La crisis de la calle, que el Gobierno ignora, puso al poder económico a hacer críticas directas por temor a que se esfume el sueño húmedo de un modelo pro empresa. Relacionan la suba del riesgo país con los desbordes presidenciales y advierten que puede haber corridas e inestabilidad. La iglesia de Urquía, la metralla que prepara la UIA y un Council con amigos enojados.
La macro ordena la micro, asegura el Presidente Javier Milei como un mantra ya de muy poco sentido práctico. El poder económico, que sostenía meses atrás la misma premisa, hoy está temeroso como pocas veces por los efectos del ajuste eterno que se hace para equilibrar lo financiero y el esquema de gastos del Estado: el consenso general es que la crisis de la calle, que en los últimos días se expresa de manera dramática en la mora de las familias, es insostenible no porque la población esté penando para llegar a fin de mes, sino porque la recesión y la inestabilidad emocional ponen en riesgo el sueño húmedo del establishment. La referencia es para la continuidad política del plan económico centrado en que una parte del empresariado no pierda beneficios. Parece coincidencia, pero es certeza: la arqueología política permite ver que la reacción del establishment, incluso temporalmente, es igual a la que tuvieron a los dos años de transcurrido el gobierno de Mauricio Macri, cuando el plan económico mostraba signos de agotamiento y el ajuste que ellos mismos habían pedido, quebraba a la sociedad. Deja Vú de lo que va a venir.
Hubo un hito público y varios privados que actuaron esta semana como el corolario de una situación que ya se venía incubando en el establishment. Un acontecimiento puso a la Casa Rosada particularmente nerviosa. Roberto Urquía asistió el domingo pasado a misa en la iglesia de su pueblo, General Deheza, ubicado al sur de la provincia de Córdoba. El dueño de Aceitera General Deheza (AGD) se encontró a la salida del templo con un joven de un medio local que le hizo algunas preguntas sobre la ciudad, su rol y cuestiones de color. Despierto, el periodista se animó a preguntarle, al final de la conversación, por la actualidad. Urquía, que para entender quién es y qué volumen tiene podría describírselo como el Paolo Rocca de la agroindustria, contestó que la gente no llega a fin de mes, que la plata no alcanza, que lo macro está bien, pero que la situación es compleja. Desde que Lionel Messi hizo el mismo diagnóstico en pleno Mundial que Milei carga con el estigma de grandes personajes hablando de las complicaciones diarias de la gente.
Urquía, uno de los agroexportadores más grandes del país y que entiende la política, fue receptor de críticas casi inmediatas del Gobierno de Milei. Llamaron desde Casa Rosada a tres interlocutores clave del sector para preguntarles por qué el empresario decía eso. Una apretada directa, pero con manos cansadas, agotadas. El segundo caso de quiebre con el establishment se dio el martes en la reunión que la mesa chica de la Unión Industrial (UIA) mantuvo el martes en la sede de la Avenida de Mayo. Por primera vez, hubo consenso para salir a criticar al gobierno en un nuevo eje comunicacional. Techint, de hecho, mandó a su encargada de comunicación al mitin, para que quede todo claro. Martín Rappallini, el presidente de UIA, confirmó que el 2 de septiembre, cuando se celebre el Día de la Industria en la planta de laboratorios ELEA, habrá un discurso muy crítico. En esa mesa, en la que estaban además Arcor, Rodrigo Pérez Graziano, de Stellantis, los metalúrgicos, textiles y los popes de Ledesma, se buscó la manera de que no haya cruces con el Gobierno, pero que el texto que lea Rappallini exponga que hoy no hay industria, ergo, no habrá desarrollo posible. Rappallini, que sigue muy cercano a Milei, también se empezó a mover distinto, guardando por un rato sus elogios a la liberalización económica. En las últimas horas se reunió con la Federación textil FITA, el sector más dañado por la política libertaria. Y dejó el mensaje de que se vendrá un discurso crítico.
El Council de las Américas, también esta semana, mostró a las claras este escenario de escisión de apoyos por la crisis y el miedo a que se extinga el modelo pro empresa. Tanto que el propio Milei se dio cuenta y lo expresó allí, de manera muy directa. Preguntó ante los concurrentes al salón del Hotel Alvear si no les parecía bien que se destruyeran sueldos y empleos públicos. “¿No es lo que querían?”, desafió. Recibió aplausos, pero pocos en relación al mismo evento el año previo. Esos pocos respaldos tienen que ver con que nadie ya considera que sea un activo positivo del presidente andar voceando un ajuste que recibe repudio social. De hecho, hay enojo de una parte de la cúpula empresaria con Natalio Mario Grinman, el presidente de la Cámara de la Comercio (CAC), que en un esfuerzo no sólo innecesario sino también extemporáneo, dijo que la sociedad debe estar dispuesta a sufrir aún más para llegar a una especie de tierra prometida que no se está dejando ver. Sangre, sudor y lágrimas que para los empresarios es una consigna y en la cual a la gente común se le va la vida.
De todos modos, no hay que quitarle peso, aún ante este quiebre, a la idea de que el poder económico sigue bancando a Milei. Están intentando proteger el plan, más allá de las personas, pero hoy el Presidente es casi el único garante con votos de esa continuidad. En esa línea, Grinman no está solo. En estas horas se viralizó un mensaje en X de unos de los hijos de Alejandro Bulgheroni, uno de los petroleros más importantes del país, en el cual argumenta que “Argentina ya cambió. Una transformación difícil de igualar. Pero, para consolidar todo esto hace falta continuidad. Un país no puede volver a empezar cada cuatro años. La batalla es moral y cultural. Si conseguimos seguir el rumbo iniciado por Milei en 2023, esta será la gran oportunidad para que la Argentina finalmente convierta todo su potencial en desarrollo y sea líder en el mundo”. Ese planteo sintetiza la idea inicial que se muestra, con hechos, en este artículo.
Ahora bien, el escenario impone hacer algo de sociología del temor, del espanto empresario por la crisis que generó Milei y, en el último tramo, de su desborde emocional que le suma temperatura al fuego. “Nosotros tenemos que evitar que vuelva el péndulo. Con esta micro, con la deuda de las familias y la crisis, Milei va a perder las elecciones”, explicó a este diario uno de los ceos que estuvieron en primera fila escuchando al Presidente en el Council. Es central ver, para entender, cómo funciona la cabeza de los ceos. Mientras la gente no llega a fin de mes, ellos están preocupados porque esa crisis no se lleve puesta al Gobierno, a la idea del cambio de paradigma a la carta, para ellos y nadie más. “Si vos me preguntas a mí, el riesgo acá es que, si se posiciona bien un opositor, el Riesgo País se vaya a 1500 puntos y el dólar Blue arriba de los 2000 pesos”, expresó otro de los presentes. La posición es como el perro que se muerde la cola: los factores de poder (mercados y establishment) que pidieron el ajuste, ahora dicen que no es suficiente porque genera una crisis. Y les echan la culpa de esa inestabilidad oficial a los opositores.
En los pasillos del Círculo Rojo, el nombre del opositor, al menos hoy, es Axel Kicillof. No hay otro. Y muchos mencionan la frase del gobernador de La Rioja, Ricardo Quintela, de expropiar cosas de retornar el peronismo al poder. Son los miedos habituales que aparecen cuando se quiebran los gobiernos liberales. Lo mismo ocurrió en 2019. Por supuesto, estiman los que frecuentan al Gobernador bonaerense, que no gustó en aquellos lares la idea de las expropiaciones masivas, porque no tiene nada que ver con la agenda urgente, que entienden pasa por restablecer las condiciones de vida dignas de la población. De hecho, a Kicillof y a su equipo lo ven empresarios, algunos de los cuales argumentan que “hay gente que dice que va a haber expropiaciones”. El gobernador les responde que eso no pasó en su gestión y que la provincia fue superavitaria todo el periodo previo a la llegada de los libertarios. Todo es parte de la confusión que el riesgo Milei genera en el sector privado. El primer emergente del fenómeno fue la búsqueda de candidatos menos ultra que garanticen la supervivencia del modelo. El segundo emergente es alertar que lo que podría venir es un gobierno filo comunista. Y el tercero, que está ocurriendo, es que ese tobogán político puede quebrar el apoyo de los mercados, lo que sería letal para Milei y para el programa. El poder está de nuevo, como en la última parte del macrismo, aferrándose con uñas y dientes al privilegio de un Gobierno que no tiene vergüenza en conceder poder en favor de ellos. El riesgo, lo saben, es Milei.
