El espacio del expresidenta envía señales para bajar la tensión interna. En la gobernación bonaerense desconfían. El líder del Frente Renovador acelera su estrategia y despierta enojos en el Senado.
Un sentimiento de hartazgo atraviesa las venas de la militancia peronista. El desconcierto por el enfrentamiento público entre Cristina Kirchner y Axel Kicillof se profundiza a la par del constante deterioro económico. Entre el ajuste libertario y la acefalía opositora, asoman las críticas sobre la “desconexión” con la sociedad. El contundente rechazo a la extranjerización de la tierra marcó los límites del Gobierno y dejó en evidencia el extendido descontento con el programa de Javier Milei, que sus adversarios no logran capitalizar. Desde el kirchnerismo, reconocen el creciente fastidio social y aseguran que se abrió una etapa de menor beligerancia interna. A la espera del fallo de la ONU sobre la condena de CFK, se muestran cada vez más cerca de Sergio Massa. En la gobernación bonaerense también reconocen la distancia entre “la política y la calle”. Hablan de “escuchar a la gente” y alejarse de las prácticas de construcción tradicionales. Así justifican que Kicillof esquive fotos como la de Máximo Kirchner y Ricardo Quintela en La Rioja. El horizonte de ambas facciones es ganar músculo de acá al año que viene para llegar en mejores condiciones a dirimir la conducción en unas eventuales PASO. El tigrense, en tanto, comenzó a asomar la cabeza: buscó atribuirse la victoria legislativa del jueves, muestra encuestas que lo dan ganador en 2027 y se presenta como “el candidato de la unidad”. “¡Déjense de hinchar la pelotas!”, reclamó José Mayans esta semana, en medio de las pujas sectoriales y en sintonía con el desamparo de su electorado.
La precampaña está en marcha, el desencanto también. Las encuestas, en su mayoría, revelan que alrededor de un 60 por ciento de los argentinos quiere un cambio. El hastío por el deterioro económico y el potencial volumen electoral, sin embargo, no encuentra aún una representación definida. El peronismo, sumergido en su disputa por el liderazgo opositor, no logra ordenarse ni transparentar su propuesta. “El mensaje que le manda a la población es contradictorio: señala la necesidad de salir juntos, pero al mismo tiempo se está peleando”, resume el consultor Gustavo Córdoba. El director de Zuban-Córdoba, no obstante, subraya que el peronismo es “altamente competitivo”, con un piso del 35 por ciento de votos, y pronostica que la próxima elección depende en gran medida del devenir del programa económico de Luis Caputo y apenas de la rosca justicialista. “No la va a ganar la oposición. La gana o pierde el oficialismo. El peronismo lo único que tiene que hacer es tratar de no pelear y emprolijarse un poco”, remata.
Las coordenadas de CFK
En el kirchnerismo no coinciden con la teoría de la decantación natural. Consideran que no cosecharán un triunfo por el efecto espejo de Milei. “No nos van a votar solo por putear”, indican y admiten que es momento de bajar las tensiones internas. La definición de Máximo Kirchner sobre Kicillof de la semana pasada abrió paso a una nueva etapa. “Estoy convencido de que no estamos en veredas opuestas”, dijo e intentó minimizar las diferencias. En el entorno del líder de La Cámpora, señalan que hay vocación de construir puentes y rescatan la cumbre peronista en La Rioja a la que no asistió el gobernador. “Esos son los espacios propicios para hablar, para de a poco ir recomponiendo el espacio”, señalan y remarcan que la presencia de Kicillof hubiera sido importante.
Respecto al clima en la militancia, remarcan que “la gente tiene todo el derecho a estar enojada” y reconocen que las idas y vueltas por el voto de Anabel Fernández Sagasti en el Senado profundizaron la bronca. El pedido de la mendocina de votar de manera virtual las modificaciones a la ley de Tierras enfureció a un sector del votante peronista y enardeció a otro que la defendió por estar cursando un embarazo de riesgo. El enojo y desconcierto de todos crecieron cuando, llegado el momento de discutirlo en el recinto, el propio peronismo evitó impulsar su habilitación. En la Cámara alta explicaron que el capítulo de tierra había quedado sepultado y que “no querían sentar ese precedente”. Más allá de la polémica, destacaron la articulación de los distintos sectores del peronismo para frenar la ley.
Sobre ese trabajo en equipo emergió el nombre de Sergio Tomás Massa. El exministro de Economía dejó trascender que su vínculo con los gobernadores había torcido la votación en el Congreso. La senadora Juliana Di Tullio lo destacó en sus redes sociales. A algunos compañeros de banca les molestó que el exintendente se quisiera colgar la medalla de un bloqueo legislativo que llevó meses. “Aparece como el salvador, pero nosotros veníamos trabajando hace meses. Y solo consiguió dos votos cuando el capítulo del Fuego ya estaba caído”, se quejan. Lo cierto es que Massa asoma la cabeza y quiere competir. Ostenta sus vínculos con el amplio espectro peronista y pretende erigirse, nuevamente, como el candidato de la unidad. La publicación de Di Tullio alimentó especulaciones sobre una posible venia de Cristina Kirchner para que enfrente a Kicillof. El exintendente comparte números que lo respaldan. Según un informe de Alaska y Tres Punto Zero, si hoy se repitiera el balotaje, el líder del Frente Renovador se impondría sobre Milei con el 53,7 por ciento de los votos frente a un 46,3 por ciento.
Para los próximos meses, en el kirchnerismo avizoran un panorama interno menos conflictivo y proyectan recorridas por el territorio: “Necesitamos el contacto cara a cara con la gente”. De acá a fin de año, Máximo Kirchner tiene agendado visitar entre cuatro y cinco provincias. Se sumarán a la gira que comenzó en abril e incluyó Santa Fe, Entre Ríos, Carmen de Areco y La Rioja. La mayor exposición del diputado encendió rumores sobre una posible postulación en la provincia de Buenos Aires. Él lo niega. Mientras tanto, insiste en presionar para “romper la proscripción” de Cristina Kirchner. Los abogados de la exmandataria esperan que la presentación ante la ONU sea tratada en la próxima sesión del Comité en octubre. Un fallo favorable, sea correspondido o no por la justicia argentina, impactaría en el tablero electoral. Hay quienes fantasean con una fórmula compartida con Massa.
Las ecuaciones de Kicillof
En La Plata, por su parte, desconfían de los movimientos balsámicos de Máximo Kirchner. Sostienen que el diputado cambió de estrategia y ahora “finge demencia” respecto de sus cuestionamientos al gobernador. “Hace un mes, usó todo el acto en Parque Lezama para putear a Axel y no hablar de Milei. No sé por qué cambió la estrategia. Es inentendible su juego”, responden. En aquel entonces, con un mensaje indirecto, el diputado le recriminó “hablar de la unidad” y “no ser capaz de ir a visitar a Cristina para ver cómo está”. Días después, el legislador Facundo Tignanelli lo comparó con el exsindicalista Augusto Vandor, símbolo de la traición. La disputa, así, no solo opera en el plano de la táctica política, sino también en una dimensión emocional de heridas, agravios y reproches cruzados.
Tomando como referencia el componente anticasta que expresó las urnas en 2023, el cálculo de Kicillof es que con las prácticas de la política tradicional en 2027 se pierde. Asume que existe una distancia creciente entre la sociedad y la dirigencia, y que el desafío es armar un proyecto con olor a nuevo. “La foto no suma. No es la forma de construir. Quedó viejo”, expresan sobre la ausencia en La Rioja. Además, ponen como ejemplo que Milei ganó las elecciones sin los aparatos provinciales. Para el gobernador, el vínculo que hay que recomponer no es el de los dirigentes peronistas, sino el de la sociedad con la política.
El objetivo es ganar músculo en el territorio. Proponen que cada sector se fortalezca para dar la discusión el año que viene. “Hay tiempo hasta marzo”, dicen en el oficialismo platense, donde confían en que las PASO serían la mejor instancia para ordenar el liderazgo opositor. Sobre ese escenario penden dos incógnitas que pueden cambiarlo todo: que la Casa Rosada logre suspender las Primarias y que Cristina Kirchner sea habilitada para competir. Sin las PASO, no descartan ir en espacios separados. Si Cristina vuelve a ser candidata, están dispuestos a la competencia: “Hace años que estamos esperando que sea candidata. Si ahora es el momento, que lo sea”.

