El presidente de la Nación tomó distancia del drama de casi 6 millones de personas atrapadas en el sistema financiero. “Fue por decisión propia que se endeudaron”
Javier Milei volvió a descartar cualquier posibilidad de que el Estado implemente algún mecanismo de asistencia para los millones de argentinos que atraviesan problemas para pagar sus deudas. “Nadie les puso una pistola en la cabeza para endeudarse”, afirmó el Presidente al referirse al crecimiento de la morosidad, aunque los últimos datos disponibles muestran que, mientras el Gobierno atribuye el fenómeno exclusivamente a decisiones individuales, la cantidad de personas que cae en incumplimiento continúa aumentando.
Según un informe del Centro de Economía Política Argentina (CEPA), dirigido por Hernán Letcher, sólo durante junio se incorporaron más de 100 mil nuevos deudores morosos con bancos y proveedores de crédito no financiero, una señal de que el deterioro financiero de los hogares sigue profundizándose.
Durante una entrevista televisiva, Milei calificó el aumento de la mora como “un problema entre privados” y rechazó que el Estado deba intervenir para asistir a quienes no pueden afrontar sus obligaciones. “¿Es correcto que yo le haga pagar a usted eso?”, planteó el mandatario al justificar su postura.
Además, sostuvo que el Gobierno únicamente fomenta que las entidades financieras refinancien los créditos y reiteró que quienes se endeudaron deben hacerse responsables de sus decisiones. Sus declaraciones se alinean con las expresadas días atrás por el ministro de Economía, Luis Caputo, quien también descartó un programa de ayuda para los deudores y sostuvo que se trata de una cuestión que corresponde resolver entre privados.
En paralelo, un informe de la consultora 1816 aportó un dato que, a primera vista, podría interpretarse como un alivio. Después de 19 meses consecutivos de incrementos, la irregularidad del crédito a familias registró una leve baja durante junio y pasó de 12,8 a 12,7 por ciento. También descendió el índice de mora total con entidades del sector privado, de 7,7 a 7,6 por ciento.
Sin embargo, los propios economistas de 1816 advirtieron que esa mejora es apenas marginal y todavía insuficiente para afirmar que el problema comenzó a resolverse. Según el informe, la reducción del indicador respondió tanto a una desaceleración en el crecimiento del saldo de préstamos irregulares como a un aumento del volumen total de créditos, lo que modifica el cociente utilizado para medir la morosidad. Además, remarcaron que en la mayoría de las principales entidades financieras la mora continuó aumentando y que persisten varios factores que podrían volver a presionar sobre los indicadores durante los próximos meses.
Entre esos factores, la consultora destacó que la mora en los préstamos otorgados por entidades no financieras volvió a incrementarse hasta alcanzar el 33 por ciento, un nivel récord. También señaló que las refinanciaciones siguen creciendo y ya representan el 3,4 por ciento del stock de créditos destinados a familias, un fenómeno que contribuye a contener momentáneamente los índices de incumplimiento, pero que también refleja las crecientes dificultades de los hogares para afrontar los pagos con ingresos corrientes.
El informe elaborado por CEPA pone el foco precisamente en esa dimensión del problema. Más allá de la leve baja porcentual observada en junio, la cantidad de personas que ingresó en situación de mora siguió aumentando. Durante ese mes se registraron 57.568 nuevos deudores morosos en bancos y otros 42.759 en proveedores de crédito no financiero. En conjunto, el universo de personas con atrasos en sus obligaciones ascendió a 5.904.900.
Para Hernán Letcher, el fenómeno revela una transformación más profunda del mercado crediticio. Según explicó, los bancos comenzaron a restringir el otorgamiento de préstamos a las familias, mientras crece el peso de las billeteras virtuales, mutuales, cooperativas y otros proveedores de crédito no financiero. Ese desplazamiento implica que una parte cada vez mayor del financiamiento se canaliza a través de actores que exhiben niveles mucho más elevados de incumplimiento.
La situación también presenta fuertes diferencias territoriales. La provincia de Buenos Aires encabezó el ranking de nuevos morosos bancarios durante junio con 26.792 casos, seguida por la Ciudad de Buenos Aires con 5.720, Santa Fe con 4.121 y Córdoba con 3.591. En el segmento de proveedores no financieros, Buenos Aires también lideró con 10.958 nuevos deudores, seguida por Santa Fe con 5.306 y Córdoba con 4.288.
Para CEPA, la combinación entre bancos que restringen el crédito y familias que siguen necesitando financiamiento para sostener el consumo cotidiano está generando un proceso de precarización del sistema crediticio. A medida que se cierran las puertas del crédito bancario, aumenta la dependencia de mecanismos alternativos con mayores tasas de interés y menor regulación. El informe advierte que, de mantenerse esta dinámica, el siguiente escalón podría ser la expansión del crédito informal.
Lejos de tratarse únicamente de decisiones individuales, los datos reflejan un escenario en el que el deterioro del poder adquisitivo, el endurecimiento del crédito bancario y la expansión del financiamiento no tradicional configuran un problema económico y social de creciente magnitud.

