Colombia elige entre el candidato respaldado por Donald Trump y el delfín del presidente Gustavo Petro.
Desde Bogotá
Colombia vuelve a contener el aliento. Este domingo, más de 41 millones de ciudadanos están convocados a las urnas para definir un balotaje en el que se dirime la continuidad de la izquierda o la irrupción de la ultraderecha. En el tablero, dos modelos de país antagónicos: el que plantea Abelardo de la Espriella, respaldado por Donald Trump, y el que encabeza Iván Cepeda, delfín del presidente Gustavo Petro.
El electorado eligió en la primera vuelta, hace tres semanas, al excéntrico abogado De la Espriella, admirador de Javier Milei y Nayib Bukele, con un 43,7% de los votos. Pisándole los talones quedó el senador Cepeda, la espada del progresista Pacto Histórico, con el 40,9 % de los votos. En un país donde el sufragio no es obligatorio, el 31 de mayo la participación alcanzó el 57,8%, un récord sin que los candidatos debatieran una sola vez.
En vísperas de la votación, en una esquina de la peatonal Séptima del centro de Bogotá, un grupo de militantes del Pacto Histórico agitaba banderas y gritaba: “Sí a la vida, no al fracking”, “Por la vida, votamos por Iván y Aida”, en referencia a Aida Quilcué, senadora que acompaña en la fórmula presidencial.
Dylan Muñoz, profesor de Biología de 24 años, trabaja por el centro y comenta que está convencido de su voto por Cepeda. “El man lleva 30 años luchando por la paz; su padre fue asesinado por los paramilitares. Él donó toda la indemnización por esa muerte y fue partícipe de los diálogos de paz. Entonces es supersencilla la decisión para mí: estamos ante un humanista frente a un abogado de narcos”.
Detrás de la puesta en escena del “outsider” que promete salvar a Colombia del “abismo petrista”, el historial de De la Espriella incluye sospechas de vínculos con paramilitares y negocios turbios con sus defendidos. Uno de sus clientes fue David Murcia Guzmán, líder de la enorme pirámide financiera DMG que dejó a más de 200 mil personas en la ruina.
El candidato del movimiento Defensores de la Patria, que también tiene la nacionalidad estadounidense, ha dicho que evalúa sacar a Colombia del Sistema Interamericano de Derechos Humanos, de la ONU y la OEA, además de la simpatía que tiene por dolarizar la economía. De la Espriella viaja en avión privado, se pasea en su Rolls-Royce Phantom y alterna estancias entre Estados Unidos e Italia. Su esposa ya dijo que, de no ganar, se irían de Colombia.
Las encuestas le dan una luz de ventaja al candidato que se hace llamar”el Tigre”—, posicionándolo entre el 48,6 % del Centro Nacional de Consultoría y el 50,9 % de AtlasIntel. Completa la fórmula presidencial José Manuel Restrepo, exministro de Hacienda del gobierno de derecha de Iván Duque.
Cepeda, graduado en Filosofía, promete una “revolución ética” junto a los sindicalistas, el movimiento indígena y los jóvenes; se ubica en una franja que va del 43,1 % al 44,7 %. En un último guiño a sus bases, el candidato defensor de los derechos humanos convocó a los medios comunitarios y alternativos con una consigna clara: “A cuidar el voto para construir el segundo gobierno progresista”. Desde la otra vereda, en X, De la Espriella apeló a la cautela futbolera y llamó a su “manada” a no confiarse: “El partido solo termina cuando el árbitro pita el final”.
Para este balotaje, la aritmética pasa por los tres millones de ciudadanos que en primera vuelta optaron por terceras vías: el uribismo de la derecha tradicional de Paloma Valencia (6,9 %), el centro de Sergio Fajardo (4,2 %), la opción también centrista de Claudia López (0,95 %). Valencia dio su respaldo a De la Espriella, y López a Cepeda, mientras que Fajardo dejó abierta la elección a sus votantes.
De la Espriella y Cepeda son tan opuestos en lo económico como lo son en seguridad y política exterior: parten de concepciones antagónicas de lo que debe hacer el Estado. Si en seguridad el contraste es entre mano dura y diálogo, en economía es ajuste versus redistribución. De la Espriella propone aplicar la motosierra al estilo Milei: reducir el Estado hasta en “una cuarta parte” con un recorte estimado en 70 billones de pesos colombianos (unos 17 mil millones de dólares), equivalentes al 4% del PBI. Propone bajar impuestos, fusionar ministerios y optimizar los subsidios.
En contraste, Cepeda defiende un Estado robusto y su programa propone fortalecer la banca pública y el crédito productivo, impulsar una política industrial activa, promover la economía popular y campesina como protagonista de su propia transformación y avanzar en una transición energética. Su plan enfatiza el apoyo a la pequeña y mediana empresa; reconoce el problema fiscal, pero su diagnóstico apunta a un déficit producto de décadas de “gasto capturado por la macrocorrupción, privilegios tributarios y sistemas de evasión”.
La sombra de Estados Unidos
La campaña transitó por una cornisa de polarización, alimentada no solo por los dardos cruzados entre los candidatos, sino por la irrupción de dos actores de peso pesado: Petro y Trump.
El presidente colombiano sembró un manto de sospecha sobre la transparencia del sistema electoral, como ya había manifestado tras los resultados de la primera vuelta. “Solicito unos escrutinios en tranquilidad, pero con máxima vigilancia ciudadana”, dijo desde sus redes sociales, explicitando su desconfianza hacia la Registraduría Nacional. En respuesta, el registrador Hernán Penagos aseguró que no hay margen para el fraude, destacando la nutrida delegación de más de 1.600 veedores internacionales.
El otro factor que caldeó el clima político fue el explícito espaldarazo de Donald Trump a De la Espriella, prometiéndole “el apoyo y la fuerza total” de la Casa Blanca en caso de su victoria. La Cancillería colombiana lo consideró una flagrante injerencia en los asuntos internos.
Al respecto, el analista político Fernando Arellano, director del Observatorio Latinoamericano, señaló que vislumbra la mano del magnate republicano. “Petro pecó de inocente cuando pensó que iba a neutralizar a Trump. El senador republicano Bernie Moreno descaradamente intervino en la política colombiana. Por debajo de la cuerda, maquinaron el apoyo a De la Espriella; habrían aportado a la campaña desde diferentes sectores de Estados Unidos. Trump promueve la candidatura de De la Espriella como antes lo hizo en Honduras y Argentina”.
Petro denunció la injerencia estadounidense también tras la detención en Miami del activista e influencer Beto Coral, que hacía campaña contra De la Espriella y fue arrestado por el Departamento de Investigaciones de Seguridad Nacional, una división del ICE (Servicio de Inmigración y Control de Aduanas). Ahora un juzgado estudia su deportación. El mencionado senador Bernie Moreno se burló en X: “¡Ten una buena vida de regreso en Colombia!”.
El periodista Daniel Coronell, quien ha revelado el salto del patrimonio de De la Espriella en investigaciones en medios colombianos, expresó su preocupación de que esto sea el inicio de un patrón de persecución. “¿Deben tener miedo los que se opongan a Abelardo de la Espriella en Colombia o en el exterior?”.
Cuatro años después del primer gobierno de izquierda, los colombianos deben elegir entre su continuidad y un salto hacia la ola de ultraderecha que atraviesa la región.

