sábado, abril 25, 2026

Es hija de un genocida y cruzará a nado el Río de la Plata para recordar a las víctimas de los vuelos de la muerte

“Lo haré en mi carácter de hija desobediente de un médico militar que ha participado de dichos vuelos así como de los partos clandestinos”, dijo la mujer en referencia a Ricardo Lederer, segundo jefe en la maternidad de Campo de Mayo. Fue despedida del Ministerio de Justicia por el gobierno de Milei y convoca a “la acción para acompañar las luchas en curso”.

Hay 42 kilómetros entre Colonia y Punta Lara, las orillas de Uruguay y Argentina que unen el Río de la Plata y que Erika Lederer cruzará a nado en marzo del año próximo en memoria de las víctimas de los vuelos de la muerte. “Quiero poner vida, brazada tras brazada, en donde los genocidas sembraron muerte, horror y desesperación”, dice la mujer que es hija de Ricardo Lederer, quien fue el segundo jefe en la maternidad clandestina del Hospital Militar de Campo de Mayo durante la última dictadura cívico militar.

Erika cuenta que supo sobre esos vuelos nocturnos, en los que los detenidos-desaparecidos eran arrojados al agua sedados, por su padre. Lo escuchó y lo contó ante la justicia. “El cruce lo haré en mi carácter de hija desobediente de un médico militar genocida que ha participado de dichos vuelos así como de los partos clandestinos a las mujeres embarazadas que luego de dar a luz eran arrojadas desde aquellos vuelos, tanto al RÍo de la Plata como al mar”, escribió en una carta pública.

Erika Lederer quiere que sus músculos, que estarán en movimiento entre 14 y 19 horas –según las condiciones del clima y las corrientes–, se conviertan en un hecho político; quiere que de sus pulmones salga el oxígeno de una lucha inclaudicable; y que el corazón, que estará bombeando sangre permanentemente, tome forma de poesía. “La vida va a imponerse, muy a pesar de ellos”, dice cuando habla de los genocidas y de los negacionistas que hoy intentan darles privilegios. “El deporte es un instrumento para el fin que es sostener la vida por sobre la muerte. Intento que sea un hecho político y un hecho poético, para ello pongo a disposición de la memoria mi cuerpo. Que a través de dos brazadas recupere a nuestros compañeros del olvido pretendido”, le cuenta a Página/12.

“Me sacan de la sala/hacia el próximo vuelo/me anestesian:/el mar”, escribió Erika en uno de sus poemas inéditos que tras el cruce se convertirán en un libro. “Seré una poeta cruzando el río –anticipa–. No es un río cualquiera y sus aguas no son unas aguas más: el Río de La Plata guarda un secreto y una historia de horror que necesitamos rescatar”. Su cuerpo de poeta y nadadora deberá adaptarse a los vaivenes del clima, a la incomodidad de no ver más que una nubosidad marrón mientras su cabeza esté hundida en el agua y a la incertidumbre de no ver más que cielo cuando la levante en busca de aire. Habrá horas, varias, en las que no verá referencia alguna de la tierra.

Seguramente, en su cabeza repiquetearán las emociones más diversas: miedo, alegría, frustración, agotamiento, dudas, confianza, compromiso, anhelo. Tendrá tiempo de sobra para experimentarlas mientras sus brazos se extiendan y se flexionen una y otra vez, y sus piernas golpeen en el agua como un látigo. También sabe que puede tener problemas físicos como calambres o vómitos. Sabe todo eso, pero igual lo hará. “Quiero rescatar a ese río del olvido pretendido”, repite varias veces. “Tengo una apuesta por transformar la realidad, no sólo preservar la memoria y traerla, quiero transformarla en una actitud proactiva. Hago una apuesta a que cada uno ponga el cuerpo: en la calle, con los jubilados, en las marchas, donde sea para derrotar a este gobierno apologista”, propone.

24-4 ERIKA LEDERER - HISTORIAS DESOBEDIENTES.
FOTO ENRIQUE GM
ERIKA LEDERER 24-4 ERIKA LEDERER – HISTORIAS DESOBEDIENTES. FOTO ENRIQUE GM (ENRIQUE GARCIA MEDINA)

El entrenamiento

Para eso, cinco de los siete días de la semana pasa horas en la pileta y otros tres en el gimnasio. Todo bajo las órdenes del entrenador de ultradistancias méxicano Fernando Urritia. “Parece una locura cruzar el río, pero no es locura, es disciplina organizada”, aclara Erika. Para el verano planean sumar tiempo de río, pasadas de más de 6 horas sin poder tocar una embarcación porque así lo determinan las normas de natación en aguas abiertas. “El agua del río es pesada y turbia, a diferencia del mar que por la salinidad te saca a flote. Hay que acostumbrarse al río y a la reacción que pueda tener tu cuerpo con tantas horas de agua que no es la más limpia. Todo eso lo tenemos que prever e ir practicando”, agrega.

Erika Lederer también es abogada y es una de las cientos de personas despedidas por el gobierno de Javier Milei. Trabajaba en el Ministerio de Justicia y llevó su caso a los tribunales por “persecución ideológica”. Fue en ese momento en el que tomó la decisión. “Siendo despedida del sector estatal, en lugar de llorar impotente en mi casa como ellos nos quieren. En lugar de que me vean derrotada y mientras espero la resolución judicial por la restitución en mi puesto de trabajo, con el cruce intento invitar a la potencia y la acción para acompañar las luchas en curso y derrotar a este gobierno y al intento de impunidad de los genocidas y de las fuerzas de seguridad que reprimen la protesta social”, explica.

Hija desobediente

Erika fue una de las primeras integrantes de Historias Desobedientes, cuando en 2017 se juntaron los hijos y las hijas que repudiaban a sus padres represores. Fue ella una de las primeras de ese grupo en dar datos a la justicia de lo que sabía del aparato represivo por lo que había escuchado en su familia. En varias entrevistas, contó que fue a los 9 años que empezó a mirar distinto a su padre. “Dejé de creer en el discurso hegemónico cuando escracharon a mi viejo en Página/12 por ser amigo de Ramón Camps, con una foto y todo. No podía creer que mi apellido estuviera mencionado en el diario por eso. Empecé a dejar de creer en la eticidad del Padre y se produjo un quiebre que permitió que ingresen otras cosas en mi vida”, contó años atrás, cuando también relato las golpizas que recibía por parte de él. Ricardo Lederer se suicidó en 2012, cuando se confirmó la identidad del nieto recuperado Pablo Javier Gaona Miranda, de quien había firmado el acta de nacimiento falsa que facilitó su apropiación.

Ella empezó a nadar cuando todavía no era una hija desobediente y vivía en la zona de Campo de Mayo, a donde su papá había sido trasladado. Hasta los 19 años compitió como nadadora federada en Sociedad Alemana de Gimnasia de Villa Ballester. Y toda esa memoria del cuerpo y también de la historia es la que se reactivará en marzo de 2027, cuando haga el cruce que hasta ahora solo han hecho alrededor de 50 personas. “Yo podré cruzar si el río me deja, la última palabra es de él”, dice la mujer que tendrá 50 años cuando nade acompañada de dos embarcaciones.

Erika dice que sale a correr por la Reserva Ecológica y se para durante minutos frente al río, lo mira para acortar distancias y para recordar a todos los que fueron arrojados allí. Se acuerda del Negrito Avellaneda, de Azucena Villaflor, de Esther Ballestrino de Careaga, de María Eugenia Ponce de Bianco, de Roque Montenegro y “de cada uno de nuestros compañeros arrojados desde los siniestros vuelos”.

“Gracias doy a tus aguas porque en ellas/ mis brazos todavía/ hacen ruido de alas”, escribió el poeta argentino Héctor Viel Temperley en su poema “El nadador”. El agua y el cielo en un cruce cargado de memoria y de resistencia.

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