siempre ha sido la que recibió menos recursos, porque es una zona segura para Estados Unidos. No hay una amenaza letal a la seguridad nacional que provenga de América Latina, ni de un país individual ni del conjunto de países”, explicó.
Además, el sociólogo advirtió que el predominio militar estadounidense en América Latina se inscribe en el intento de disuadir permanentemente la proyección de China y contener su expansión en áreas como infraestructura, tecnología y cooperación militar.
En esta disputa, La Habana ocupa un lugar central. “Cuba es una obsesión estadounidense. Después de disciplinar a Venezuela pretenden hacer lo propio con Cuba; en este caso vía una asfixia masiva que los lleve al derrumbe. Esa es la aspiración de Trump, Hegseth y Rubio (secretarios de Estado y Defensa, respectivamente). Es también hoy un mensaje para todo el Caribe y Centroamérica que en los últimos años abrió relaciones con China. Restaurar la gran Cuenca del Caribe a bajo precio: pero en este caso con promesas vagas sin recursos reales”, sostuvo Tokatlian.
En este escenario, Tokatlian consideró que el Escudo de las Américas se convierte en un mecanismo sui generis, que habilita las operaciones estadounidenses y reemplaza las instancias existentes a nivel internacional y continental encargadas de autorizarlas, como la Organización de los Estados Americanos (OEA) y el Tratado Interamericano de Asistencia Recíproca de 1947.
“Este organismo no es un tratado ni un acuerdo que debe pasar por el Congreso para ser ratificado, es un proyecto de actuación conjunta para atacar a lo que se considera narcoterrorismo y actores malignos. Lo que Estados Unidos quiere es el eventual acompañamiento de los países para operaciones militares”, aseveró el analista.
Un viejo enemigo
Sin embargo, Tokatlian sostuvo que la reorganización militar estadounidense está acompañada por una redefinición de las amenazas que busca justificar el despliegue de estos instrumentos y habilita un mayor protagonismo de las Fuerzas Armadas dentro de los territorios.
Tanto el gobierno de EE.UU. como los dirigentes de derecha en América Latina, entre ellos José Antonio Kast, Javier Milei, Jair Bolsonaro, Abelardo de la Espriella y Keiko Fujimori, comparten una visión de la seguridad que identifica al narcotráfico y a las organizaciones catalogadas como terroristas como las principales amenazas para la región. No obstante, el analista advirtió que se trata de categorías amplias y flexibles, capaces de incorporar actores diversos y de readaptarse según el contexto histórico y las particularidades de cada país.
El secretario de Estado estadounidense, Marco Rubio, convocó el 16 de julio a representantes de más de 60 países a una reunión en Washington para impulsar una estrategia global destinada a identificar y combatir el “terrorismo transnacional de izquierda”. La iniciativa planteó fortalecer la cooperación internacional mediante el intercambio de inteligencia e información entre las autoridades.
Lo peligroso de esta construcción, aseguró Tokatlian, es su carácter totalizador y el parecido con los discursos que circulaban durante los setentas en América Latina, donde la amenaza estaba en todas partes. “Hay referencias a los actores sociales movilizados contra el Estado, que trascienden a la persona armada que participaba del terrorismo. Son las organizaciones de derechos humanos que deben ser descabezadas o vinculadas a propósitos espurios. Son aquellas minorías que se movilizan por sus derechos. Son actores que por la misma acción de movilización deben ser frenados y reprimidos. Son los partidos políticos con una agenda de desafío y de impugnación. Todos ellos son vistos como parte del problema que debe ser neutralizado, los núcleos que fomentan el terrorismo”, concluyó.

